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Tarta de manzana, sencilla y perfecta – Scarlett Johansson

Si esta tarta fuera una persona, seria Scarlett Johanson

Esta es una tarta increìblemente sencilla. Asì que este serà un post sencillo, ademàs de un nuevo episodio de la serie: “si este plato fuera una persona, que persona serìa?”. Pues bien, si esta tarta fuera una persona, sin duda alguna serìa Scarlett Johansson. Scarlett Johansson en una pelìcula de Woody Allen. Y no solo por los reflejos rubios…

En primer lugar porque esta tarta es un clàsico que nunca pasa de moda. Un poco como las actrices americanas estilo Marilyn Monroe como Scarlett: ligeramente exhuberantes, petites e increiblemente femeninas. El tipo de mujer que todas escogerìamos ser como segunda opciòn despuès de lo que està de moda. Puede que ahora esté de moda el estilo masculino de Alexa Chung o el rollo italiano de Olivia Palermo, los rollos de canela o los macarons. Pero esta claro que todas como segunda opciòn serìamos Scarlett. O una tarta fina de manzana.

En segundo lugar porque los ingredientes de esta receta son simples pero el equilibrio entre ellos es sublime. La manzana reineta es tan poco sexy que hasta empieza a ser dificil encontrarla en el supermercado. El hojaldre es pura grasa. El huevo batido tiene ese punto en el que visualizas a tu madre rebozando pescado. Y en cambio, como la nariz un poco grande, la cara un poco chata y los ojos un poco separados de Scarlett, juntos, estos ingredientes crean magia.

Por ultimo, y para no pecar de superficial, diré que esta tarta podrìa ser Scarlett Johansson por su personalidad. Desconozco cual es la veradera personalidad de la actriz, me refiero a las caracterìsticas que acomunan a todos los personajes que Woody Allen ha creado para ella. Ese toque un poco naif, aparentemente simplòn pero con un toque sorprendente, àcido. Una mujer sognadora, pero irremediablemente terrena. Aparentemente fràgil y sorprendentemente entera. Exactamente, como esta tarta.

Tarta de manzana lista

Ingredientes:

  • Una base de hojaldre ya estirada
  • 3 manzanas reineta medianas o 2 grandes (la manzana reineta es la manzana fea de aspecto viejuno que no brilla)
  • Un huevo
  • Una cucharada de azùcar

Pasos:

  • Precalentar el horno a 180 grados calor superior e inferior
  • Sobre una bandeja de horno, extender la masa de hojaldre. Esta tarta no gotea asì que no hace falta molde”
  • Picar el hojaldre con un tenedor un poco por todas partes para que el hojaldre no se hinche en el horno
  • Crear un pequegno borde al final de la tarta (aunque es opcional). Yo preparé dos tartas para dos personas distintas. Una con el borde “plegado” hacia dentro y otra simplemente haciendo unos piquitos hacia arriba. Resultò mejor la de los piquitos porque el borde era màs fino y ligero (cuando pliegas el hojaldre sobre sì mismo el resultado es un poco màs burdo)
  • Pelar las manzanas con ayuda de un cuchillo pequegno y afilado o de un pelapatatas. Las manzanas se oxidan muy rapidamente asì que no las peles y cortes hasta que no tengas la base lista!
  • Cortar las manzanas en cuatro trozos de la siguiente manera: primero dos grandes medias lunas en torno al tallo central. Después, cortar los dos trozos que quedan a los lados y que si apoyas sobre la parte plana forman de nuevo dos medias lunas
  • Cortar cada trozo de manzana en lonchas muy finas (como de 2 milìmetros de grosor). Esto es importante para que la tarta se cueza bien y quede crujiente por debajo. Si los trozos de manzana son demasiado gordos, el hojaldre se humedecerà y el trozo de tarta podrìa partirse por el peso
  • Disponer los trozos de manzana en forma de flor desde fuera hacia dentro como se ve en el video. Superponer los trozos ligeramente entre sì para que no se “vea” el hojaldre pero sin apelmazar

