Archive | March 2013

Sandwich caliente para enfrentarse a los cambios


Sandwich caliente de jamón y queso

Hay un momento en el que tomas conciencia de que la vida está hecha de cambios y te invade una especie de pánico de madurez. Sientes que todo es más difícil o más impredecible de lo que te habían contado. Te aterra no saber tomar las decisiones acertadas, no poder controlar todas las circunstancias de la vida, no poder conseguir siempre lo que querrías y lo que es peor: no saber ni lo que quieres.

Yo me sentí así por primera vez con un gran desamor. Hasta perdí las ganas de comer (yo, perder las ganas de comer!). Mi madre, increíblemente paciente, me preparaba sándwiches calientes de jamón y queso y mientras me miraba dar mordiscos desganados intentaba consolarme con verdades absolutas sobre la vida que yo sólo escuchaba a medias, absorta como estaba en pensamientos  catastróficos.

Hace falta tiempo para darse cuenta de que las verdades absolutas no se llaman verdades absolutas por casualidad. Pero poco a poco vas entendiendo que el cambio no es necesariamente malo y que es mejor avanzar con el movimiento de las olas que agitarse presa del pánico o lo que es peor, quedarse paralizado. En definitiva, llega un momento en el que entiendes que aunque no puedas controlar todo lo que te rodea sí está en tu mano la difícil tarea de tomar la actitud adecuada: positiva y valiente.

Aun así, aunque madures y aprendas, cuando soplan aires de cambio a veces es inevitable querer hacerse un ovillo y que te preparen un sándwich calentito, crujiente y cremoso. ¿Cómo podía saber mi madre que eran tan buen remedio para los miedos sin nombre? Seguramente cada persona tenga una receta distinta pero a mí los sándwiches calientes me hacen recordar esas verdades absolutas  que antes me cabreaban y que ahora empiezo a entender. Bienvenido seas, cambio!

Sandwich pringoso

Ingredientes:

  • Pan blanco Bimbo sin corteza (el sabor industrial es parte del truco…)
  • Queso para untar Philadelphia
  • Queso de oveja tierno en cuñas o tranchetes
  • Jamón o pavo cocido Campofrío

Pasos:

  • Untar el pan con el queso Philadelphia, cortar el queso de oveja en cuñas finas o abrir los tranchetes y colocar sobre una de las lonchas de pan
  • Añadir el jamón o el pavo y tostar en una sartén a fuego medio un par de minutos por cada lado o meter en una sandwichera. Mi madre, como no, tiene una sandwichera pero para mi versión de auto-ánimos me tuve que conformar con la sartén.
  • Mordisquear lentamente, reconocer en cada bocado todos los sabores industriales y tan familiares y sentirse un poco mejor.

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Los mejores bagels neoyorkinos – Comimerienda de primavera


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Ahora sí, ya ha llegado la primavera!!! Y la recibí como se merece: sentada en la última mesa libre de una terraza al sol, con los ojos entrecerrados y dando pequeños sorbos de placer a la primera cerveza “outdoors” del año. Con una sonrisa estúpida en la cara, la nariz en alto creyendo captar en al aire un sutil (muy sutil) olor a flores y repitiéndome a mí misma que había sido una buena idea salir sin abrigo, sobre todo en cuanto se apartaran del sol esas nubes.

También quise recibirla con un brunch al estilo neoyorkino aunque desde el principio se veía venir que el brunch iba ser más bien una “comimerienda” de las 4 de la tarde. Y es que uno no puede levantarse un domingo a las 11 para preparar bagels caseros y tampoco debería enredarse en la primera terraza al sol que se te cruza en el camino al salir a por salmón. Falta de orden mental que diría mi madre… y según ella “la cocina es ante todo orden mental”.

En cualquier caso, la comimerienda fue un éxito. Con esta receta de bagels se perdona casi cualquier cosa, es sencillamente perfecta. También es laboriosa pero no difícil y como ocurre con todas las masas y la levadura, sabes cuando empiezas pero no cuando vas a terminar. Aun así, el resultado final vale la pena: un maravilloso bagel neoyorkino que de tan bueno parece industrial 🙂 Con un sabor a pan muy auténtico y ese toque chicloso de un bagel “comme il faut”.

Ricos bagels variados

Ingredientes (para 8 bagels medianos)

  • 2 cucharadas de levadura activa (la húmeda, como la que venden en Carrefour en cubitos)
  • 1 cucharada y media de azúcar blanco
  • 1 y ¼ taza de agua tibia (depende de la humedad ambiental, en Madrid me hizo falta 1 y ½)
  • 500 gramos de harina para pan (harina de fuerza, tipo 0,0. No es fácil de encontrar pero es esencial, con harina normal no sale)
  • 1 cucharadita y media de sal
  • Toppings: semillas de sésamo, de amapola, cebolla frita de Ikea, sal maldon…

Pasos:

1. En ½ taza de agua tibia, juntar el azúcar y la levadura. No remover. Dejar reposar durante cinco minutos y luego mezclar hasta que el azúcar y la levadura se hayan disuelto en el agua.

2. Mezclar la harina y la sal en un bol grande. Crear un hueco en el centro y verter la mezcla de levadura y azúcar.

3. Añadir el resto de agua tibia, mezclar y añadir hasta ¼ de taza más si necesario. La masa tiene que ser húmeda pero firme

4. En una encimera, amasar durante 10 minutos hasta que la masa esté suave y elástica pero firme. Un buen método es lanzarla desde lo alto con fuerza sobre la encimera, plegarla sobre sí misma y repetir. Al final, formar una bola con la masa

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5. Pintar un bol grande con aceite, colocar la bola dentro, tapar con una paño húmedo y dejar reposar una hora en un lugar cálido. Tiene que subir hasta doblar su tamaño (yo la dejé tres horas porque me enredé en una terraza y tampoco pasó nada). Dar un par de puñetazos a la masa y dejar reposar otros 10 minutos (yo la dejé media hora, en mi casa todo tarda más en levantar).

6. Dividir la masa en ocho partes. Dar a cada trozo una forma de bola redonda (es importante que sea una bola lisa, si no el bagel tendrá pliegues. Un buen método es suavizar la pelota con la mano contra la encimera, como acariciándola con fuerza, suave por arriba y con fuerza por abajo.

7. Meter un dedo en el medio de la masa y estirar hasta formar un agujero de la mitad del diámetro de la bola.

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8. Colocar en una bandeja de horno ligeramente engrasada, cubrir con un paño de cocina húmedo y dejar reposar otros 10 minutos (media hora en mi opinión). Mientras, precalentar el horno a 200ºC, calor inferior y superior.

9. En una olla grande, poner agua a hervir, bajar la temperatura y hundir los bagels en el agua. Hay que hervirlos un minuto por cada lado o dos minutos para un efecto más chicloso (más neoyorkino). En este blog los hierven en agua con azúcar, yo no lo he probado pero seguro que está buenísimo también.

10. Colocar otra vez sobre la bandeja de horno, pintar con huevo y añadir los toppings que se quiera.

11. Meter en el horno durante 20 minutos hasta que estén dorados

12. Dejar enfriar sobre una rejilla, cortar, rellenar con lo que se quiera y disfrutar

Conejo al horno con patatas y romero – Viaje en el tiempo

conejo 4.a

Ya ha llegado la primavera!!! Pero como voy con retraso (y con prisas) aún voy por la despedida del invierno. Y para despedirlo he tenido que ir a buscarlo, concretamente a Bérgamo a 4 horas en tren y media hora de coche de Ginebra. En lo alto de una colina, toda empedrada y amurallada y por supuesto rodeada de bruma. Nada como la bruma para auto-sugestionarse y viajar en el tiempo.

Mi plan genial para dar caza al invierno estuvo a punto de fracasar cuando después de una hora dando vueltas por “Bérgamo baja” todavía no habíamos conseguido llegar a “Bérgamo alta”. A puntito estuvimos de dar media vuelta, a 400 metros de nuestra meta, vencidos por un pequeño software de navegación de ideas erróneas y prefijadas. Entonces se nos ocurrió preguntarle a otro ser humano y en cinco minutos estábamos en lo alto de la colina. Eran las 11.30 de la noche y el cabreo irracional con el Tom-tom no se me pasó hasta que tuve un plato de quesos delante.

Como planeado, salí de Bérgamo relajada y sugestionada, con ganas de preparar un plato de caza, sencillo, caliente y aromatizado con hierbas del campo. Ah, y para la bajada no encendimos el Tom-tom. Al fin y al cabo es más fácil salir de una ciudad medieval que entrar en ella y de ninguna manera quería arriesgarme a contaminar el buen fengshui de nuestro viaje en el tiempo.

Santa Maria Maggiore, Bergamo

Conejo al horno con patatas y romero, esa fue la elección final. Cocinar caza de vuelta al siglo XXI está muy bien porque Carrefour te la limpia, te la corta y la envasa y ya no parece un conejo (alguien tiene la delicadeza de hacer desparecer la cabeza en el proceso). Así que es como cocinar pollo pero sintiéndote un poco más auténtica. En realidad el tipo de carne es parecido pero de algún modo se agradece que no sepa exactamente a pollo, a los kilos y kilos de pollo que te tomas a lo largo del año. Es como si el conejo tuviera un modo propio y original de ser una carne sosa. No sé si me explico.

Ingredientes para 6 personas:

  • 2 conejos pequeños
  • 6 patatas grandes
  • Aceite, romero y sal (y un poco de mantequilla)

Pasos:

  • Precalentar el horno a 180 grados. Limpiar las patatas, cortarlas en dados irregulares sin pelar y ponerlas en una o dos bandejas de horno. Frotarlas bien con aceite, sal y romero fresco (también se puede usar tomillo y salvia). Meter en el horno a 180 grados calor superior e inferior.
  • Salar los trozos de conejo. Dorarlos en una sartén con un poco de aceite y un poco de mantequilla (no sé si esta mezcla sirve de algo, pero me suena vagamente de alguna receta francesa). Simplemente dorar los trozos dos minutos por cada lado. Esto debería “cerrar” la carne y ayudar  a mantener los jugos dentro. Tampoco sé porqué lo sé, pero me suena de años mirando a mi madre cocinar.
  • Sacar las patatas del horno (ya llevarán unos minutos, es mejor así para evitar que el conejo esté demasiado tiempo en el horno y se seque porque las patatas tardan un poco más). Apoyar los trozos de conejo con la piel hacia arriba sobre las patatas apretando para que se hundan un poco. Añadir romero por encima
  • Hornear durante 45 minutos. Dos o tres veces durante el proceso es bueno sacar la bandeja del horno, controlar como va todo, dar la vuelta a los trozos de conejo, hundirlos un poco, remover las patatas, lo típico. Creo que el mínimo son 45 minutos y lo máximo una hora pero hay que estar atento para sacar el conejo cuando esté listo (cuando la carne se separa del hueso fácilmente) y quizás dejar las patatas un poco más si aún les falta. Sencillo, caliente y atemporal.


    conejo 2.c

Mojitos de fresa – dinámica de conversaciones

Mojito y (poster de) Nueva YorkSe acabaron los posts sobre la apestosa vida del trabajador expatriado (aunque reconozcámoslo, a todos nos tranquiliza un poco la desgracia ajena). Este post va de mojitos. De mojitos, amigas y dinámica de conversaciones.

Cuando uno se pasa la semana navegando obsesivamente entre datos y números le resulta complicado sociabilizar como una persona normal llegado el fin de semana. Es cómo cuando de pequeño jugabas demasiado al tetris y horas más tarde seguías sobreponiendo piezas en tu cabeza mientras tu madre te hablaba.

Sin embargo, hay una maravillosa excepción a los problemas relacionales del trabajador neurotizado: los amigos de toda la vida (o de media vida, con media vida vale. En realidad el tiempo es relativo, lo que importa es la sensación).

Y es que las conversaciones con los amigos de siempre tienen una dinámica propia que es independiente de los estados de ánimo y la capacidad mental de los participantes. La conversación no te pertenece, pertenece al grupo y el grupo equilibra, dinamiza, distribuye y se encarga de todo. El grupo hace que fluya y que te sientas bien.

El secreto de este fenómeno reside en el “diccionario común”. En realidad más que de un diccionario se trata de una especie de manta compartida. Un tejido intrincado de lugares y recuerdos comunes que cada mente, en perfecta sincronía, identifica, cataloga e interpreta en las palabras de los otros, en cada mirada y en cada gesto.

Por eso, cuando hablas con amigos de toda la vida no hay que explicar nada dos veces y  detrás de cada comentario puedes adivinar capas y más capas de un humor familiar y reconfortante. Si además tienes delante comida o alcohol todo fluye más y mejor.

En nuestro caso, como más y mejor fluye es con margaritas heladas o con los mojitos de violeta de nuestro mejicano de confianza. Pero tampoco le hacemos ascos a un buen mojito de fresa casero y además prepararlo, a base de golpes de cuchillo y mortero, es el primer paso para dejar de sobreponer piezas de tetris en la cabeza.

Mojito de fresa

Ingredientes:

  • 1 cucharada abundante de azúcar moreno por persona
  • 1 lima pequeña o media lima grande por persona
  • 2 o 3 hojas de hierbabuena o menta por persona
  • Tres fresas medianas por persona
  • Hielo picado o en trozos pequeños (yo lo compré en Opencor)
  • Ron blanco
  • Sprite

Pasos:

  • Cortar la lima en cuartos si es pequeña y en sextos si es grande. También cortar la fresa en trozos grandes y no parar de hablar.
  • En un vaso alto y grande, colocar los trozos de lima cortada, añadir el azúcar moreno, las hojas de menta o hierbabuena y los trozos de fresa
  • Con un mortero, aplastar con fuerza la fruta con golpes secos y  ligeramente giratorios (así el azúcar araña la piel de la lima y ayuda a triturar la fresa). Si las fresas están maduras se debería formar muy fácilmente un sirope líquido y rojizo hecho de jugo de lima y pulpa de fresas.
  • Añadir un puñado de hielo
  • Añadir ron hasta 1/3 de la altura del vaso (o un poco más si hemos puesto mucha fruta)
  • Rellenar hasta el borde con Sprite y seguir con la conversación.