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Hummus – el hipnótico mundo de las fotos “antes y después” en Instagram

Humus listo para probar

Ahora que mi sobrina de 12 años empieza a aburrirse de Instagram, yo empiezo a descubrirlo. Intento ser digital, de verdad que lo intento… Antes de aburrirse de Instagram, ella tenía 150 seguidores y 200 seguidos. A mí me siguen tantos como hermanas, tías y primas tengo. Y yo sigo… pues a cuantas primas, tías y hermanas me siguen. Hasta hoy!!!

Porque en el rascar y en el seguir a gente que no conoces de nada pero que te cuenta como es su vida 20 veces al día, todo es empezar. Y todo empezó con Kayla, una gurú del fitness y su plan de dietas y ejercicios llamado “Bikini Body Guide” que me pasó una amiga de estraperlo. El punto fuerte de Kayla en Instagram: las fotos “antes y después” que le mandan sus fieles discípulas.

Las fotos de “antes y después”. Un mundo aparte y totalmente adictivo. Porque con cada foto dices: “Nah, ni de coña, no es la misma persona”. Entonces clicas, y descubres que sí que es! Que la chica lleva un año colgando fotos de sus progresos, de lo que come, de lo que hace. Del espejo de su baño, con reflejo de desconchón de pared incluido, de su perro, de su zapatillas, en fin, de todo. Y tu tienes el resultado de centenares de meses de duro trabajo, decenas de vidas, a un solo clic de distancia.

Mientras, otras muchas chicas comentan y dan ánimos, y se crea un efecto “grupo de apoyo” en cadena, lleno de amor, desinteresado y constructivo. No se habla de dieta, se habla de “healthy lifestyle”, no se habla de estar buena, se habla de “gustarte a ti misma”. No deja de ser una moda más, pero tiene ese punto, generoso y naif, que caracteriza a esta nuestra generación digital y que la hace entrañable, hasta entusiasmante.

Desde luego entran ganas de subirse al carro y ponerse a dar ánimos a diestro y siniestro. Yo todavía no he llegado a tanto (empezaré a comentar en Instagram cuando ya no quede nadie ahí para verlo :)), pero sì puedo publicar recetas de las que Kayla estaría orgullosa, como este hummus Bio con verduras crudas. Legumbres, aceite bueno de los olivos de mi suegro, verduras del mercado, un poco de ajo y comino para dar sabor y pimentón para decorar… No es tan fácil como un clic, pero por algún sitio hay que empezar.

Kayla y su perro

Una de las seguidoras de Kayla

Ingredientes para 2 personas (o dos comidas)

  • Una lata de garbanzos con su líquido y todo (Bio, of course)
  • Una cucharada de pasta de sésamo “tahine” (la venden en todas las tiendas naturistas y en los supermercados con parte internacional)
  • Un chorrito de aceite
  • Un pellizco de sal
  • Una cucharadita de semillas de comino
  • Un chorrito de zumo de limón
  • Medio diente de ajo
  • Un poco de pimentón dulce y semillas de sésamo para decorar

Para esta receta hace falta una minipimer. Un mortero puede funcionar para valientes y pacientes.

Pasos

  • Abrir la lata de garbanzos, separar medio vaso del líquido y el resto verterlo todo en un vaso alto de batidora
  • Añadir al vaso de batidora todos los demás ingredientes y batir con fuerza hasta conseguir una crema homogénea
  • Modular la densidad del hummus añadiendo más o menos del líquido de los garbanzos separado al inicio. Personalmente, lo uso todo porque me gusta el humus muy sedoso, casi como una salsa ligera, pero para una crema más tipo puré hay que dejar parte del líquido sin añadir
  • Verter la mezcla en un cuenco y dejar enfriar en la nevera durante al menos una hora
  • Cuando se vaya a comer, decorar con un chorrito de aceite, pimentón espolvoreado y semillas de comino o de sésamo para decorar
  • Comer con verduras crudas cortadas en tiras: zanahoria, pimiento rojo o amarillo, calabacín, pepino o judías verdes (sí, crudas!)

Ingredientes para humus (falta el tahine en la foto)Un toque de pimentòn y un chorrito de aceiteHumus con verduritas

Chutney de mango – salsa digna de gnomos y de reyes magos…

 poppadom con chutney y yogur

Hace mucho tiempo, debía tener unos 6 años, paseando con mi madre por un parque me puse a recoger semillas de bellota. Mi madre, muy gallega y de familia numerosa (y por lo tanto fantasiosa), me susurró al oído que con la cabeza de las bellotas, los gnomos fabricaban tazones para la leche.

Para qué quieres más. Que quienes son los gnomos. Que porqué no los vemos. Que dónde viven y que qué comen. Y que si crees, mamá, que les gustaría tener un ajuar de tazas completo. Mi madre me contó entonces que la mayor parte de los gnomos vivían en el campo pero que también tenían primos en la ciudad, en Madrid, y que podía probar a hacerles un regalo.

Pasé esa noche pintando cabezas de bellota con esmalte de uñas y limando la base para que las “tazas” se apoyaran. Ya puestos, recorté trozos de una camiseta y les hice a los gnomos de ciudad un set de toallas 10x5cm y 3x2cm. Dejé el set sobre el piano de casa junto con una nota en la que les transmitía mis mejores deseos y mis ganas de conocerlos y me fui a dormir nerviosa como un flan.

Empezó así me relación epistolar (y de intercambio de regalos) con los gnomos. Y es que los cabrones me respondían, claro que me respondían. No siempre, pero eso lo hacía aun más emocionante, y cuando contestaban lo hacían a través de unas maravillosas cartas miniatùricas del tamaño de un sacapuntas escritas con el finísimo portaminas que mi hermana Tati usaba para dibujar…

Todo esto para decir que, entre el perfeccionismo de los gnomos, mi fantasía celta heredada y la responsabilidad como hija pequeña de mantener el espíritu mágico familiar, yo creí en todo lo que se podía creer hasta la venerable edad de 12 años. Ese año, se destapó un poco todo, yo perdí un kilo de inocencia y acepté a mi pesar que tendría que canalizar mi pasión DIY hacia un público más real.

Uno de mis primeros regalos de reyes DIY de bajo presupuesto fue precisamente un botecito de chutney de mango casero para cada hermana. El chutney es una salsa india que se sirve para acompañar el curry o los entrantes tipo samosas o poppadoms, a menudo junto a otra salsa más ligera de menta y yogur. Yo la descubrí por primera vez en el Annapurna, un restaurante indio donde celebrábamos grandes momentos familiares y del que recuerdo el color salmón omnipresente y el coctel “San Francisco” de bienvenida.

Por cierto, si os da pereza cocinar, podéis probar el Chutney de mango de la marca Sharwoods, una marca histórica inglesa, que está buenísimo y que en mi casa hemos usado siempre con el pollo barbacoa.

chutney making of

Ingredientes:

  • 1 mango grande o dos mangos pequeños, no demasiado maduro (primer error de mi ultima receta, con el mango demasiado maduro se pierde el placer de los trocitos fibrosos en la salsa y parte de la acidez natural de la fruta)
  • Medio vaso de azúcar moreno o de caña
  • Un chorro de vinagre blanco
  • 1cm de jengibre fresco rallado
  • Chile picante (depende de lo que pique, yo use un centímetro de mis chiles del balcón)
  • Mix de especias: ½ cucharadita de comino, ½ cucharadita de semillas de hinojo, ½ cucharadita de semillas de mostaza, ½ cucharadita de semillas de fenogreco y ½ cucharadita de mezcla garam massala. Lo más importante diría que es el comino y el hinojo
  • Un chorrito de aceite
  • Sal (si necesario)
  • Para acompañar: samosas o poppadoms (los venden en tiendas especializadas congelados)

Los poppadoms son unas tortillas muy molonas hechas con harina de garbanzo o de lentejas que te venden en formato rígido y que en contacto con calor semi-directo (una llama) se rizan, burbujean y se cocinan. Se convierten en un snack crujiente buenísimo, con un ligero aroma a comino.

Pasos:

  • Medir los ingredientes, trocear el chile y el jengibre en trozos muy muy pequeños y pelar el mango
  • Cortar el mango en cubitos (si está poco maduro, hay que tener particular cuidado para no hacerse daño, controlando que el mango esté bien apoyado sobre la superficie y que las manos estén al seguro antes de hacer fuerza con el cuchillo para cortar, hay que poner cabeza para cortar un mango evitando el hueso central)
  • En una olla pequeña a fuego fuerte, echar un chorro de aceite, el jengibre, el chile y las especias. Dejar tostar la mezcla uno o dos minutos para que liberen todo su aroma, controlando que no se quemen
  • Añadir el mango troceado, el azúcar y el vinagre y remover bien
  • Tapar y dejar cocinar bajando el fuego a fuego medio durante unos 15 minutos
  • Probar de vez en cuando, dejando enfriar un momento la mezcla en la cuchara para que se noten bien los sabores y porque el azúcar quema mucho. Corregir de sal, acidez, especias o dulzor, las proporciones son orientativas pero dependen mucho del tamaño del mando, de su dulzor y sabor
  • Dejar enfriar el chutney un poco en la olla y luego pasar a un bote de mermelada si no se va a usar directamente (dura  unos cuantos días, más cuanto más azúcar se le eche y si se esteriliza el bote). Està màs rico un poco frío y solidificado en la nevera
  • Usar para acompañar fritos asiáticos, junto con una salsa de yogur y menta triturada

mango listo para cocinar

Berenjenas al horno con miso – Corta receta, larga obsesión

berenjenas con miso

Hay recetas cortas y recetas muy muy cortas. Esta es una de ellas. Lo más largo de esta receta es el tiempo que he pasado obsesionada con las malditas berenjenas con miso (hay gente que se obsesiona con el amor, yo me obsesiono con las berenjenas. En realidad me obsesiono con todo, hortalizas incluidas).

El principal motivo de mi larga obsesión ha sido lo mucho que he tardado en encontrar el famoso “shiro miso” o miso blanco en Milán desde aquel momento mágico en el que probé por primera vez las berenjenas gratinadas con miso en un restaurante japonés.

Tardé tanto en encontrarlo que en un momento de desesperación intenté preparar las berenjenas con miso rojo (el que se usa para preparar la sopa miso, mucho más fácil de encontrar). No os lo recomiendo. Es como.. es como… como poner una verdura a salar durante 6 meses para luego recubrirla con concentrado Avecrem.

Al final encontré el miso blanco en una tienda bio al módico precio de 7,98 euros, 300 gramos. Todo listo?? En realidad ya no me quedaban berenjenas en casa y tuve que esperar al mercado del sábado para comprarlas. Y si había esperado tanto,  qué era una semana más? Pues fue la semana que pasaron las berenjenas en la nevera hasta que conseguì cenar en casa.

En definitiva, aquí acaba la larga historia de esta muy corta receta. Con las berenjenas (algo más rechumidas que cuando las compré) embadurnadas de miso y en el horno y mi obsesión a punto de ser satisfecha. Taaaan satisfecha. La pulpa caliente de la berenjena cocinada en este modo es casi cremosa y se impregna del aroma ahumado que desprende el miso. Sobre la capita gratinada que se forme en el exterior, un poco dulce, un poco salada, diré solo que es maravillosamente “umami“.

berenjenas con miso, making of

Ingredientes

Pasos

  • Poner a calentar el horno a 200°C calor superior e inferior o superior con aire
  • Limpiar las berenjenas y cortarlas por la mitad en vertical
  • Embadurnar la carne expuesta de la berenjena con miso (una cucharada o dos bastan por mitad)
  • Meter en el horno y hornear durante unos 20 minutos o hasta que la pasta miso coja un bonito color anaranjado con algunas partes más churruscadas
  • Única complicación: si las berenjenas son muy gordas quizás convenga meterlas más tiempo en el horno a una temperatura inferior ( tipo 170-180°C durante 20 minutos) y luego subir la temperatura para gratinar la superficie otros 10 minutos (para evitar que el miso se pueda quemar y el interior de la berenjena quede crudo)
  • Otra opción: cortar la carne de la berenjena ligeramente (sin llegar hasta el final) en diagonal o en dos diagonales cruzadas antes de impregnar el miso para que el sabor penetre mejor
  • Comer caliente, espolvoreado con semillas de sésamo y con una cucharita de madera para un efecto 100% japonés

Pad thai – programas de cocina y americanos

Pad thai
Últimamente he estado enganchada a Masterchef USA. Con cada nuevo programa de cocina que se me pone por delante me digo a mi misma que basta ya, que tanto Gordon Ramsey y tanto sonido de cuchillos van a acabar por provocarnos la nausea o lo que es peor, la total banalización del placer de comer y cocinar. Y juro no verlo. Pero estos programas tienen algo… y acabo viéndolos. Espero solo que no nos cansemos todos demasiado rápido del fenómeno culinario y que no muera precozmente por abuso. Ya se verá.

Por cierto, alguien más tiene la sensación de que a los nuevos niños de Masterchef Junior 2 España no les gusta cocinar??? Creo que es algo que pasa con los realities, que en su primera versión tienen siempre algo de hipnóticamente verdadero. Maravillosamente humano. Como Gran Hermano 1, que era como ver un documental sociológico. Lo mismo pasó con la primera edición de Masterchef Junior: se notaba que esos niños estaban listos mucho antes del fenómeno, apasionados por la cocina desde la cuna. Los segundos en cambio para mí han tenido más de niño bueno y aplicado, que sigue recetas y mira a cámara, que de cocinero atento al punto de sal. Exagero un poco, pero ya me entendéis.

Pero a lo que iba, que he estado viendo Masterchef USA y es curioso analizar lo que en Estados Unidos es un plato refinado. Algunas pistas:

  1. No pueden faltar un hidrato de carbono y una enorme proteína. Consejo de estilo: colocar la gran proteína en equilibrio sobe el hidrato de carbono, aun mejor: tritura el hidrato para darle la forma de un puré!
  2. Las verduras sirven para dar color, para eso las inventó Dios, para decorar. Y si escoges verduras, mejor de color verde brillante, morado o naranja.
  3. Los grandes clásicos, tomados prestados de todas las cocinas del mundo y americanizados son un éxito asegurado. El perfecto plato “bistrò”, que en el mundillo creo que significar “restaurante pequegno y molón”.

Y es que los americanos son unos maestros en el arte de escoger un plato rico de cada país, endiosarlo y hacerlo suyo, olvidàndose un poco, la verdad de todo lo demás. Hasta que otro plato les vuelve a llamar la atención y se vuelve a empezar. Dim sun o rollitos chinos, Pad thai tailandés, Curry indio, Paella española, Ceviche peruano… Estoy generalizando y me está quedando un post de lo más polémico pero os hacéis una idea 🙂

El caso es que cuando pienso en Pad-thai efectivamente pienso en Estados Unidos, donde los probé por primera vez y no en Tailandia, donde no tengo ni idea de si es el plato más consumido. En cualquier caso está buenísimo, tiene un aroma inconfundible a sudeste asiático, es refrescante y lleno de contrastes. Todos los componentes del plato combinados alegran el paladar: gambas, cerdo, huevo, verduras, pasta y especias con el toque final del cacahuete crujiente y la lima ácida. Un gran plato para preparar un dìa y sentirte muy realizado y pedir al GingerBoy las otras 190 veces que te entren ganas de comerlo.

(PS. Tengo la cámara rota y estoy haciendo las fotos con el móvil… el resultado es un poco chapucero, grrrr, a ver si la llevo a reparar!)

Algunos ingredientes

Ingredientes para dos personas

  • Un paquete para dos personas de fideos pad-thai (soy una genio, lo sé). Es un tipo de pasta de arroz parecido a los tallarines pero de color blanco translucido.
  • Con el paquete a veces vienen unos polvitos “pad-thai”, si no, se puede comprar un botecito con pasta concentrada de pad-thai. Estas mezclas incluyen pasta de tamarindo, salsa de pescado, azúcar de palma, chile, cebolla y ajo. Aquì viene una receta de como hacerlo en casa
  • 10 gambas buenas (frescas o congeladas)
  • 80 gramos de lomo de cerdo picado (se puede picar a cuchillo en 5 minutos)
  • 2 huevos
  • Media zanahoria rallada
  • Media cebolleta china cortada finamente (es como un mini puerro)
  • Un puñado de brotes de soja
  • 30 gramos de cacahuetes (un puñadito)
  • Aceite, mejor de girasol o de cacahuete para no mezclar sabor asiático con mediterráneo
  • Una lima cortada en dos

Para esta receta hace falta una buena sartén, mejor un wok pero una buena sartén antiadherente grande es fundamental

Picando cacahuete

Pasos

  • Este plato parece fácil, pero muchas cosas pueden ir mal. Digo desde ya que por intentar hacerlo light (casi sin aceite) y no leerme las instrucciones a mí me quedó un poco mazacote aunque estaba muy bueno de sabor. He aquí el modo corregido de preparar pad-thai:
  • Poner la pasta a remojo en agua fría hasta que estén plegables pero al dente (en mi primera versión la herví J)
  • Hervir rápidamente las gambas en un cacito (no daría tiempo a que se cocinaran con la pasta). Un par de minutos desde que hierva el agua bastan
  • Limpiar, cortar y pelar la zanahoria, la cebolleta y los brotes de soja y picar la carne de cerdo y los cacahuetes. Ir colocando en cuenquitos. Todo tiene que estar listo y a mano para el momento de la preparación!
  • En la sartén, poner dos o tres buenas cucharadas de aceite y la pasta de pad-thai a fuego fuerte. Si usáis polvos entonces poned solo el aceite. Verter la pasta en la sartén y saltear velozmente junto con un cazo de agua.
  • Apartar rápidamente la pasta a un lado de la sartén y añadir dos cucharadas de aceite en el lado descubierto. Añadir la carne de cerdo, sofreír un poco hasta que coja color y apartar hacia la pasta.
  • Repetir el proceso con las gambas, apartar, poner otra cucharada de aceite y revolver los huevos haciendo grumitos
  • Por ultimo, mezclar todos los componentes en la sartén (pasta, carne, gambas y huevo) Mezclar todo moviendo rápidamente en la sartén, añadir las verduras en el ultimo momento y servir
  • Como toque final: espolvorear unos trocitos de cacahuete picado sobre el plato y terminar con un chorrito de lima

Pad thai

Kai satee – brochetas de pollo tailandesas, un pedacito de cielo

Brochetas de pollo thai - Kai satee

Había una vez un restaurante que desde Madrid te transportaba al más lejano de los orientes. Cruzabas una pesada puerta, un jardín sugerente y penetrabas en un mundo fascinante de misteriosos claroscuros. Una camarera de ademanes suaves, piel cobriza y ropas de seda te conducía hacia tu mesa y tu la seguías hipnotizado por el temblor de las hojas de oro que bailaban en su cabello.

El restaurante era un laberinto de escaleras y celosías, con plantas tropicales que se desparramaban por los peldaños y mesas en cuasi penumbra decoradas con pequeñas velas, platos de oro y orquídeas frescas. Así empezaba un embriagador festín de cocina Real tailandesa que acababa con fruta fresca, flan de coco y la sensación de haber probado un pedacito de cielo. Así era el Thai Gardens.

Mi plato preferido, mi “pedacito de cielo” particular eran las brochetas Kai Satee. Unos pequeños bocados de pollo carnoso cargados a estallar de aroma a especias frescas y leche de coco y bañados con una salsa de cacahuete concebida para el pecado. Era solo una de las muchas joyitas que componían la bandeja de entrantes pero para mì era sin duda la mejor.

El restaurante original acabó quebrando (triplicar el numero de mesas poco antes de la crisis no debió ser una buena idea) y se perdió para siempre ese oasis oriental en plena calle Jorge Juan. Afortunadamente, antes de ir a donde la haya llevado la vida, la cocinera real Tasanai Phian-O-Pas reveló en su paso por Canal Cocina algunos de sus secretos. Además, sus platos se pueden seguir disfrutando en el nuevo The Gardens de Arturo Soria.

Esta es mi versión de sus Kai-Satee. Por falta de algunos ingredientes y por lo críptica que fue la buena de Tasanai Phian-O-Pas en sus explicaciones he tenido que adaptar e interpretar algunos puntos a mi manera pero el resultado es tan parecido a aquellas brochetas maravillosas del Thai Gardens que casi se me salta una lagrimilla. Lo había conseguido, un pedacito de cielo!

Lista para cocinar

Ingredientes para 4 personas como plato único o 6 como aperitivo

  • 6 contra-muslos de pollo. Este es el ingrediente clave, no vale pechuga! Esta parte del pollo se deshuesa fácilmente, tiene una textura buenísima y mantiene humedad y carnosidad en la brocheta
  • 1 cucharada de citronela fresca rallada (lemon grass) o citronela seca rehidratada durante 10 minutos (yo solo encontré citronela seca pero el aroma funcionó muy bien). Este ingrediente es bastante fundamental
  • 1 cucharada de galanga rallada (o jengibre fresco rallado, yo usé jengibre porque no encontré galanga)
  • Medio diente de ajo
  • 1 cucharadita de pimienta negra molida
  • 1 cucharada rasa de sal
  • 4 cucharadas rasas de azúcar
  • 4 cucharadas rasas de de curry en polvo
  • 4 cucharadas rasas de cúrcuma en polvo
  • 1 cucharada de semillas de cilantro en polvo (la receta original dice raìz de cilantro pero no conseguì encontrarla)
  • 1 lata de leche de coco (40 dl)
  • Medio vasito de aceite de girasol
  • 2 cucharadas colmas de crema de cacahuete con trocitos
  • Una cucharada de pasta de chile (azùcar, chile, vinagre) o una cucharada de salsa kai-satee de supermercado internacional para completar los sabores fuertes, no es fundamental
  • Un chorrito de nata (también opcional en mi opinión)

Pasos:

  • Desosar el pollo sin romper el filete (con la punta de un cuchillo afilado, ir separando el hueso de la carne con cuidado). Cortar el filete resultante en tiras finas de un centímetro y medio de grosor
  • En un mortero o un bol con cuchara, majar el ajo, el jengibre (o galanga), la citronela y la pimienta. Si la citronela es seca, es mejor picarla antes todo lo fina que se pueda con un cuchillo sobre una tabla porque no es fácil de majar
  • En otro bol, mezclar la sal, el azúcar, el curry, la cúrcuma y el polvo de cilantro
  • Poner el pollo en un bol grande y embadurnarlo con la mezcla del mortero. Frotar bien para que la mezcla alcance todas las partes de pollo. Luego, añadir la mezcla de sal, azúcar y especias y frotar otra vez. Para esta parte, yo recomiendo meter las manos en una bolsa de plástico (o usar guantes) porque las especias y el ajo dan un fuerte olor y color a la piel y a las uñas

Kai satee paso a paso

  • Añadir medio vasito de aceite de girasol y volver a embadurnar bien
  • Por último, añadir la mitad de la lata de leche de coco, mezclar, cubrir el bol con papel film y dejar reposar durante 2-3 horas. Esta es la técnica de macerado que hará que el pollo se impregne bien de todos los sabores y esté brutal de bueno
  • Pasado ese tiempo, preparar las brochetas de pollo pinchando y enroscando un poco sobre sí mismas las tiras de pollo en un palito de madera. La carne tiene que ser poca por brocheta y no demasiado gorda porque tardará en cocerse pero debe estar bien apretadita (es más agradable de comer, mantendrá los jugos y la humedad)
  • En este punto yo volví a dejar las brochetas media hora recubriéndolas con la salsa del majado porque tenia tiempo antes de que llegaran los invitados pero no es fundamental
  • Poner a calentar a fuego fuerte una sartén o una olla antiadherente!! No hace falta añadir aceite a la sartén porque el macerado es graso de por sí pero es fundamental que la sartén esté en buen estado para que las brochetas no se peguen y se puedan girar con facilidad. Cocinar unos dos minutos por cada lado. Las brochetas tienen que quedar doraditas, un poco churruscadas por fuera pero sin que se sequen (no hay que exagerar con el tiempo de cocción). Se puede probar una para ver si el pollo está bien cocido pero no confundir la textura húmeda del contramuslo con crudo!
  • Cuando las brochetas estén listas, ir pasandolas a una fuente
  • Volver a poner la misma olla o sartén esta vez a fuego suave. Verter toda la salsa donde se ha macerado el pollo y llevarla a ebullición lentamente sin dejar de remover para que no se pegue (fundamental que la olla sea buena!!)
  • Añadir la crema de cacahuete, el chorrito de nata y la cucharada de salsa kai satee o de pasta de chile  y seguir removiendo. Puede ser que en este punto la salsa se corte (que la parte grasa se separe y se formen grumos). No pasa nada: ahora toca añadir la leche de coco restante y volver a remover. La mezcla se volverà cremosa. La salsa se puede recalentar antes de comer y si se vuelve a cortar basta añadir otro poco de leche de coco o nata
  • En el ùltimo momento, dar un golpe de calor a las brochetas en la sartén y servir con la salsa de cacahuete templada… es una delicia difícil de explicar…

Kai satee listo para comer