  • Batir un huevo y con ayuda de un pincel o un trozo de papel de cocina doblado, pintar generosamente con el huevo toda la manzana y la parte visible del hojaldre (el borde). El huevo en este caso sirve no solo para dar un toque dorado sino también para crear una especie de crema con el lìquido dulce que sueltan las manzanas… esta tarta es lo màs
  • Por ultimo, espolvorear un poco de azùcar por encima. No demasiado, lo justo para que cada trozo de manzana tenga unos granitos para caramelizar y compensar la acidez con un toque màs dulce
  • Hornear durante unos 15-20 minutos a media altura. La tarta esta lista cuando està bien dorada. Bien dorada quiere decir que si se saca la tarta del horno cuando apenas està cogiendo color el hojaldre, probablemente estè crudo por debajo. Hay que esperar a que el hojaldre empieze a dorarse y entonces ser valientes y esperar un poco màs. Eso si, sin alejarse demasiado del horno porque esta tarta se puede quemar ràpidamente. El hojaldre esta perfecto cuando se puede cortar un trozo de tarta y este se mantiene recto, sin plegarse como una pizza blanda.
  • Disfrutar templada o fria, con un vaso de leche o con una bola de helado de vainilla

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Otras recetas de esta serie:

El arte de no comer – La divina marquesa

El arte de no comer

Después del post sobre el arte de la sencillez, este es un post sobre el arte de ser arte y también sobre el arte de no comer. Artista invitada: la divina marquesa Luisa Casati, que en realidad no era artista sino musa de mil artistas, maestra del self-marketing aunque  entonces no se llamaba self-marketing y mala comedora.

Los malos comedores siempre me han fascinado. Recuerdo de niña cuando descubría la cara de aburrimiento de algún amiguito delante de un plato de pasta. El tal amiguito solo pensaba en volver a salir a jugar. Para el la comida era un incordio que había que afrontar por pura obediencia o un vago instinto de supervivencia. Increíble.

Para mí, la comida y la cocina han sido siempre pilares primarios de mi felicidad cotidiana. Si voy a un restaurante no puedo evitar pedir lo más rico, lo más apetecible y lo que es peor, pienso en ello desde antes de salir de casa. Si estoy sola, cocino como si tuviera invitados y si el resultado no me gusta (a veces cocino guarradas terribles) puedo estar de mal humor para el resto del día.

Por eso en este post me apetecía escribir un elogio al arte de no comer, dedicado a esta inquietante mujer de principios de siglo, la divina marquesa y a su muy estrecha sombra. No hablo claro está de elogiar la delgadez y mucho menos la anorexia si no el arte de llenar tanto tu vida de belleza y placeres que los momentos de comida acaban reduciéndose a unos trozos de pera mal cortados y a un par de almendras fugaces.

Así me imagino yo las comidas de la marquesa Luisa Casati. Entre una borrachera y otra. Entre un posado para Boldini y una prueba de un nuevo vestido de Fortuny o el ultimo disfraz de Bakst. Mientras escogía una serpiente con la que decorar su cuerpo desnudo o mandaba disecar a un leopardo para lucirlo a su lado durante la pròxima fiesta. Un par de almendras y un trozo de pera.

Luisa Casati, una evolución

(Mi reconstrucción de la vida de la marquesa o “Cómo nace un personaje”. Desde la marquesa que aun no era marquesa con 18 años hasta el personaje de mística femme fatale ligeramente enloquecida que retrató Man Ray – Son fotos de Google porque las que hice en la exposición eran terribles)

Pero volvamos al principio: la marquesa Luisa Casati no nació marquesa si no riquísima huérfana de industriales milaneses allá por 1881. En 1900 se casó con el marqués Camillo Casati que debió pensar que estaba haciendo un buen negocio y no sabía lo que le esperaba. Tuvieron una hija que no despertó en la marquesa ningún instinto materno y después de conocer a Gabriele d’Annunzio, su amante vitalicio y gran poeta italiano, empezó a diseñar su vida tal y como ella la deseaba.

Luisa empezó por su imagen, quería verse mística y algo inquietante: delgadísima, con los ojos embadurnados de khol y el pelo teñido de rojo fuego, inventó su propio personaje de femme fatale. Además, tenía dinero suficiente para permitirse villas en Capri, palacios en Venecia y viajes a Estados Unidos por lo que dilapidando dilapidando, logró convertirse en la socialitè del momento.

Luisa resultaba irresistible para los artistas de la Belle Epoque, fueran del tipo que fueran: escritores, pintores, fotógrafos, dibujantes, escenógrafos, diseñadores y escultores. Y ella no se contentaba con inspirar si no que llegaba a obligarles a inmortalizarla, ansiosa por descubrir un reflejo más, el enésimo matiz de su propio yo-personaje a través de ojos que tuvieran el don de ver y crear arte.

La “divina marquesa” como la llamaban murió de vejez en un cuchitril de Londres a los 77 años prácticamente en la indigencia. No quedaba nada de su fortuna infantil pero, como rezaba su epitafio, la edad no consiguió marchitarla ni la costumbre consiguió debilitar la versatilidad que había en ella. Murió acompañada por un pequeño grupito de “fans” que aún veían en ella la luz del arte. Y quién sabe, quizás antes de morir mordisqueara distraídamente un trozo de pera y un par de almendras.

Venecia

(La exposición La divina marchesa, Arte e vita di Luisa Casati dalla Belle Epoque agli Anni folli està en Venecia hasta el 8 de marzo de 2015. Hacía mucho que no iba a Venecia y el reencuentro no ha podido ser mejor… también Venecia es experta en el arte de ser arte) 

Rigatoni cacio e pepe – el arte de la sencillez

marion y el cacio e pepe

Sabéis esas mujeres que hasta vestidas con un saco están espléndidas? Sin maquillaje (o eso parece), con un peinado deliciosamente despreocupado y esa mirada misteriosa y segura de sí misma? Mujeres que dominan el arte de la sencillez, o sea, el de la perfección sin esfuerzo.

Evidentemente, yo no soy una de esas mujeres. Cuando me visto con un saco (o con un chándal o un jersey dado de sí que viene a ser lo mismo) parece efectivamente que me he vestido con un saco. Cuando me esfuerzo, en cambio, acabo maquillada como una puerta y cubierta de complementos desparejados.

Mi única esperanza es la cocina donde la sencillez está a la mano de cualquiera. Con unos pocos ingredientes (a menudo básicos y baratos) y la magia de la física y la química se pueden crear exquisiteces que nunca imaginarías y que a mí me sorprenden de cada vez. Pequeñas perfecciones sin esfuerzo.

Uno de los platos que mejor representan para mí el arte de la sencillez es esta receta de la tradición romana. La “cacio e pepe”. Pasta, agua, queso de oveja (cacio) y pimienta (pepe). No hace falta más para crear una pasta perfecta con una salsa de queso cremosa y deliciosa que en mi opinión deja a la carbonara con dudas existenciales.

La receta tradicional se prepara con “tonnarelli”, una pasta larga, gruesa y ligeramente angulosa. Perfect match, aunque a mí me gusta también con rigatoni (los de la foto) porque me recuerda mis tiempos en Roma. Y es que en los días de diario, las trattorie romanas sirven solo pasta corta para que nadie se manche la corbata (y para que la cocinera no se vuelva loca).

 la cremita del cacio e pepe

Ingredientes (para una persona)

  • 100 gramos de pasta (tonnarelli, rigatoni o mezze maniche son mis preferidos)
  • 40 gramos de queso caccio (pecorino romano o queso de oveja curado)
  • 50 ml de agua de cocción de pasta
  • Pimienta negra recién molida

Pasos

  • Poner a hervir el agua de la pasta. Cuando rompa a hervir, salar con cuidado (media cucharada rasa de sal si se cocina en cazo pequegno para uno, Una cucharada colma para una olla grande de 4 personas. Probar el agua. Tiene que saber saladito pero no demasiado. Este punto es importante porque luego se usa la misma agua para la salsa y el queso ya es salado de por sì.
  • Cuando el agua salada vuelva a hervir, añadir la pasta
  • Mientras, rallar 40 gramos de pecorino y espolvorear una buena cantidad de pimienta negra recién molida (como una cucharada de café entera)
  • Cuando falte poco para que la pasta esté lista, colocar un cazo en el fregadero y poner el colador de pasta encima. Colar la pasta asegurándose de que una buena parte del agua de cocción cae dentro del cazo.
  • Devolver la pasta a la olla sobre el fuego apagado! No importa si la pasta gotea o está húmeda. Añadir el queso rallado y el agua. Remover, hay que tener paciencia y remover con cuidado (sin romper la pasta) pero con constancia. Al principio no lo parece, se ven grumos líquidos, pero el agua + queso + gluten de la pasta harán milagros en unos minutos
  • Después de un par de minutos, aparecerà una cremita blanca en la base de la olla y en torno a la pasta. Remover un poco màs hasta que toda la pasta esté bien impregnada y servir ràpidamente para que no se enfrìe.
  • Disfrutar con un toque extra de pimienta y queso rallado

Rigatoni cacio e pepe listos para comer