10 cosas (distintas) que hacer en Milán y 5 recetas para recordar

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Hace tres años me fui de Madrid convencida de que pronto estaría de vuelta. Y aquí estoy otra vez. Un poco en shock, aturdida por el cambio. Dividida entre la alegría y la nostalgia de la vida que dejo en Milan (y de mi cocina que el ultimo día parecía tan triste, con lo que ella fue!). Sintiéndome muy afortunada y a la vez muy acojonada, porque los cambios dan miedo, aunque signifiquen volver a lo conocido. Quien diga lo contrario, miente.

De hecho, puede que volver a lo conocido, a tu pasado, sea más difícil si cabe. Falla el efecto sorpresa, tan útil para alimentar el entusiasmo cuando se trata de descubrir un nuevo país o conocer gente nueva. También juega en tu contra la facilidad con la que puedes recaer en viejos roles y la tentación de retroceder en el camino, perdiendo de vista la persona que quieres llegar a ser.

Lo bueno, es que en la vida volver atrás sencillamente no es posible. Aunque se quiera, y yo no quiero. Todo cambia, nosotros cambiamos, continuamente. No puedes pisar el freno y tampoco puedes apearte. Solo puedes seguir adelante y dejarte sorprender, por lo que te rodea, aquí y ahora, y por el futuro, que ninguna elucubración actual puede realmente predecir.

Así que mi objetivo para los próximos meses es dejarme sorprender. Quitarme las anteojeras, deshacerme de prejuicios y filtros y simplemente ver. Ver y vivir. Madrid. Gente conocida. Gente nueva. Hacer. Hacer cosas que no se me habían ocurrido antes. La Sierra? Nunca he estado en la Sierra. El estadio del Atleti? Porqué no. Ver y vivir. Y menos pensar, sobretodo si pensar significa juzgar.

Dicho esto (me había prometido a mí misma que este post iba a ser ligero y desenfadado), nostalgia obliga: me gustaría dejar por escrito 10 cosas distintas que hacer en Milán, la ciudad que me ha enseñado a vivir más y a juzgar menos. Algunos de estos apuntes son muy clásicos y se encuentran en cualquier guía de viajes. Otros son más íntimos y personales. Todos, creo, representan bien a esta ciudad algo incomprendida que los turistas suelen usar como puerta de entrada a Italia y poco más.

  1. Respirar profundo en Piazza Duomo. Cerrar los ojos y volver a abrirlos lentamente

Milán tiene fama de fría y oscura. Yo no la he vivido así, pero en cualquier caso, y haga el tiempo que haga, hay un lugar de la ciudad en el que la luz es siempre brillante y el aire más fresco. Es la plaza del Duomo. Algo tiene esa plaza. No sé si son las proporciones de lo construido por el hombre o alguna cualidad propia del enclave natural (campo electromagnético? feng-shui?). Probablemente sea una combinación de ambas cosas, el caso es que esta plaza tiene algo que te hace sentir bien, a un nivel profundo.

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  1. Visitar una exposición (cualquiera vale) en Palazzo Reale

Cuando vivía en Milán, era un plan trimestral obligado. Para un turista puede parecer no prioritario pero si tenéis tiempo, informaos de la exposición en curso en ese momento. Klimt, Segantini, Modigliani y los “artistas malditos”, Mucha, el Simbolismo… Todas las exposiciones a las que he ido en estos tres años han sido especiales, mágicas, fluidas. Los que allí trabajan saben lo que hacen porque cuando una exposición está bien concebida, para hacerte pensar y disfrutar, se nota, y en Palazzo Reale siempre aciertan.

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  1. Despreciar (y ser despreciado) en Via Montenapoleone

Via Montenapoleone es la calle de las compras por excelencia. Quintaesencia del esnobismo fashionista de la ciudad y lugar de concentración de grandes fortunas, a menudo heredadas o ganadas con el sudor de la frente ajena (léase marido o ex–marido). Lo mejor es ir un martes cualquiera, por la mañana, y preguntarte qué hace toda esa gente que no está en el trabajo. No tener claro si mirarles con superioridad o con inferioridad, entrar en alguna tienda fingiendo que te sientes cómodo y experimentar lo que es sentirse completamente fuera de lugar.

  1. Descubrir patios, el secreto mejor guardado de Milan

En qué se parecen Milán y Andalucía? Pues en poco, supongo aunque si tuviera que pensar en algo, sería en el amor por los patios internos. Si en Andalucía es un amor exhibicionista, en Milan, mucho más acorde con el espíritu del norte, es un amor más íntimo y huraño pero no por ello menos maravilloso. Y es que detrás de las duras fachadas Mussolinianas del centro y de las deliciosas fachadas Liberty residenciales se esconden auténticos tesoros de vegetación boyante, forjados de capricho y encajes de ladrillo y piedra. Para poder disfrutarlos basta estar atento, a un portón que se abre para dejar pasar un coche o a una verja que si caminas rápido te pasará inadvertida.

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  1. Torticolis “vintage” en el Planetario

Entre el centro de Milan y porta Venezia, se extiende el parque Indro Montanelli, un parque de finales del s. XVIII y uno de los primeros parques urbanos concebidos para fines puramente recreativos. Mi lugar preferido del parque es el planetario. Desde fuera, tiene ese aura atemporal que caracteriza a los edificios con cúpula, tipo panteón. Por dentro, ofrece una experiencia surrealista: un cielo proyectado con maquinaria del s. XIX, un narrador (vivo) y unas sillas giratorias de madera ancladas al suelo que harían las delicias de un anticuario pero que claramente no están concebidas para mirar hacia el techo durante 50 minutos.

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  1. Descifrar a Leonardo da Vinci en la dársena y los Navigli

Llegamos a mi zona! Los Navigli o canales, el Naviglio Grande y el Naviglio Pavese y su punto de encuentro en la dársena de XXIV Maggio. Milán se asienta sobre una zona pantanosa por lo que la gestión del agua siempre ha sido clave para la ciudad. En la actualidad, muchos cursos de agua han sido enterrados (de ahí que la red de metro sea tan mala y que haya tan pocos garajes subterráneos en la ciudad) pero dos permanecen en la superficie, gestionados por un sistema que diseñó el mismísimo Leonardo da Vinci. Esta zona es famosa por su vida nocturna aunque a mí cuando más me gusta es el sábado por la mañana en un día soleado, cuando los hipsters aún duermen la fiesta de la noche anterior y yo me tomo un bagel mientras miro el agua correr

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  1. Ir a Stazione Centrale, aunque no te haga falta

Uno de mis lugares favoritos de Milán en absoluto. Las estaciones de tren en general tienen algo que los aeropuertos nunca tendrán. Un romanticismo melancólico y atemporal. Una magia de cruce de caminos. En esta estación, todo el poderío totalitarista y la mejor arquitectura se ponen al servicio de este romanticismo. Para mì es algo grandioso, conmovedor. Si quieres aprovechar que estás ahí para ir a algún sitio, ve a Bérgamo, la ciudad alta. Una joya medieval a medio camino entre las montañas y la llanura padana que domina orgullosa toda la zona desde la colina.

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  1. Tumbarse en la hierba siempre verde y fresca de los parques (Sempione, Ravizza, Montanelli… cualquiera vale) 

Algo que impresiona de Milan a una madrileña como yo es lo verde que es. La ciudad tiene fama de “gris” y hasta un cierto punto es cierto, sobre todo en el centro, donde reinan los grandes bloques de granito fascista. Pero también es una ciudad húmeda y de clima templado, perfecta para cualquier tipo de planta. Por eso, los balcones suelen ser una explosión de color y los parques son verdes verdísimos, con hierba alta y blandita en la que tumbarse a leer, a comer algo o simplemente a echarse una siesta.

