Archive | June 2014

El mejor tiramisú – Mundiales sin gloria

una cucharada de placer
Los mundiales son a los expatriados lo que el pan rallado a la croqueta: un rebozado de amor patrio. Porque a ese puñado de jugadores que corren bajo la lluvia te une algo más que lazos de sangre (ya podrían ser lazos de sangre…). Te une el metro setenta de altura media, las infancias con sabor a Colacao, media vida poniendo la mesa con los Simpson de fondo y los Boomerang rosa a 5 pesetas. Los mismos lazos de falsa sangre que te unen al grupito de españoles con quien quedas para ver los partidos.

Pero a la segunda de cambio eliminan a España y te quedas con cara de tonto y 4 packs de cervezas frías en la nevera. Qué haces con ellas ahora? Fácil: cual traidora sin escrúpulos, decides pasarte al bando Italiano, memorizas deprisa y corriendo cuatro nombres de jugadores al azar (mejor si son difíciles tipo Barzagli para un mejor resultado) e invitas a gente a casa para una noche partido-cerveza-tiramisù. Aunque para lo que va a durar Italia… 🙂

Hablemos del tiramisú. Como la mitad de la recetas de este blog, antes del amor absoluto hubo un momento de odio profundo: primero de pequeña cuando lo pedían los mayores y era un bajón ese toque a café y luego de mayor por culpa de demasiadas versiones industriales y rancias. Hasta que una receta tradicional buena y un toque afrancesado que me chivó una compañera Libanesa pastelera hicieron la magia.

Un buen tiramisù tiene que ser cremoso pero mantenerse firme. Ese maravilloso equilibrio se consigue atrapando todo el aire posible en una buena crema de mascarpone. No hay nada mejor que sentir en la boca como una cucharada de ese aire se funde, se libera con el calor y la humedad de la boca. Eso y la justa cantidad de azúcar ya hacen un buen tiramisù pero si además utilizas Speculoos en vez de Savoiardi el toque especiado y como caramelizado de estas galletas te hará llorar de placer.

Tiramisu paso a paso

Ingredientes para 8 personas (según la receta tradicional, aquí con todos los pasos)

  • 500 g de mascarpone
  • 6 huevos medianos
  • 1 paquete y medio de Speculoos Lotus o 1 paquete de Speculoos y medio de galletas tipo Savoiardi (tipo 400 gramos en total)
  • 1 taza de café (soluble tipo Nescafè Gran Aroma o tradicional en moka)
  • 120 gramos de azúcar + 2 cucharadas para el café
  • Cacao amargo en polvo

Para esta receta hacen falta a la fuerza varillas eléctricas de montar o un robot de cocina con la aplicación para montar nata y claras de huevo. Yo tengo la Kenwood pero para quién quiera comprar una batidora de las de mayonesa se puede aprovechar y comprar un pack con varillas tipo este.

Pasos:

  • Antes que nada: preparar una taza de café, con la moka italiana o con café soluble (yo usé café soluble por indicaciones de la chica pastelera pero no sé si importa). Mezclar con las dos cucharaditas de azúcar
  • Como yo tengo la Kenwood y no varillas eléctricas de mano, cambié un poco el orden de los pasos de la receta pero explico la receta normal.
  • Primero, separar la yema de los claras. No pasa nada si queda clara junto a la yema, pero las claras deben estar limpias de yema
  • Batir las yemas de huevo con la mitad del azúcar (60 gramos) hasta que se forme una espuma muy clarita en un bol grande

cuchara a medio chupar

  • Añadir el mascarpone poco a poco y seguir batiendo con fuerza con las varillas eléctricas hasta que quede una mezcla muy cremosa y algo “inflada” y cremosa
  • En otro bol grande, montar las claras de huevo a velocidad alta hasta que empiecen a coger consistencia y se vuelvan blancas. Entonces, añadir poco a poco la mitad del azúcar (60 gramos) y seguir montando hasta que esté a punto de “merengue” (hasta que se hagan picos rígidos al levantar las varillas)
  • Ahora viene la parte clave: incorporar las claras poco a poco a la mezcla de yemas y mascarpone con mucho cuidado para que no se pierda el aire. Este paso hay que hacerlo bien para que el tiramisú sea ligero pero con consistencia. La técnica para incorporar las claras consiste en pasar una cucharada de claras a la mezcla de yemas y usar esta para recubrir delicadamente las claras con movimientos envolventes de abajo hacia arriba, moviendo a la vez el bol en sentido de las agujas del reloj. Es importantísimo no sobremezclar, no convertir la mezcla en un liquido, tiene que estar lleno de aire y mezclar lo justo para que no haya grumos ni texturas distintas.
  • Ahora toca montar el tiramisú: abrir el paquete de galletas, coger unos cuantos recipientes (fuente de cristal, vasos de cristal, cuencos…). La técnica es siempre la misma: se empieza por una capa de galletas brevemente mojadas en café (depende de la consistencia: las galletas tipo speculoos ni siquiera un segundo porque se deshacen, los savoiardi un par de segundos). Se cubre la superficie del recipiente sin sobreponer pero sin huecos. Se cubre con una capa de crema como de un centímetro extendiéndola bien pero sin aplastar (sin que pierda el aire) y se repite la operación hasta la última capa hecha de crema espolvoreada de cacao en polvo
  • Meter en la nevera y dejar reposar al menos 4 horas (yo preparé el tiramisú a las 7 de la tarde y lo tomamos a las 12 de la noche pero estaba aun mejor al día siguiente)

tiramisu

 

Perfecto al final de una comida con:

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Menos de 500 calorías – Pizza de verduras

deliciosa pizza

A traición, sin avisar, Milan se ha vuelto un horno. El aire en la calle es denso y caliente y parece estar en suspensión justo justo a la altura de la nariz. Dentro de casa no se puede vivir. Enciendo el ventilador y aun así mis piernas parecen entrar en simbiosis con la silla de plastico y me ruedan gotitas de sudor hasta el zapato.

