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Calabaza – O porqué un expat nunca podrá ser feliz del todo… o si?

Calabaza piacentina

Una de las fortunas de nuestra generación es todo lo que podemos viajar. Cuanto más viajamos, cuanto más viajan los demás, más ganas tenemos de movernos y de conocer. Casi con ansia, como todo lo que hacemos ultimamente. Necesitados de vivir y de vivir mucho… o al menos de vivir tanto como parece que viven los demás. Y esta claro que viajar es maravilloso. Te permite experimentar otras culturas, descubrir nuevos lugares y probar olores y sabores que los documentales te roban (o te ahorran), atrapados tras la pantalla.

Pero que pasa cuando te vas a vivir a otro lugar? Porque viajar es fácil. Te cuece, y te enriquece y luego vuelves a tu sofá y a tu rutina, mecido por el placentero e inocuo recuerdo del viaje. Irse a vivir a otro lugar, en cambio, ya sea por espíritu de aventura o por necesidad, es todo menos inocuo. Y placentero? Pues depende, pero pocas cosas dan tanto vértigo como un apartamento vacío, una vida en cajas y una tarjeta SIM de móvil que sabes que no te va a servir de nada allá donde diriges tus pasos.

En ese momento lo peligroso parece soltar amarras y tener que empezar desde cero. Aún no sabes que lo verdaderamente peligroso es que te amarrarás de nuevo. Porque estamos hechos para sobrevivir, supongo, y en cuanto soltamos una vida nos aferramos a una nueva, con uñas y dientes. Por eso, más pronto que tarde, descubres con cierta sorpresa que eres otra vez feliz. Te faltan cosas que creías imprescindibles, y aun así eres feliz. Lo peor? Que tienes cosas nuevas sin las cuales ya no sabes vivir.

Condenado a estar por siempre dividido, lo más normal es que te pases todo tu tiempo de expatriado alabando a tu tierra madre, con una nostalgia que empieza siendo muy real y acaba convirtiéndose en una coletilla resobada que repites por inercia. Hasta que. Quizás. Podrías. Se presente. La verdadera. Posibilidad de volver! Y entonces el vértigo que te invade es aún mayor. Porque echar a volar y descubrirte feliz por el camino es una cosa, pero volver atrás? Eso es algo muy distinto.

Acaso puedes volver y llevarte contigo todo lo que ahora es para ti imprescindible? Se puede volver a ser feliz, por ejemplo, sin la apacible vida de provincia a dos pasos de Milán que has aprendido a amar? Sin la devota omnipresencia de la comida en mesas y conversaciones? Sin los productos de esta tierra, que entre mar y mar, húmeda y generosa, regala variedad a cambio del esfuerzo justo y un amor incondicional? Sin este país que muta cada 100 metros, henchido de un orgullo localista maravillosamente miope…

Supongo que no. Y supongo que si. Que no te podrás llevar nada más que tus recuerdos y una nostalgia que cargará tus conversaciones durante meses. Al principio será muy real, hasta convertirse poco a poco en una coletilla resobada. Y supongo que si, que serás feliz de nuevo. Aferrado a tu amarra. Nueva o vieja, qué mas da. Lo importante es agarrarse fuerte… Eso si, que una reunión de trabajo se transforme en un festín, o poder comprarte una calabaza durante un viaje de trabajo, meterla en el maletero de tu jefe y que a todos les parezca muy normal… eso en España no pasa… o si? 😉

Una reunión de trabajo en Italia

Calabaza (Piacentina) al horno

  • Una calabaza entera, o media o un cuarto (yo la compré una entera de 3 kilos… para dos es una barbaridad, acabé regalando un trozo)
  • Salvia (del jardín de mi jefe)
  • Aceite de oliva
  • Sal y pimienta

Pasos

  • Precalentar el horno a 180 grados, calor inferior y superior
  • Cortar la calabaza y pelarla, sin llevarse una mano por delante. Para conseguirlo, lo mejor es que te la corten en la fruterìa. O si no, utilizar un cuchillo de sierra o uno tipo machete bueno. Intentar cortar un primer trozo grande para que puedas apoyar el resto sobre una base firme. A partir de ahì, es cuestiòn de ir cortando rodajas con paciencia y con los dedos lejos del cuchillo. Pelarla en cambio es muy fácil, basta apoyar una rodaja sobre la tabla y pasar el cuchillo por el borde de arriba hacia abajo digamos “tangencialmente” al trozo de calabaza

  • Embadurnar una bandeja de horno con aceite de oliva.
  • Colocar los gajos de calabaza y espolvorearlos con sal y pimienta molida
  • Esparcir hojitas de salvia por los trozos de calabaza frotando un poquito
  • Hornear durante mas o menos media hora, hasta que este dorada, casi quemada por algunas partes y blanda pero sin desfondarse (a mitad cocción es conveniente sacar la bandeja del horno y girar los trozos, quizás añadiendo un poco màs de aceite)
  • Comer caliente (està brutal recièn horneada) o usarla para preparar una crema de calabaza o como relleno para raviolis (tal cual, triturando la pulpa con un poco de parmesano y un poco de pimienta) o como topping sobre un cracker con queso cremoso para llevarse al trabajo

Semillas de calabaza 

Con las semillas de la calabaza se pueden preparar semillas tostadas. Son un poco laboriosas pero están buenas. Si no las quemas claro.Yo las prepareé y las probé a los 10 minutos de horneado. Estaban buenas. Luego decidì dejarlas un rato màs en el horno, me puse a ver la tele y media hora después me dì cuenta de que las habìa carbonizado 🙂 De ahì que no haya fotos…

  • Hay que lavarlas bien con agua fría hasta que pierdan toda la pulpa
  • Después, se dejan entre 8 horas y 24 en un bol de agua saturada de sal (esto sirve no solo para salarlas sino también para quitarles amargor o algo así)
  • Antes de hornearlas, precalentar el horno a 180 grados, aire,
  • Distribuir las semillas sobre una bandeja de horno sin sobreponerlas
  • Hornear durante 10 minutos, màs o menos (a partir de los 10 minutos, sacar una y probar)

Calabaza al horno y pepitas tostadas

Paleo brownie de calabaza

Esta receta es un buen modo para dar salida a un poco de calabaza cuando ya no sabes qué hacer con ella. Es un postre sano y light. Sin azúcar, sin mantequilla y sin harinas refinadas. He de decir que para lo sano que es está bueno y es un desayuno bastante satisfactorio con un buen vaso de leche fría. Pero que nadie se espere un brownie guarro y decadente, claro…

  • 3/4 cup purè de calabaza (lo ideal es pulpa hervida o al horno y triturada, yo la trituré cruda con el aceite pero sabe màs a verdura)
  • 1 cup de chocolate para postres
  • 1/3 cup de pepitas de chocolate
  • 1/2 cup aceite de coco (o de girasol)
  • 3 huevos
  • 3 cucharadas de miel o sirope de agave
  • 1/4 cup harina de coco y 1/4 cup de harina de almendra (o 1/2 cup de harina normal)
  • 1 cucharada de levadura
  • Un poco de vainilla (en semillas, o en concentrado)
  • Un pellizco de sal
  • Opcional: 1/2 cup de nueces en trocitos

Pasos: 

  • Precalentar el horno a 180 grados calor superior e inferior
  • Derretir el chocolate al bagno marìa junto con el aceite (al bagno marìa quiere decir colocando un cazo con un poco de agua sobre el fuego, colocar un bol sobre el cazo (sin que el agua pueda entrar en el bol!) y derretir poco a poco el chocolate dentro del bol con el calor del vapor que se forma debajo
  • En un cuenco grande, mezclar la calabaza, la miel, los huevos, la vainilla y el chocolate derretido
  • Con un colador, espolvorear las harinas sobre la mezcla junto con la levadura y el pellizco de sal (si pasan por el colador, si no mezclar directamente intentando que no se formen grumos)
  • Añadir los trocitos de nuez y las pepitas de chocolate
  • Verter la mezcla (que es bastante lìquida) en un molde cuadrado engrasado con un poco de aceite o en moldes
  • Hornear durantes unos 25-30 minutos para el molde grande y unos 20 para los moldes pequeñ   os (se puede comprobar la cocción pinchando en el centro con un palillo de madera. El palillo debe salir brillante pero no pegajoso)

Paleo brownie de calabaza

Hummus – el hipnótico mundo de las fotos “antes y después” en Instagram

Humus listo para probar

Ahora que mi sobrina de 12 años empieza a aburrirse de Instagram, yo empiezo a descubrirlo. Intento ser digital, de verdad que lo intento… Antes de aburrirse de Instagram, ella tenía 150 seguidores y 200 seguidos. A mí me siguen tantos como hermanas, tías y primas tengo. Y yo sigo… pues a cuantas primas, tías y hermanas me siguen. Hasta hoy!!!

Porque en el rascar y en el seguir a gente que no conoces de nada pero que te cuenta como es su vida 20 veces al día, todo es empezar. Y todo empezó con Kayla, una gurú del fitness y su plan de dietas y ejercicios llamado “Bikini Body Guide” que me pasó una amiga de estraperlo. El punto fuerte de Kayla en Instagram: las fotos “antes y después” que le mandan sus fieles discípulas.

Las fotos de “antes y después”. Un mundo aparte y totalmente adictivo. Porque con cada foto dices: “Nah, ni de coña, no es la misma persona”. Entonces clicas, y descubres que sí que es! Que la chica lleva un año colgando fotos de sus progresos, de lo que come, de lo que hace. Del espejo de su baño, con reflejo de desconchón de pared incluido, de su perro, de su zapatillas, en fin, de todo. Y tu tienes el resultado de centenares de meses de duro trabajo, decenas de vidas, a un solo clic de distancia.

Mientras, otras muchas chicas comentan y dan ánimos, y se crea un efecto “grupo de apoyo” en cadena, lleno de amor, desinteresado y constructivo. No se habla de dieta, se habla de “healthy lifestyle”, no se habla de estar buena, se habla de “gustarte a ti misma”. No deja de ser una moda más, pero tiene ese punto, generoso y naif, que caracteriza a esta nuestra generación digital y que la hace entrañable, hasta entusiasmante.

Desde luego entran ganas de subirse al carro y ponerse a dar ánimos a diestro y siniestro. Yo todavía no he llegado a tanto (empezaré a comentar en Instagram cuando ya no quede nadie ahí para verlo :)), pero sì puedo publicar recetas de las que Kayla estaría orgullosa, como este hummus Bio con verduras crudas. Legumbres, aceite bueno de los olivos de mi suegro, verduras del mercado, un poco de ajo y comino para dar sabor y pimentón para decorar… No es tan fácil como un clic, pero por algún sitio hay que empezar.

Kayla y su perro

Una de las seguidoras de Kayla

Ingredientes para 2 personas (o dos comidas)

  • Una lata de garbanzos con su líquido y todo (Bio, of course)
  • Una cucharada de pasta de sésamo “tahine” (la venden en todas las tiendas naturistas y en los supermercados con parte internacional)
  • Un chorrito de aceite
  • Un pellizco de sal
  • Una cucharadita de semillas de comino
  • Un chorrito de zumo de limón
  • Medio diente de ajo
  • Un poco de pimentón dulce y semillas de sésamo para decorar

Para esta receta hace falta una minipimer. Un mortero puede funcionar para valientes y pacientes.

Pasos

  • Abrir la lata de garbanzos, separar medio vaso del líquido y el resto verterlo todo en un vaso alto de batidora
  • Añadir al vaso de batidora todos los demás ingredientes y batir con fuerza hasta conseguir una crema homogénea
  • Modular la densidad del hummus añadiendo más o menos del líquido de los garbanzos separado al inicio. Personalmente, lo uso todo porque me gusta el humus muy sedoso, casi como una salsa ligera, pero para una crema más tipo puré hay que dejar parte del líquido sin añadir
  • Verter la mezcla en un cuenco y dejar enfriar en la nevera durante al menos una hora
  • Cuando se vaya a comer, decorar con un chorrito de aceite, pimentón espolvoreado y semillas de comino o de sésamo para decorar
  • Comer con verduras crudas cortadas en tiras: zanahoria, pimiento rojo o amarillo, calabacín, pepino o judías verdes (sí, crudas!)

Ingredientes para humus (falta el tahine en la foto)Un toque de pimentòn y un chorrito de aceiteHumus con verduritas

Islandia tradicional – Crema de setas (Mushroom soup)

Sopa de setas lista para comer

En Milán empieza a refrescar y las hojas secas se van acumulando en las aceras. Parece el momento perfecto para probar una receta que llevo queriendo cocinar desde que volví de Islandia: una sopa cremosa de setas. Es una receta de espíritu nórdico, bien calórica (aunque yo he intentado rebajarla) y más parecida a un puré nuestro pero más sedoso. Allí te la servían por todas partes.

Islanda es un país con pocos hoteles (con 3 habitantes por kilómetro cuadrado supongo que no salen las cuentas) y por ello muchos islandeses han adaptado sus casas para convertirlas en Bed & Breakfast improvisados. Dormir en una de estas “guesthouses” es de lo mejor del viaje: conoces a otros viajeros en el salón de casa con los que compartir cervezas y chocolate, las habitaciones huelen a flores secas y a amor de madre y por la mañana puedes dar caza a la propietaria de la casa para torturarla con preguntas culinarias.

A eso me dediqué yo en la Laugar Guesthouse, acribillando sin piedad a la pobre señora que no entendía ni una palabra de inglés (al menos ni una palabra de mi inglés) a base de preguntas sobre sus recetas islandesas preferidas. Ella intentaba responderme, señalando libros, tupperwares y fotos de Google images pero la conversación no era demasiado fluida. Lo que saqué en claro fue que:

  • Su receta tradicional islandesa preferida era el Boeuf Bourguignon…
  • Smjor significa mantequilla y no puede faltar. Nunca.
  • En general los islandeses de los 70 decidieron correr un tupido velo sobre su pasado culinario (las cabezas de cordero en conserva han quedado relegadas al dìa de St Porlakux) y han abrazado tradiciones más benévolas como la inglesa o la americana sin remordimientos

En las cocinas islandesas

(La maravillosa cocina de una señora islandesa en una casa que antes servía como cárcel de pre-reinserción social; libros de cocina; llegada a Laugar; el momento “Boeuf Bourguignon como receta islandesa”; la crema de setas por todas partes; recetas caseras con mucho Smjor; un maravilloso libro escrito por mujeres de islandeses ilustres; màs libros; setas por el campo (ni idea de si eran comestibles)

Ingredientes para 4 personas:

  • 400 gramos de setas variadas (mejor frescas, pero vamos que a quièn quiero engañar, las mías eran del Picard)
  • Un pugnado de boletus secos (estilo porcini italianos) para reforzar el sabor
  • 1 cebolla grande o media cebolla y un tercio de puerro (a mi me encanta el toque del puerro, es un poco más dulce y aromático)
  • 100 ml de leche (yo usé desnatada) para el caldo
  • 100 ml de leche para mezclar con la harina
  • 3 cucharadas colmas de harina
  • 1 litro de caldo de verduras o de carne (yo usé agua y un concentrado de Star pero con Aneto estará buenísimo)
  • Un cubito de mantequilla
  • Un chorrito de aceite
  • Un chorrito de porto (yo en realidad usé Brandy)
  • Pimienta y sal
  • Opcional: un tomate seco o una cucharadita de tomate concentrado (le da un toque más salado aunque mantiene el sabor a campo)
  • Opcional: nata ligeramente montada o queso crema para decorar

Para preparar esta receta hace falta una minipìmer.

Pasos:

  • Descongelar las setas con tiempo en un colador si son congeladas o limpiar las setas si son frescas
  • En un cazo, poner a calentar el caldo con los 100 ml del leche y los boletus secos. Si ha escurrido agua de las setas congeladas ponerlo también en el cazo
  • Cortar la cebolla y el puerro en trocitos pequeños (para que se cocinen antes)

Sopa de setas paso a paso

  • En una olla más grande a fuego fuerte, poner la mantequilla con el chorrito de aceite y cuando esté derretida (pero rápido, antes de que se queme) echar las setas y rehogar a fuego fuerte removiendo para que no se peguen durante un minuto
  • Echar a la olla el puerro y la cebolla cortados y rehogar un par de minutos más para que se doren un poquito y se ablanden
  • Verter la mezcla de caldo, leche y setas rehidratadas en la olla del sofrito. Remover, bajar el fuego a fuego medio y dejar hervir semi-tapado
  • Mientras, mezclar con un robot de cocina, con una minipimer o en un mortero tres cucharadas colmas de harina con 100 ml de leche. La importancia de mezclarlos así es para que se forme una pasta sin grumos
  • Verter la mezcla de harina y leche en la olla y remover. A partir de este momento, la sopa se irà volviendo cada vez màs densa por lo que hay que controlarla de vez en cuando para remover y verificar que no se esté pegando a la base
  • Probar y salpimentar. Puede que en este momento la sopa parezca un poco sosa. Todavía tiene que reducir y hay que triturar las setas que están enteras por lo que es mejor dejarla un poco sosa y volver a probarla cuando se haya triturado todo para corregir
  • Dejar hervir durante una media hora o hasta que tenga una densidad agradable en caliente (cuando se enfríe se volverá más densa, casi gelatinosa)
  • Cuando esté lista, triturar con una minipìmer. Lo que yo hago es triturar directamente en la olla dejando la minipìmer apoyada sobre la base ligeramente levantada y sin moverla (el líquido irá pasando por debajo progresivamente sin riesgo de que salpique). La sopa tiene que quedar sedosa y sin trocitos. En este punto se puede añadir un tomate seco. Yo preparé la sopa con y sin tomate y con tomate tiene un sabor un poco más consistente, menos delicado pero manteniendo el aroma a campo
  • Probar y corregir de sal y pimienta
  • Servir caliente con un toque de nata, de queso crema o con crostini de pan

Sopa de setas de cerquita

Cavatelli con espárragos verdes – verduras, una a una

Espárragos verdes frescos

Nunca me ha gustado comer verduras solas y menos cocidas y menos mezcladas. La menestra, en particular, me parece una aberración de la naturaleza y una tortura infantil: el mejor modo de tomar verdura y que sepa a lo peor de la verdura. Pero estoy abierta a recetas donde la verdura sepa solo a sí misma, aún mejor si sabe a sí misma vestida de pasta o queso 🙂

Además, quienquiera que haya leído revistas de abuela cuando iba a visitar a la abuela (el “Lecturas” resobado), sabrá que hay vitaminas que solo se encuentran en algunas verduras: beta carotenos en la zanahoria, potasio en los espárragos, vitamina C en la col lombarda… Así que en teoría no hay escapatoria: uno debería estar dispuesto a probarlas todas! Por eso, cada vez que voy al supermercado escojo una nueva.

En la última compra tocaron espárragos. La mitad los preparé a la parrilla como acompañamiento y para la otra mitad seguí una receta italiana muy tradicional. Una de estas recetas de sabores nítidos y frescos, con pocos trucos pero buena técnica (para mí esta es la definición perfecta de la cocina italiana). Tres texturas – crujiente, tierna, cremosa – y tres protagonistas: espárragos, parmesano y pimienta.

Por cierto, qué habría votado yo en la encuesta? Jabalì sin dudarlo 🙂

Ingredientes para dos personas

  • 300 gramos de pasta corta fresca (mejor cavatelli o similar – la pasta fresca pesa más que la pasta seca por lo que hay que calcular unos 140-150 gramos por persona)
  • Un manojo de espárragos verdes finos (7-8 por persona)
  • 1 taza de queso parmesano rallado
  • Agua
  • Sal y pimienta

Cavatelli con espàrragos

Pasos

  • Limpiar los espárragos (pelar un poco la base si es muy gorda con un pelapatatas)
  • Poner a calentar agua y añadir una cucharada de sal cuando empiece a hervir
  • Cortar los espárragos en tres partes como de 4 centímetros: la base (más gorda), el centro (más fino) y la punta, que es la parte más bonita y delicada
  • Echar la base de los espárragos en el agua hirviente (la parte más gorda)
  • Mientras, picar media cebolla en trocitos pequeños y dorarla a fuego lento con una cucharada de aceite
  • Después de cinco minutos de cocción de las bases de espárrago en el agua, echar al agua la parte central y después de otros 2 minutos, echar las puntas. Cocer 2 minutos más y finalmente, con una espumadera, sacar todos los trozos de espárrago de la olla. Estos tiempos aplican a espárragos de tipo fino, con espárragos gordos me imagino que los tiempos son más largos (por lo menos dos minutos más para cada tanda)
  • Poner a hervir la pasta en el agua de cocción de los espárragos el tiempo indicado en el paquete (se cocerá mientras terminamos los espárragos y la salsa)
  • Sobre una tabla, cortar los trozos de espárrago en ruedas más pequeñas, como de medio centímetro de grosor excepto las puntas que tienen que quedar enteras y echar a la sartén junto a la cebolla. Saltear a fuego medio durante un par de minutos los trozos de espárrago con la cebolla, apagar el fuego y sacar las puntas para decorar al final
  • Tomar la mitad de la mezcla de cebolla y espárrago y pasarlo a un vaso de batidora junto con un cazo del agua de cocción. Añadir un pugnado de queso parmesano en trocitos y batir hasta que quede una crema suave (ni líquida ni puré, aunque es mejor quedarse denso y añadir un poco más de agua caliente al final). Condimentar con una buena cantidad de pimienta molida. Esta crema servirá como salsa para ligar la pasta así que hay que probarla para ver si está buena, con un buen punto de sal

mmm

  •  Cuando la pasta esté lista, pasarla a la sartén con la cebolla y los trozos de espárragos. Ligar con la crema de espárragos (probando para ver cuanta poner). Servir y terminar con las puntas de espárragos, un toque extra de pimienta y un poco de parmesano rallado

Perfecto con:

Menos de 500 calorías – Pizza de verduras

deliciosa pizza

A traición, sin avisar, Milan se ha vuelto un horno. El aire en la calle es denso y caliente y parece estar en suspensión justo justo a la altura de la nariz. Dentro de casa no se puede vivir. Enciendo el ventilador y aun así mis piernas parecen entrar en simbiosis con la silla de plastico y me ruedan gotitas de sudor hasta el zapato.

Lo bueno de esta sensación de muslos pegados y enrojecidos es que me ha hecho viajar en el tiempo y a través de mi libreta mental de recetas (bastante pobre hasta que empecé a escribirlas en el blog la verdad, maldita memoria). Viajo hasta hace casi exactamente 10 años…

Era el verano de 2004, acababa de terminar el Liceo y emprendí un viaje. Un viaje de fin de curso con 6 amigas y un billete único de Interrail. Éramos fuertes, éramos guapas y lo que yo pensaba que era celulitis en realidad todavía no era celulitis. Teníamos el mundo por delante y ningún miedo fundado.

De ese viaje recuerdo la sensación de “carta blanca”, la diversión genuina (risas sin ningún motivo en el vagón de un tren pestilente) y el calor. Los muslos pegados y enrojecidos bajo la acrópolis de Atenas, los muslos pegados y enrojecidos por las calles de Pompeya… Y nuestra ultima etapa: Sorrento.

Allí recalamos con los macutos ligeros y con un leve tufo a ropa mal secada. Necesitadas de sombra, de una buena ducha y a ser posible de una cena gratis. En Sorrento vivía el tío de una de mis amigas y si, nos invitó a cenar: pescado crudo marinado (siempre recuerdo lo que como, da igual el tiempo que haya pasado) y una especie de parmiggiana fina de berenjenas.

Cuando volví a Madrid, creé esta receta inspirada por ese sabor a pizza-sin-serlo que tienen las verduras bien cocinadas al horno, con su quesito, su salsa de tomate y el aroma a hierbas que son la base del “engaño”: tomillo, orégano… Creo que fue mi primer gran éxito culinario en familia y lo estuve cocinando durante muchos años hasta que se me traspapeló mentalmente: aquí está de vuelta para quedarse!

Pasos para la pizza de verdura

Ingredientes para 2 personas

  • 1 berenjena gordísima (aquí son asì) o dos medianas (50 cal)
  • 1 calabacìn grande o dos medianos (50 cal)
  • 10 tomatitos buenos (yo usé datterini, alargados y con mucho perfume), si no se pueden usar 2 tomates normales (50 cal)
  • 100 ml de salsa de tomate (tipo Orlando Casero, el màs ligero) (50 cal)
  • 4 tranchetes (mejor light – son la clave de esta receta, crean la sensación de pizza) (190 cal)
  • 1 rulo de queso de cabra (540 cal)
  • Orégano, tomillo y sal

Pasos

  • Poner a calentar el horno a 180°C calor superior e inferior
  • Cortar las verduras finísimas en rodajas como de 3 milímetros de espesor. No tienen que estar transparentes pero el corte tiene que ser lo más fino posible para que se cocinen en muy poco tiempo en el horno
  • Coger una bandeja de horno (yo usé dos redondas porque no tengo otra cosa pero es mejor la típica bandeja de horno cuadrada grande. Una bandeja grande vale para 4 si es un primer plato ligero o para dos si eso plato único)
  • Untar un poco de aceite de oliva en la base con una rodaja de berenjena. Sobreponer una capa de berenjenas un poco montadas entre sì pero no demasiado y salpimentar poquito (el queso y la salsa de tomate tienen sal)
  • Con una cuchara, pintar las berenjenas con salsa de tomate (no hace falta hacerlo con cuidado pero tiene que estar un poco por todas partes)
  • Colocar con cuidado unos trocitos de tranchette cortados con las manos por aquí y por allá. No tienen que cubrir toda la superficie sino estar bien repartidos, como a 2 o 3 centímetros los unos de los otros
  • Espolvorear un poco de tomillo y orégano por encima
  • Distribuir una capa de rodajas de calabacín por encima, salpimentar poquito

otra porción...

  • Colocar con cuidado unas rodajas finas de rulo de cabra por encima del calabacín con la misma técnica de antes: que el queso esté bien repartido pero sin cubrir todo, como a 2 o 3 centímetros unos trozos de otros.
  • En los huecos, dejar caer unas gotas de salsa de tomate y espolvorear con un poco de tomillo y orégano
  • Finalmente, cubrir con las rodajas de tomates, salpimentar y espolvorear con un poco de tomillo y orégano y cubrir con una capita de parmesano rallado
  • Meter en el horno. Si está bien caliente bastan 10 minutos de aire o calor superior e inferior y 5 minutos de grill a máxima temperatura
  • Sacar del horno con cuidado, dejar enfriar un minuto (es bueno para que el líquido que suelta la verdura mezclado con el queso derretido se solidifique un poco y sea màs fácil servir
  • Servir! Si se han hecho las rodajas de verdura bien finas no será fácil servir trozos “bonitos” pero estará absolutamente deliciosa, lo prometo!

Perfecto con: