Archive | July 2013

Pasta con gambas, guisantes y menta – Ciao piccole mie

mis plantitas
Están tan bonitas… que he querido inmortalizarlas antes de que pueda ocurrir lo peor, antes de que las abandone 15 días y no me lo perdonen. No lo quiero ni pensar. Dos meses de mimos y la albahaca ocupa el doble de cuando la compré, la tomatera va por su segunda “cosecha” y las semillas de calabacín se han transformado en un monstruo de hojas enormes y tallos pinchudos. Espero que la vecina se apiade de vosotras. Yo he intentado hacer méritos alabándole los cactus…

Como los niños modernos, no tenía una idea clara de cómo nace un tomate. Ahora sé que son unas pequeñas flores amarillas las que se transforman en bolitas verdes y brillantes con la flor a modo de pompón. Tampoco había presenciado nunca la transformación de un tallo tierno, el del calabacín, en una raíz dura y recia como la madera ni había visto las flores blancas y diminutas de la menta.

La palabra “felicidad” viene del latín “felicis”, fecundo. Haciendo balance, no sabría decir si estos primeros dos meses de mi nueva vida en Milán han sido siempre “felices”. Ha habido momentos de nostalgia, de urgencia, sentimiento de pérdida y de estar perdido. Pero definitivamente han sido fecundos, marcados por el esfuerzo (a menudo un poco descontrolado) de querer sembrar y por la aparición de pequeños brotes verdes metafóricos aquí y allá que seguiré cuidando a la vuelta del verano.

Mientras tanto, una receta de hojas y frutos tiernos. Una pasta donde los ingredientes no se mezclan, no se unen, pero se contagian, se aromatizan y se combinan en tu boca en un modo que primero sorprende y luego hace sentir muy bien. La sal de las gambas con la pasta al dente, el dulzor de los guisantes con el aroma de la menta… Sin ella este plato no valdría nada, con ella sientes que has descubierto un maravilloso secreto.

Pasta gamberi, piselli e menta

Ingredientes

  • 100 gramos de pasta corta (orecchiette, rigatoni, penne rigate, sedanini…) Yo usé pasta larga porque últimamente estoy obsesionada con los buccatini pero en realidad no iban demasiado bien con la receta. Como no tiene salsa y los ingredientes no se ligan, es mejor una pasta que permita “pinchar”
  • Una taza de gambas (yo usé congeladas pero supongo que está mil veces mejor con gambas frescas)
  • Una taza de guisantes grandes congelados (en esto sí que estoy totalmente a favor)
  • 5 hojas de menta
  • Aceite, sal y pimienta

Pasos

  • Si se tiene tiempo, descongelar las gambas y ponerlas a secar sobre un poco de papel. Con los guisantes no hace falta. Si no hay tiempo no pasa nada, aquí la clave no es una gamba tierna sino su sabor
  • Poner a hervir agua caliente con sal abundante (una cucharada sopera colmada para una olla de tamaño medio)
  • En una sartén, poner a calentar un chorrito de aceite. En esta receta no pega el ajo, se cargaría el aroma delicado de la menta.

Ingredientes pasta con guisantes, gambas y menta

  • Cuando esté caliente el aceite, echar las gambas y dar un golpe de muñeca para que todas toquen un poco de aceite. La sartén tiene que estar caliente y ser grande respecto a la cantidad de gambas (que cubran máximo la mitad de la superficie). No mover, empezarán a soltar agua, subir el fuego para que evapore lo más rápidamente posible
  • Pasado un minuto, saltear las gambas para que se den la vuelta y dejar otro minuto o medio minuto. Apagar el fuego y reservar. Las gambas tienen que coger un color rojito pero no deshidratarse, un minuto y medio o dos son más que suficientes, sobre todo si las dejamos reposar en la sartén caliente. Terminar con un toque de pimienta y dejar reposar
  • Echar la pasta en la olla, controlar el tiempo de cocción y cuando falten 5 minutos para que esté lista, añadir los guisantes. A mí me gustan al dente, casi crudos porque tienen un verde más bonito y una textura más tersa
  • Cuando quede un minuto para que esté lista la pasta, poner otra vez las gambas al fuego, quizás añadiendo un chorrito de aceite (pero poco)
  • Una vez pasado el tiempo indicado de la pasta, colar y verter rápidamente sobre la sartén de las gambas (asì la pasta se impregnarà del juguillo que se ha secado en la base de la sartén). Saltear unos segundos con cuidado para que se mezclen todos los ingredientes y se impregnen los sabores
  • Picar unas hojitas de menta con un cuchillo, espolvorear, dar otro toque de pimienta, remover y estará listo para comer

Flores de calabacìn

Advertisements

Pizza rápida casera – Lecturas de domingo al atardecer

domingo de lectura

Llega esa hora del día en la que, aunque aún hay luz, los miopes ya no vemos nada. En la que con un poco de suerte, empieza a correr una brisa fresca entre dos ventanas abiertas de par en par. Es domingo, acabas de extender la lavadora y no tienes plan. Podrías buscártelo o podrías encender la tele, pero no lo haces. Miras la pila de libros nuevos, esos que compraste ayer en un arranque intelectual y paladeas el extraño silencio de la pantalla apagada.

Entre los libros: un best-seller histórico, un clásico americano en español y un libro en inglés. Las puntas están impecables y las hojas prietas, la portada suave, sin rallones. Enciendes una luz amarillenta que se funde con la luz azulada del atardecer y te tumbas sobre el sofá. ¿Qué falta en este momento casi perfecto, en esta rara intimidad con uno mismo que se ha colado entre el frenesí del fin de semana y la vuelta al trabajo?

El menú. Tres reglas para un momento como este: 1. Que sea un vicio, sólo sabores que nos hacen secretamente, a veces absurdamente felices. 2. Que no requiera demasiado tiempo ni esfuerzo porque no se trata de eso, no esta vez. 3. Que se pueda comer mientras lees, alargándose en el tiempo (comer, apoyar, leer, comer, apoyar, leer) limpiándote rápidamente los dedos entre medias y empezando a ensuciar los laterales de las hojas del bestseller…

… porque aunque hayas empezado por el libro en inglés y seguido con unas pocas páginas del clásico americano, sabías desde el principio que acabarías devorando absurdas teorías de la conspiración renacentistas a ritmo de Lacasitos y sorbos de Sprite en vaso de whisky.


Pizza casera facil

Ingredientes (para uno)

  • Sprite Zero que lleve al menos un día en la nevera
  • Una piadina o tortilla mejicana (las tortillas mejicanas suelen ser más pequeñas, igual hacen falta dos para la misma cantidad de mozzarella)
  • Una bola de mozzarella fresca
  • 1/3 bote de tomate frito Orlando estilo casero
  • Orégano o albahaca o nada
  • Lacasitos o Maltesers o M&Ms (sin cacahuete)

Pasos

  • Poner el Sprite en un vaso “bueno” (de los gordos que pesan) con un montón de hielo. Dejar la botella cerca del sofà…
  • Calentar el horno a 200 grados, calor inferior y superior o aire caliente, da un poco igual
  • Preparar la piadina: con una cucharada cubrir toda la piadina con salsa de tomate, dejando zonas con un poco más de salsa y otras más secas
  • Colocar pellizcos de mozzarella sobre la piadina dejando huecos. Para mi gusto es mejor no pasarse con la mozzarella, si no queda muy pesada y el pan se humedece demasiado. Para que la piadina quede ligeramente crujiente tiene que pesar literalmente poco.
  • Meter en el horno caliente la piadina sobre una rejilla a media altura 5 minutos. Se tiene que empezar a fundir la mozzarella
  • Cambiar el horno a modo “grill” y dejar otros 2-3 minutos, con este toque se debería dorar un poco el queso
  • Sacar la piadina del horno, añadir los condimentos que se quiera, cortar en triángulos con unas tijeras y dejar enfriar un poco. A mí me gusta que los trozos sean pequeños para que duren más y se puedan comer mientras lees sin riesgos
  • Poner unos pocos Lacasitos o M&Ms o Maltesers en un platito y prepararse para no abandonar el sofà. La botella entera de Sprite puede estar cerca, la bolsa de chocolate no 🙂

Lista para el atardecer

Merluza frita – antojo de mis veranos impredecibles

Merluza frita con lechuga
Si dices “verano” yo digo “mar“. Hasta aquí bien. También digo “paseos“, paseos por la playa, paseos por el pueblo, paseos por el paseo… Y digo “pescado“, a todas horas y en todas sus variantes, pescado hasta que suplicas un filete o una pechuguita de pollo a la plancha. Hasta aquí bien también.

Pero si dices “verano” yo además digo “bizcochos en el horno“, “siestas con sudadera y calcetines“, “lecciones de punto“, “duchas calentitas” y “piel de gallina“. Son los impredecibles veranos en Cantabria, con días que empiezan lluviosos y terminan sorprendentemente bien o que se despiertan con un sol radiante y dura lo que tardas tú en desayunar y poner un pie en la arena.

Son veranos donde el “bon ton” quiere que a la playa vayas sin sombrilla y donde la sabiduría popular, en cambio, sugiere que te lleves dos toallas, una para tumbarte y otra para cubrirte. Veranos de viento alocado, olas altas, pozas bajas y tardes en el pueblo, repeinado y bien vestido, vestigios de una época dorada de “baños de ola” que ha impregnado toda la costa.

Julio se me está haciendo eterno y el cuerpo me pide un anticipo: la merluza rebozada de mi madre, uno de los “must” del menú pescado-only del verano. Comprada por mi madre en el mercado de abastos el lunes a primerísima hora, cuando todos los demás dormimos. Fresquísima, frita al punto justo, húmeda, tierna, perfecta… un plato que sabe más a delicado que a frito.

No hace falta decir que mi versión, hecha con merluza congelada en trapecios perfectamente rectilíneos de supermercado, es sólo una triste copia. No es ni de lejos tan esponjosa y desde luego no tiene tanto sabor. Pero con el rebozado, el tiempo justo de fritura y una buena ensalada rizada de mercado italiano al lado bastó para calmar el antojo, por ahora…

Merluza con lechuga y pan

Ingredientes para dos

  • 400 gramos de filetes de merluza congelada (un paquete tipo Pescanova) cortados por la mitad
  • 10 cucharadas de harina normal en un plato llano
  • Un huevo batido en un plato hondo
  • Aceite de oliva para freír (el suave, no el extra-super-virgen)
  • Sal y pimienta (la pimienta es un toque mío, mi madre en realidad no la pone)

Pasos

  • Descongelar con tiempo los filetes. En estos días de calor terrible (al menos en mi casa) basta con sacarlos del congelador un par de horas antes de cocinarlos y dejarlos sobre un plato hondo en la cocina
  • Poner a calentar aceite en una sartén a fuego medio-fuerte. No hace falta mucho aceite, basta un dedo, que llegue hasta un poco menos de la mitad de los filetes tumbado (luego se les da la vuelta y llegará hasta la otra mitad)
  • Secar los filetes con un poco de papel de cocina para quitarles el agua del descongelado. Salar bien por los dos lados (para mí, lo más rico de este plato sencillísimo es que la merluza esté bien saladita.
  • Pasar tres trozos de merluza por la harina hasta que esté cubierta por todas partes. No hay que manosear demasiado porque entonces la harina, al apretarla contra la carne, se despega en pegotes. Es mejor hacerlo rápido con las manos  o ayudarse con dos cucharas. También hay que cubrir los cantos!

Merluza friendose

  • Pasar los tres trozos enharinados por el huevo dándole dos o tres vueltas rápidas, cogerlos con las cucharas y pasarlos a la sartén. El aceite estará en el punto justo cuando al echar unas gotitas de huevo haga enseguida pompitas
  • Dejar los tres trozos dorándose por un lado entre pompitas de aceite y huevo. Mientras, preparar otros tres trozos de merluza con harina y huevo
  • Dar la vuelta a los trozos que están en la sartén pasados dos minutos más o menos, cuando empiecen a coger color doradito y añadir los otros tres trozos nuevos a la sartén, siempre en orden para acordarte de cuales metiste antes. En mi sartén cabían seis trozos a la vez.
  • Pasado un minuto, levantar un poco los primeros tres trozos de merluza para ver si estan doraditos, el canto también tiene que haberse dorado. Sacar de la sartén y dejar reposar sobre un plato con papel de cocina. Repetir con todos los trozos. El tiempo de cocción depende del grosor pero es verdaderamente corto para que estén jugosos.
  • Preparar una buena ensalada de lechuga rizada con bien de sal, aceite y vinagre blanco
  • Conseguir un poco de pan. La merluza sin pan está incompleta
  • Añadir un toque de pimienta sobre los trozos de merluza una vez en el plato y disfrutar

El rebozado tierno de la merluza

Pasta alla norma – Cocina para mentes intranquilas

Pasta alla norma

Hay recetas complicadas, que hay que seguir libro en mano y que sí, te hacen olvidar el mundo que te rodea, pero también te mantienen en una incómoda tensión. Son recetas que sigues más atento al posible error que a los sentidos. Esperando ese momento en el que descubres que el huevo iba antes que la harina o que tenías que haber dividir el zumo de limón en dos partes.

Por otro lado, hay recetas demasiado fáciles que no consiguen atraparte. Recetas que has preparado tantas veces o que son tan a prueba de tontos que cocinas pensando en otras cosas. En tus ralladas, en tus estreses. Recetas para un fin, no como un medio y que no consiguen calmar un momento de ansia o de angustia.

Y luego están las recetas tipo abuela, con ese equilibrio perfecto entre creación y alineación. Un poco como hacer punto.  No son recetas particularmente difíciles y a menudo tienen pasos muy mecánicos pero exigen atención, cuidado y tiempo. Sobretodo tiempo, sin impaciencias. Son recetas que te imponen su proprio ritmo pero que navegas usando tus propios sentidos. Recetas que de algún modo consiguen  dejar tu tristeza o mal humor en un segundo plano.

Esta receta es una de ellas. Con su salsa de tomate cocinada a fuego muuuy lento, como si se hiciera la remolona y le divirtiera poner a prueba tu fe en el resultado. El ajo aromático pero traicionero, la berenjena agradecida pero exigente y por último la albahaca que se funde con calma en la salsa liberando su olor a hierba fresca.

 Ingredientes pasta alla norma

Ingredientes (para cuatro personas)

  • 500 gramos de pasta larga y gordita (tipo “pici toscani”, spaghetti alla chitarra o bucatini)
  • Una berenjena grande o dos medianas
  • 0,5 a 1 litro de “passata” de tomate, puré de tomate sin freír (1 litro es mucho pero se puede guardar para hacer boloñesa o una pasta sencilla porque queda buenísima y así se aprovecha màs el esfuerzo)
  • Un diente de ajo
  • 10 hojas de albahaca fresca
  • Ricotta salata para rallar – vale cualquier queso de oveja curado, medianamente graso y de sabor fuerte como el pecorino romano
  • Un chorrito de aceite
  • Sal

Pasos

  • Ponerse una camiseta vieja, que no importe si se mancha con tomate
  • En un cazo grande, poner a calentar un chorrito de aceite con un diente de ajo cortado por la mitad. Dorar el ajo sin que se queme y sin que salga humo del aceite (fuego medio-alto pero estando atentos). Sentir como empieza a oler a cocina de madre o de abuela, a cosas ricas.
  • Cuando el ajo empiece a dorarse, añadir la salsa de tomate. Hay que estar preparado con la tapa porque saltará. Lo ideal es tener la tapa del cazo en una mano y el puré de tomate en otra y usar la tapa para cubrir la trayectoria del cazo hacia tu camiseta.
  • Remover un poco para que el aceite se mezcle con el tomate y tapar
  • Enjuagar la botella o la lata de puré de tomate con un chorrito de agua y devolver el agua al cazo (con la salsa de tomate “della nonna” no está permitido tirar nada)
  • Dejar hervir a fuego suave, removiendo de vez en cuando para que el fondo no se pegue ni se queme. Tiene que hacer burbujitas y que a través de los agujeros de la tapa (si tiene, si no hay que dejar la tapa un poco abierta por un lado)  salga vapor todo el rato. Eso es bueno, significa que la salsa se está concentrando.
  • Añadir 4-5 hojas de albahaca fresca a la salsa. Seguir removiendo de vez en cuando, notando cómo el líquido se va volviendo cada vez más denso, cómo va perdiendo volumen. La salsa estará lista en una hora y media o dos horas, cuando parezca casi una pasta de tomate densita y concentrada de sabor y haya perdido más de la mitad del volumen inicial.

sugo di pomodoro "della nonna"

  • Cuando falte media hora para que esté lista la salsa, cortar las berenjenas en lonchas transversales o longitudinales, da igual. Lo importante es que sean de un grosor homogéneo, de unos 5-7 milímetros.
  • Poner a calentar a fuego fuerte agua en una olla grande. Salar con una cucharada muy abundante de sal cuando empiece a hervir.
  • Calentar una sartén a fuego fuerte. Se puede añadir un chorrito de aceite o no si la sartén es buena y antiadherente.
  • Salar un poco las rodajas de berenjena por un lado y posarlas sobre el aceite caliente sobre ese lado. No pasa nada si ocupan toda la sartén pero los trozos no pueden superponerse. Tapar bien. De este modo se cocinarán tanto “a la plancha” como en su propio vapor. En la receta original están fritas pero eso si que es más pesado y tampoco hace falta, así está buenísimo.
  • Después de 5 minutos, levantarlas un poco para ver si están bien doraditas, incluso un poco quemadas. Salar por el lado expuesto, girar y volver a tapar. Se puede añadir otro chorrito de aceite si hace falta.
  • Cuando estén bien doradas por los dos lados (un poco efecto seco por fuera y blanditas por dentro), apartar las rodajas de berenjena en un plato. Con unas tijeras, cortar la mitad en tiras o trocitos de unos dos centímetros de ancho. Dejar algunas rodajas o tiras más grandes sin cortar para decorar.
  • Cuando el tomate y las berenjenas estén listos, apagar el fuego del tomate y dejar reposar. Hervir la pasta el tiempo indicado en el paquete. Para mí, esta receta queda perfecta con algún tipo de pasta un poco “casera” larga y gorda, muy a la Siciliana.
  • Cuando la pasta esté lista, colarla y devolverla a la olla apartada del fuego. En esta receta se puede escurrir bien la pasta, no hace falta dejarle agua. Verter por encima la mitad de la salsa de tomate y la berenjena cortada en trozos y remover enérgicamente con una cuchara de madera pasando por los bordes de la olla (así se rompen menos la pasta).

berenjenas a la plancha

  • Rallar un buen puñado de queso tipo ricotta salada sobre la olla y remover un par de veces más del mismo modo. A falta de ricotta, vale cualquier queso de oveja blanco salado y curado, con un sabor fuerte. Y si no seguro que está bueno también con un pecorino romano.
  • Emplatar la pasta, añadir un poco más de salsa de tomate por encima, algún trozo de berenjena, un poco más de queso rallado y unas hojitas frescas de albahaca para decorar y dar frescor.

La pasta alla norma es una receta de origen Siciliano (creo en particular de la zona de Catania), de ahí el uso de la ricotta. Es un plato muy veraniego porque sabe a fresco y porque, aunque ya no nos demos cuenta, el tomate, las berenjenas y la albahaca son de verano. La receta original se prepara dejando sudar la berenjena con sal y un peso encima y friéndola con mucho aceite. En cuanto al nombre, no está claro su origen pero hay dos teorías: que a alguien le pareciera tan buena como la opera Norma de Bellini o que a alguien le pareciera que era “justo como debe ser una pasta” (como dicta la norma).  

Helado (light) de frambuesas – te quiero Jamie Oliver

Cucurucho de helado light

Está claro, hoy tampoco voy a ir al gimnasio. Y eso que llevo toda la tarde visualizándome. Pensando en dónde tengo escondidas las mallas. Imaginándome con mis zapatillas nuevas. Congratulándome por el perfecto encaje de mi plan deportivo con el calendario de lavado de pelo. Calculando la hora a la que tengo que salir del trabajo para llegar con calma al gimnasio…

… y viendo cómo pasa de largo, lenta pero inexorablemente la hora a la que tendría que haber salido para llegar al gimnasio, a secas. Porque los jefes, da igual que cambie de jefe como de camisa, todos los jefes sin distinción tiene un sexto sentido para detectar cuando tienes una buena razón para salir pronto. Y boicotearla.

Como este jefe me cae bien y no quiero odiarlo, me pongo a escribir este post mientras espero una reunión que claramente tendremos mañana. Y de todas las cosas ricas que he cocinado este fin de semana escojo la única que no me hará sentir aún peor por mi plan fallido, la única medio light: un facilísimo helado de frambuesas al estilo Jamie Oliver. 70 calorías escasas si eres comedido, hasta 100 para los generosos.

Frambuesas congeladas

Cuando mi amor por Jamie era un poco más íntimo (es decir, cuando solo lo amábamos yo, toda Inglaterra y la gente enganchada al Canal cocina) le vi preparar una receta genial de helados sin heladera (minuto 20.00) Hace falta una picadora, eso sí, pero picadora tengo. Consiste en triturar yogur junto a trocitos de cualquier  fruta congelada y un poco de miel. Las cuchillas girando frenéticamente y la temperatura de la fruta hacen el resto.

El resultado: un helado bastante cremoso para ser light, con un sabor intenso, un color precioso y el punto de dulzor que quieras (lo ideal es añadir poco a poco la fruta y la miel para ir probando). El toque “hand-made” lo dan las pepitas a medio triturar que joden un poco pero demuestran que no has salido a comprar helado y lo has esparcido en una fuente para disimular.

Ingredientes – (unas 1000 calorías redondeando por lo alto para 10-15 raciones) 

  • 5-6 bandejitas de frambuesas (600-750 gramos), metidas en el congelador al menos un día antes – 400 calorías
  • 3 yogures griegos con bajo contenido en grasa (yo usé 2%) – 375 calorías
  • 4 cucharadas colmadas de miel – 300 calorías

Preparando helado casero

Pasos:

  • Montar la trituradora (es mejor que todo esté listo cuando saquemos las frambuesas para que no se descongelen)
  • Verter el yogur y la miel en el contenedor. Se puede empezar con dos cucharadas de miel, probar y añadir más si se quiere. A mí me gusta bastante dulce
  • Empezar a triturar a velocidad alta. Por la apertura de la tapa, añadir una a una rápidamente las frambuesas. La razón para añadirlas poco a poco es no correr el riesgo de estropear la picadora que en realidad no está hecha para triturar cosas duras. Jamie Oliver ponía la fruta a lo loco al principio pero me parece un riesgo inútil (yo ya me he cargado una picadora así). De hecho, yo preparé el helado en dos tandas para no “cansar” demasiado a la máquina con demasiada cantidad (cuando la picadora vibra mucho es mala señal)
  • Probar, añadir más frambuesas o más miel hasta alcanzar el punto deseado. En general, hay que ser bastante rápidos porque el helado se derrite, sobre todo si hace calor
  • Pasar el contenido de la picadora a una fuente de cristal con una espátula. Meter en el congelador. Lo ideal es preparar este helado poco antes de comer porque cuantas más horas pasa en el congelador más se endurece y cristaliza. Un buen modo para frenar la cristalización es remover de vez en cuando con la espátula (por ejemplo, cada media hora). Este helado es una perfecta imitación del verdadero a corto plazo pero la magia no dura muchas horas porque tiene mucho menos aire incorporado en el proceso y también menos nata.