Lo bueno de esta sensación de muslos pegados y enrojecidos es que me ha hecho viajar en el tiempo y a través de mi libreta mental de recetas (bastante pobre hasta que empecé a escribirlas en el blog la verdad, maldita memoria). Viajo hasta hace casi exactamente 10 años…

Era el verano de 2004, acababa de terminar el Liceo y emprendí un viaje. Un viaje de fin de curso con 6 amigas y un billete único de Interrail. Éramos fuertes, éramos guapas y lo que yo pensaba que era celulitis en realidad todavía no era celulitis. Teníamos el mundo por delante y ningún miedo fundado.

De ese viaje recuerdo la sensación de “carta blanca”, la diversión genuina (risas sin ningún motivo en el vagón de un tren pestilente) y el calor. Los muslos pegados y enrojecidos bajo la acrópolis de Atenas, los muslos pegados y enrojecidos por las calles de Pompeya… Y nuestra ultima etapa: Sorrento.

Allí recalamos con los macutos ligeros y con un leve tufo a ropa mal secada. Necesitadas de sombra, de una buena ducha y a ser posible de una cena gratis. En Sorrento vivía el tío de una de mis amigas y si, nos invitó a cenar: pescado crudo marinado (siempre recuerdo lo que como, da igual el tiempo que haya pasado) y una especie de parmiggiana fina de berenjenas.

Cuando volví a Madrid, creé esta receta inspirada por ese sabor a pizza-sin-serlo que tienen las verduras bien cocinadas al horno, con su quesito, su salsa de tomate y el aroma a hierbas que son la base del “engaño”: tomillo, orégano… Creo que fue mi primer gran éxito culinario en familia y lo estuve cocinando durante muchos años hasta que se me traspapeló mentalmente: aquí está de vuelta para quedarse!

Pasos para la pizza de verdura

Ingredientes para 2 personas

  • 1 berenjena gordísima (aquí son asì) o dos medianas (50 cal)
  • 1 calabacìn grande o dos medianos (50 cal)
  • 10 tomatitos buenos (yo usé datterini, alargados y con mucho perfume), si no se pueden usar 2 tomates normales (50 cal)
  • 100 ml de salsa de tomate (tipo Orlando Casero, el màs ligero) (50 cal)
  • 4 tranchetes (mejor light – son la clave de esta receta, crean la sensación de pizza) (190 cal)
  • 1 rulo de queso de cabra (540 cal)
  • Orégano, tomillo y sal

Pasos

  • Poner a calentar el horno a 180°C calor superior e inferior
  • Cortar las verduras finísimas en rodajas como de 3 milímetros de espesor. No tienen que estar transparentes pero el corte tiene que ser lo más fino posible para que se cocinen en muy poco tiempo en el horno
  • Coger una bandeja de horno (yo usé dos redondas porque no tengo otra cosa pero es mejor la típica bandeja de horno cuadrada grande. Una bandeja grande vale para 4 si es un primer plato ligero o para dos si eso plato único)
  • Untar un poco de aceite de oliva en la base con una rodaja de berenjena. Sobreponer una capa de berenjenas un poco montadas entre sì pero no demasiado y salpimentar poquito (el queso y la salsa de tomate tienen sal)
  • Con una cuchara, pintar las berenjenas con salsa de tomate (no hace falta hacerlo con cuidado pero tiene que estar un poco por todas partes)
  • Colocar con cuidado unos trocitos de tranchette cortados con las manos por aquí y por allá. No tienen que cubrir toda la superficie sino estar bien repartidos, como a 2 o 3 centímetros los unos de los otros
  • Espolvorear un poco de tomillo y orégano por encima
  • Distribuir una capa de rodajas de calabacín por encima, salpimentar poquito

otra porción...

  • Colocar con cuidado unas rodajas finas de rulo de cabra por encima del calabacín con la misma técnica de antes: que el queso esté bien repartido pero sin cubrir todo, como a 2 o 3 centímetros unos trozos de otros.
  • En los huecos, dejar caer unas gotas de salsa de tomate y espolvorear con un poco de tomillo y orégano
  • Finalmente, cubrir con las rodajas de tomates, salpimentar y espolvorear con un poco de tomillo y orégano y cubrir con una capita de parmesano rallado
  • Meter en el horno. Si está bien caliente bastan 10 minutos de aire o calor superior e inferior y 5 minutos de grill a máxima temperatura
  • Sacar del horno con cuidado, dejar enfriar un minuto (es bueno para que el líquido que suelta la verdura mezclado con el queso derretido se solidifique un poco y sea màs fácil servir
  • Servir! Si se han hecho las rodajas de verdura bien finas no será fácil servir trozos “bonitos” pero estará absolutamente deliciosa, lo prometo!

Perfecto con: