Ensalada y lacón – menú de supervivencia

Ensalada de naranja y langostinos

Tener que trabajar el fin de semana tiene al menos 3 cosas buenas (seguro que si lo pensara más tiempo se me ocurrirían muchas más)

1. Exalta tu sentido del amor, la familia y la amistad

Uno puede pasar fines de semana enteros viendo la tele en pijama como un ermitaño convencido, pero basta que tengas que trabajar un sábado o un domingo para que desees con todas tus fuerzas pasar más tiempo con tus seres queridos. Te duele en el alma no poder ir a la comida familiar con tíos y primos y sientes que estás fallando a todos (incluido a ti mismo) por no ir a unas copas de cumpleaños. Es un hecho empírico y también es bonito de vez en cuando ver las obligaciones sociales de un modo diferente.

2. Te convierte en un ser plenamente eficiente

Despertador a las 9. Bueno, a las 9 y media. No hay que exagerar que es fin de semana. No vestirse por ahora, es ineficiente. Tampoco ducharse y mucho menos lavarse el pelo. Eso hay que dejarlo para la pausa de media mañana, para cuando empiece a estar saturada y muerta del asco. Comer. Ver media hora de tele. Algo que no enganche, que pueda ver a trozos (puede que necesite otra media hora de tele por la tarde, mientras extiendo la lavadora). Trabajar el fin de semana te convierte en una neurótica patológica que divide el fin de semana en cuartos de día y los cuartos de día en grupos de 2 horas… pero el caso es que funciona.

3. Activa el modo “supervivencia” que hay en ti

Modo supervivencia significa que no hay tiempo para chuminadas tipo ir a comprar leche de coco al supermercado asiático de San Bernardino. Se cocina lo que hay en la nevera y si en la nevera no hay nada (muy probable cuando llevas unas cuantas semanas trabajando fuera y muchos fines de semana delante del ordenador) se va al supermercado más cercano, en este caso, el Día de la esquina.

Así que esta semana he cocinado poco y lo poco que he cocinado vino casi tal cual del supermercado. En el menú: Ensalada de rúcula con naranjas y langostinos (aunque en el Día no había rúcula así que acabó siendo ensalada de canónigos) y lacón a la gallega. Esta ensalada es increíblemente fresca y harmoniosa (aunque no lo parezca) y el lacón ha sido un re-redescubrimiento que hice hace poco, ¿cómo he podido tenerlo tan olvidado?

Lacón a la gallegaEnsalada de canónigos, naranja y langostinos cocidos

Ingredientes:

  • Una naranja mediana por persona
  • Dos puñados grandes de canónigos por persona
  • Langostinos pelados y cocidos (en el Día los venden ya listos)
  • Aceite, vinagre de vino y sal

Pasos:

  • Pelar la naranja. Con un cuchillo afilado, cortar los gajos sobre la propia naranja cortando por dentro de la piel blanca divisoria. Realizar dos cortes por cada lado,  de forma inclinada para que se pueda separar un gajo entero. Quitar también la piel blanca del canto de los gajos con el cuchillo. El resultado son unas medias lunas de naranja limpitas y brillantes.
  • En un cuenco, exprimir con las manos el “esqueleto” de la naranja a la que hemos quitado los cuartos. Debería salir bastante zumo, sobretodo si hemos cortado un poco mal los gajos🙂
  • Añadir sal, pimienta, aceite y vinagre al zumo de naranja. Es cuestión de probar, a mí me gusta bastante ácido y salado para que contrarreste el dulzor de la naranja
  • Mezclar el aliño con los canónigos, enplatar y distribuir los gajos de naranja y los langostinos cocidos por encima de la ensalada.

Lacón a la gallega

Ingredientes

  • Lacón del Día (es como jamón cocido pero además, en teoría, está ahumado en horno de leña)
  • Pimentón rojo dulce
  • Aceite.

Pasos

  • Eh…. básicamente abrir el envase, poner bonito en un plato, echar un buen chorro de aceite por encima y espolvorear con el pimentón. Está buenísimo con una buena baguette (en mi caso también del Día).

Deseos para el fin de semana que viene: ser igual de amorosa, igual o más eficiente y tan apañada… pero ahorrarme el tener que trabajar!



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About barbacaos

Hola, me llamo Bárbara pero con un nombre así, que no se puede ni acortar en "Bar", ni en "Barba" ni en "Bárbara" (porque entonces no sería acortar) he acabado llamándome de las maneras más insospechadas desde "Barbacoa" hasta "Ruibarbo". De la combinación de estos dos nombres, que son a los que más cariño tengo porque me lo llaman mis amigas del colegio y las de la universidad, nació Ruibarbacaos. Ah, y lo de "caos" lo ha añadido quién me conoce bien… En este blog cuento historias, que es lo que más me gusta en el mundo, y mientras cuento historias cocino, alimento y como. Creo que no hay nada mejor que cocinar para dar de comer a otros o para uno mismo. Espero que estas historias os lleven lejos (o cerca, porque muchas son hacia dentro) y que las recetas os sirvan de inspiración para cocinar, alimentar y comer.

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