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  1. Encontrar la tumba más antigua del Cimitero Monumentale

No sé si lo mío con los cementerios es algo patológico o si le pasa a más gente. A mí me gusta visitarlos, con respeto, dedicando un momento a imaginar las vidas de gente que vivió antes que yo. Me ayuda a relativizar, a entender lo grandes y lo pequeños que somos en realidad. El cementerio más espectacular que he visto en este sentido es el Père Lachaise de Parìs pero il Cimitero Monumentale de Milan no se queda atrás, con sus esculturas del periodo Liberty, plañideras eternas de maridos que construyeron la cara industrial y burguesa de la ciudad desde mediados del siglo XIX.

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  1. Odiar Via Torino excepto por el trampantojo de Andrea Mantegna (si, existían los trampantojos antes del tomate de Top Chef) 

Quien visita Milán debe saber que la ciudad no fue concebida para alojar a un millón y medio de habitantes y aún menos sus respectivos coches. Milán tiene un tráfico horrendo, una planta a forma de estrellas multicèntricas y un tejido de semáforos que definiría como sádico. Por eso, en Milan yo iba casi siempre a piè o en bici y cada vez que iba al centro pasaba por Via Torino, una especie de Gran Vìa de Madrid reducida a un tercio del tamaño. Un infierno vayas como vayas. Aunque como cualquier rincón de Italia, esconde tesoros para el caminante con tiempo, como la iglesia de Santa Maria presso San Satiro y su trampatojo con el que Mantegna supliò la falta de espacio con creatividad.

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(esta foto no es mìa, tenìa una demasiado oscura asì que lo ha cogido de aquì)

Y para acompañar “il tutto” y cerrar este post eterno: cinco recetas de entre tiempo que de un modo u otro han marcado mi paso por Milan: 

  1. Pasta con flores de calabacìn y anchoas. Una de las primeras recetas que me preparò mi novio en nuestra casita milanesa, preparada con flores del mercado
  2. Lasagna de calabacín y salchicha. Porque en Milan descubrí las salsas “in bianco” y porque echaré mucho de menos las salchichas frescas con hinojo de mi carnicero de barrio
  3. La sopa de pasta y albóndigas, que me recordarà siempre lo bonito que es hacer amigos nuevos en una nueva ciudad y que parezcan de toda la vida. Espero de verdad que sean para toda la vida.
  4. Las alitas de pollo y las hamburguesas. Representan otro tipo de amistad: los amigos de mi novio y su familia, que siempre me piden estas alitas. Me recuerdan lo bonito que es llegar a querer tanto a gente a la que empezaste queriendo por compromiso.
  5. Por ùltimo, el tiramisù, que para mi simboliza el momento en el que decidì hacer un master y pararme un momento a pensar. Sìmbolo de cambios, y de buenos cambios. 

Bon appétit!

About barbacaos

Hola, me llamo Bárbara pero con un nombre así, que no se puede ni acortar en "Bar", ni en "Barba" ni en "Bárbara" (porque entonces no sería acortar) he acabado llamándome de las maneras más insospechadas desde "Barbacoa" hasta "Ruibarbo". De la combinación de estos dos nombres, que son a los que más cariño tengo porque me lo llaman mis amigas del colegio y las de la universidad, nació Ruibarbacaos. Ah, y lo de "caos" lo ha añadido quién me conoce bien… En este blog cuento historias, que es lo que más me gusta en el mundo, y mientras cuento historias cocino, alimento y como. Creo que no hay nada mejor que cocinar para dar de comer a otros o para uno mismo. Espero que estas historias os lleven lejos (o cerca, porque muchas son hacia dentro) y que las recetas os sirvan de inspiración para cocinar, alimentar y comer.

2 responses to “10 cosas (distintas) que hacer en Milán y 5 recetas para recordar”

  1. Pati says :

    Milan os echa de menos, esta muy triste y no deja de llorar (cioè llover)

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