El postre más light del mundo (sí, más que la fruta) – Fin de la temporada de bodas

Frambuesa engelatinada

La temporada de bodas regala muchas alegrías:

  • Te alegras por los novios mientras te preguntas porqué todo el mundo parece más adulto que tu y qué estas haciendo mal para no estar todavía en ese codiciado momento vital
  • Te alegras por los novios mientras corres al aeropuerto sin aliento, el viernes por la tarde desde el trabajo, bajo la mirada escéptica de tu jefe que parece decir “no cuela, nadie tiene seis matrimonios en un año, tu te estás yendo a la playa
  • Y te alegras por la novia, a la que han diseñado un vestido a medida, mientras desempolvas los vestidos “elegantes” de la temporada pasada y te das cuenta de que simplemente no te caben.

(Por cierto, la tarea de encontrar vestido para una boda es doblemente difícil en Italia, donde el color blanco esta prohibido – por evidentes motivos – pero también el rojo – considerado el color de la amante, yo lo elegí muy astutamente para la boda en la que conocí a toda la familia de mi novio, yeah – el negro porque es de mal augurio y hasta el oro y el violeta he leído por ahí, no me preguntéis porqué).

Desde que vivo en Italia, y ya llevo cuatro años, he cogido un kilo por año. También llevo cuatro años preguntàndome: còmo es posible?? Si yo controlo! Serà la pasta, serà la pizza, serà la maldita costumbre de los italianos de no compartir que me lleva a pedir siempre el doble para probar màs cosas… Hasta que una app y un libro chusquero de aeropuerto (lo mejor de viajar a tanta boda son las librerías de aeropuerto) me han abierto los ojos. Y asì empieza este post, un mal cruce entre Wired y las últimas páginas del Lecturas…

La app se llama Myfitnesspal y básicamente te ayuda a contar las calorías ingeridas por día y por semana. Nada nuevo, pero es una app muy fácil de usar porque tiene una super base de datos echa por gorditas de todo el mundo. Usándola te das cuenta de que, por mucho que pienses que “controlas”, en realidad no controlas nada. Y si sumas de verdad todo lo que comes en un dìa (pero de verdad, incluido el mordisco a un pan y el aceite de la ensalada), las calorìas finales son a menudo muchas màs de las que uno ingenuamente piensa.

Y aquì es donde entra el libro chusquero de aeropuerto con su tablita para calcular las calorìas medias que consumimos al dìa en base a nuestro sexo, edad y actividad fìsica. Triste confirmación de las sospechas. Porque al final no hay mucho misterio: para no engordar un poquito cada dìa, lo que comes tiene que ser igual a lo que gastas (o menos, claro) . Y yo desde que trabajo he seguido comiendo como cuando estaba en la universidad, cuando era jovenzuela y activa y no tenía bodas cada dos por tres en las que cebarme a lo bacanal romana.

TABLA PARA CALCULAR EL CONSUMO DIARIO DE CALORìAS (OMS)
Edad Hombre Mujer
18 a 30 años (15,3 x peso) + 679 (14,7 x peso) + 496
30 a 60 años (11,6 x peso) + 879 (8,7 x peso) + 829
Màs de 60 años (13,5 x peso) + 487 (10,5 x peso) + 596
Calorìas consumidas diariamente: Resultado x 1,34 (indice de actividad muy ligera)

Total, que o me mato en el gimnasio o empiezo a comer más como una señorita y menos como una excavadora, el mensaje me ha quedado claro. Adiòs pues, 2000 calorías al día, fuisteis maravillosas compañeras de viaje. Y para empezar a recortar? Un truco que me parece buenísimo es tomar de postre gelatina hecha en casa.

La gelatina está de moda!!!! No? No sé… Si no lo está debería estarlo. Es brillante y bonita, es retro y entretiene mucho más que un zumo. Ademàs, tiene la mitad de calorías, entre 20 y 40 por porción. Esta claro que no puede sustituir a la fruta, pero la fruta al parecer es mejor comerla entre horas. Aquí dejo pues una receta base de gelatina preparada con zumo de grosellas de Ikea, aunque es mejor encontrar zumos 100% fruta. Otro de mis preferidos para esta receta, menos intenso y cansino, es el zumo de manzana con unas gotas de edulcorante.

Gelatina making-of

Ingredientes para 4-5 porciones:

  • 250 ml de agua
  • 250 ml de zumo de frutas (cuanta más proporción de fruta y menos azúcar, mejor)
  • Un paquete de hojas de gelatina neutra (ver proporciones en el paquete, pero normalmente es un paquete por cada 500ml)
  • Opcional: 3 o 4 gotas de edulcorante (sobretodo si el zumo tiene poco azúcar o es 100% fruta)
  • Opcional: frambuesas, grosellas, moras, trozos de fruta

Pasos

  • Sumergir las hojas de gelatina en un cuenco grande con agua fría (durante 10 minutos más o menos)
  • Mientras, mezclar el agua y el zumo en un cazo y calentar a fuego fuerte hasta que casi hierva
  • Pasados los 10 minutos, quitar el zumo del fuego, incorporar las hojas de gelatina humedecidas y escurridas con las manos y mezclar hasta que se disuelvan del todo
  • Verter la mezcla en 4-5 moldes, cuanto más bajos y pequeños sean, antes cuajará la gelatina
  • Añadir los trocitos de fruta (yo uso frambuesas que congelo en cuanto las compro y uso para helados como este)
  • Meter en la nevera, mínimo un par de horas
  • Disfrutar sin sentimiento de culpa (fin de post Lecturas)

Gelatina de grosellas con frambuesas

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Chutney de mango – salsa digna de gnomos y de reyes magos…

 poppadom con chutney y yogur

Hace mucho tiempo, debía tener unos 6 años, paseando con mi madre por un parque me puse a recoger semillas de bellota. Mi madre, muy gallega y de familia numerosa (y por lo tanto fantasiosa), me susurró al oído que con la cabeza de las bellotas, los gnomos fabricaban tazones para la leche.

Para qué quieres más. Que quienes son los gnomos. Que porqué no los vemos. Que dónde viven y que qué comen. Y que si crees, mamá, que les gustaría tener un ajuar de tazas completo. Mi madre me contó entonces que la mayor parte de los gnomos vivían en el campo pero que también tenían primos en la ciudad, en Madrid, y que podía probar a hacerles un regalo.

Pasé esa noche pintando cabezas de bellota con esmalte de uñas y limando la base para que las “tazas” se apoyaran. Ya puestos, recorté trozos de una camiseta y les hice a los gnomos de ciudad un set de toallas 10x5cm y 3x2cm. Dejé el set sobre el piano de casa junto con una nota en la que les transmitía mis mejores deseos y mis ganas de conocerlos y me fui a dormir nerviosa como un flan.

Empezó así me relación epistolar (y de intercambio de regalos) con los gnomos. Y es que los cabrones me respondían, claro que me respondían. No siempre, pero eso lo hacía aun más emocionante, y cuando contestaban lo hacían a través de unas maravillosas cartas miniatùricas del tamaño de un sacapuntas escritas con el finísimo portaminas que mi hermana Tati usaba para dibujar…

Todo esto para decir que, entre el perfeccionismo de los gnomos, mi fantasía celta heredada y la responsabilidad como hija pequeña de mantener el espíritu mágico familiar, yo creí en todo lo que se podía creer hasta la venerable edad de 12 años. Ese año, se destapó un poco todo, yo perdí un kilo de inocencia y acepté a mi pesar que tendría que canalizar mi pasión DIY hacia un público más real.

Uno de mis primeros regalos de reyes DIY de bajo presupuesto fue precisamente un botecito de chutney de mango casero para cada hermana. El chutney es una salsa india que se sirve para acompañar el curry o los entrantes tipo samosas o poppadoms, a menudo junto a otra salsa más ligera de menta y yogur. Yo la descubrí por primera vez en el Annapurna, un restaurante indio donde celebrábamos grandes momentos familiares y del que recuerdo el color salmón omnipresente y el coctel “San Francisco” de bienvenida.

Por cierto, si os da pereza cocinar, podéis probar el Chutney de mango de la marca Sharwoods, una marca histórica inglesa, que está buenísimo y que en mi casa hemos usado siempre con el pollo barbacoa.

chutney making of

Ingredientes:

  • 1 mango grande o dos mangos pequeños, no demasiado maduro (primer error de mi ultima receta, con el mango demasiado maduro se pierde el placer de los trocitos fibrosos en la salsa y parte de la acidez natural de la fruta)
  • Medio vaso de azúcar moreno o de caña
  • Un chorro de vinagre blanco
  • 1cm de jengibre fresco rallado
  • Chile picante (depende de lo que pique, yo use un centímetro de mis chiles del balcón)
  • Mix de especias: ½ cucharadita de comino, ½ cucharadita de semillas de hinojo, ½ cucharadita de semillas de mostaza, ½ cucharadita de semillas de fenogreco y ½ cucharadita de mezcla garam massala. Lo más importante diría que es el comino y el hinojo
  • Un chorrito de aceite
  • Sal (si necesario)
  • Para acompañar: samosas o poppadoms (los venden en tiendas especializadas congelados)

Los poppadoms son unas tortillas muy molonas hechas con harina de garbanzo o de lentejas que te venden en formato rígido y que en contacto con calor semi-directo (una llama) se rizan, burbujean y se cocinan. Se convierten en un snack crujiente buenísimo, con un ligero aroma a comino.

Pasos:

  • Medir los ingredientes, trocear el chile y el jengibre en trozos muy muy pequeños y pelar el mango
  • Cortar el mango en cubitos (si está poco maduro, hay que tener particular cuidado para no hacerse daño, controlando que el mango esté bien apoyado sobre la superficie y que las manos estén al seguro antes de hacer fuerza con el cuchillo para cortar, hay que poner cabeza para cortar un mango evitando el hueso central)
  • En una olla pequeña a fuego fuerte, echar un chorro de aceite, el jengibre, el chile y las especias. Dejar tostar la mezcla uno o dos minutos para que liberen todo su aroma, controlando que no se quemen
  • Añadir el mango troceado, el azúcar y el vinagre y remover bien
  • Tapar y dejar cocinar bajando el fuego a fuego medio durante unos 15 minutos
  • Probar de vez en cuando, dejando enfriar un momento la mezcla en la cuchara para que se noten bien los sabores y porque el azúcar quema mucho. Corregir de sal, acidez, especias o dulzor, las proporciones son orientativas pero dependen mucho del tamaño del mando, de su dulzor y sabor
  • Dejar enfriar el chutney un poco en la olla y luego pasar a un bote de mermelada si no se va a usar directamente (dura  unos cuantos días, más cuanto más azúcar se le eche y si se esteriliza el bote). Està màs rico un poco frío y solidificado en la nevera
  • Usar para acompañar fritos asiáticos, junto con una salsa de yogur y menta triturada

mango listo para cocinar

Costillas con anís estrellado – fiestas en el jardín

 Costillas de cerdo con anìs

El jardín a oscuras, tan a oscuras que no se distinguían elementos o distancias sino multitud de tonalidades de negro. El negro rojizo de las azaleas que crecían contra la pared norte. El negro claro de las piedras dibujando un caminito sobre la hierba negra. El negro azulado del agua en la piscina.

Llegaban hasta el jardín los ruidos educados de un barrio residencial en verano. Conversaciones animadas y el eco de suelas de sandalia paseando al fresco calle arriba y calle abajo, al otro lado de la pared de arbustos. Me imaginaba a los paseantes curioseando por los huequillos, al otro lado, preguntándose como sería mi jardín a oscuras.

Entonces, el ruido mecánico y sordo de circuitos eléctricos, un viaje de cables que partían de la caja de fusibles y viajaban bajo la hierba negra. Y el jardín entero resplandecía con el reflejo azulado e irreal de la piscina encendida, increíblemente brillante por la potencia un poco excesiva de los focos sumergidos bajo el agua. Empezaba así la fiesta. Una de tantas.

Recuerdo estas fiestas como borracheras. Ebria de estímulos: de azúcares y grasas, de la cafeína de las cocacolas y el olor ahumado de la barbacoa, de música noventera un poco distorsionada por el volumen demasiado alto. Recuerdo muchas caras que me sonreían, invitados que me dedicaban unos minutos de conversación, divertidos. Yo tenía unos 10 años, mis hermanas y sus amigos rondaban los veinte.

En esas fiestas de mis hermanas se comían muchas cosas (en mi casa siempre se ha comido mucho) pero por algún motivo recuerdo sólo y por encima de todo el olor exótico y dulzón del anís estrellado. Impregnando el día desde por la mañana: anís en el cajón de las especias, anís en las manos de mi hermana que masajeaba las costillas, anís en el aire azul brillante del jardín por la noche. Anís que me sabe aùn hoy a infancia emocionante.

Costillas con anìs making of

Ingredientes para 4 personas

  • Un kilo y medio de costillas de cerdo de calidad (se puede pedir al carnicero que las corte). También se pueden desgrasar un poco si hay partes con mucha grasa
  • Medio vaso de aceite
  • 5 cucharadas de salsa de soja
  • Medio vaso de estrellas de anís estrellado o badiana
  • 2 cucharadas de postre de jengibre en polvo
  • Una cucharada de miel

Para esta receta hacen falta por lo menos 6 horas (al menos 4 de macerado y un par de cocina)

Estas costillas están buenísimas con arroz basmati (Poniendo en un cazo el arroz a tostar un par de minutos sin nada, añandiendo el doble de agua que de arroz, salando y dejando hervir a fuego lento con la tapa casi cerrada y sin remover. En 10 minutos, el agua se evapora, hay que probar y si el arroz está casi pero queda un pelìn de humedad, dejar tapado con fuego apagado otros 5 minutos. Si está un poco pasado: sacar del cazo y dejar enfriar en un cuenco. Si le falta, añadir un chorrito de agua y dejar cocinar otro par de minutos más el reposo con fuego apagado de otros cinco. Riquìsimo con un par de semillas de cardamomo en el agua)

Pasos:

  • Poner las costillas limpiadas y cortadas en una bandeja de horno profunda
  • En un mortero o en un molinillo de café moler las estrellas de anís hasta que se forme un polvo con algunos trocitos un poco más enteros
  • En un cuenco, mezclar el aceite, la soja, el jengibre, el anís y la miel hasta que todo se disuelva junto
  • Con las manos, embadurnar las costillas con la mezcla de especias por todos los lados. Colocar en la fuente de horno y cubrir bien con papel film (importante para que todo el olor se quede atrapado y además no invada la nevera)
  • Dejar reposar en la nevera al menos 4 horas pero mejor si es todo el dìa o toda una noche
  • Calentar el horno a 180 grados calor superior e inferior o aire caliente
  • Colocar las costillas bien separadas entre sì (en la misma bandeja o en otra si no caben). Hornear durante unos 20 minutos con papel albal por encima y otros 20 minutos destapadas. En esta fase se pueden dar la vuelta a mitad cocción (después de 10 minutos destapadas) para que se doren por el otro lado
  • Si se preparan en la barbacoa el proceso es parecido, unos 40 minutos dando la vuelta a las costillas una vez para que se caramelicen por los dos lados y poniéndolas en la parte externa de la parrilla para que no se quemen demasiado
  • Comer calientes o frías, están buenísimas de cualquier forma

Anìs estrellado o badiana

Berenjenas al horno con miso – Corta receta, larga obsesión

berenjenas con miso

Hay recetas cortas y recetas muy muy cortas. Esta es una de ellas. Lo más largo de esta receta es el tiempo que he pasado obsesionada con las malditas berenjenas con miso (hay gente que se obsesiona con el amor, yo me obsesiono con las berenjenas. En realidad me obsesiono con todo, hortalizas incluidas).

El principal motivo de mi larga obsesión ha sido lo mucho que he tardado en encontrar el famoso “shiro miso” o miso blanco en Milán desde aquel momento mágico en el que probé por primera vez las berenjenas gratinadas con miso en un restaurante japonés.

Tardé tanto en encontrarlo que en un momento de desesperación intenté preparar las berenjenas con miso rojo (el que se usa para preparar la sopa miso, mucho más fácil de encontrar). No os lo recomiendo. Es como.. es como… como poner una verdura a salar durante 6 meses para luego recubrirla con concentrado Avecrem.

Al final encontré el miso blanco en una tienda bio al módico precio de 7,98 euros, 300 gramos. Todo listo?? En realidad ya no me quedaban berenjenas en casa y tuve que esperar al mercado del sábado para comprarlas. Y si había esperado tanto,  qué era una semana más? Pues fue la semana que pasaron las berenjenas en la nevera hasta que conseguì cenar en casa.

En definitiva, aquí acaba la larga historia de esta muy corta receta. Con las berenjenas (algo más rechumidas que cuando las compré) embadurnadas de miso y en el horno y mi obsesión a punto de ser satisfecha. Taaaan satisfecha. La pulpa caliente de la berenjena cocinada en este modo es casi cremosa y se impregna del aroma ahumado que desprende el miso. Sobre la capita gratinada que se forme en el exterior, un poco dulce, un poco salada, diré solo que es maravillosamente “umami“.

berenjenas con miso, making of

Ingredientes

Pasos

  • Poner a calentar el horno a 200°C calor superior e inferior o superior con aire
  • Limpiar las berenjenas y cortarlas por la mitad en vertical
  • Embadurnar la carne expuesta de la berenjena con miso (una cucharada o dos bastan por mitad)
  • Meter en el horno y hornear durante unos 20 minutos o hasta que la pasta miso coja un bonito color anaranjado con algunas partes más churruscadas
  • Única complicación: si las berenjenas son muy gordas quizás convenga meterlas más tiempo en el horno a una temperatura inferior ( tipo 170-180°C durante 20 minutos) y luego subir la temperatura para gratinar la superficie otros 10 minutos (para evitar que el miso se pueda quemar y el interior de la berenjena quede crudo)
  • Otra opción: cortar la carne de la berenjena ligeramente (sin llegar hasta el final) en diagonal o en dos diagonales cruzadas antes de impregnar el miso para que el sabor penetre mejor
  • Comer caliente, espolvoreado con semillas de sésamo y con una cucharita de madera para un efecto 100% japonés

Tartaletas de ruibarbo – por fin, ese gran desconocido

tartaletas de ruibarbo y flores

Demasiado corto o demasiado largo. Demasiado extraño o demasiado común. Odiar el propio nombre es un clásico, tanto como odiar el propio pelo. Y como con el pelo, de pequeño te gusta, luego empiezas a odiarlo y al final lo haces tuyo.

Yo me llamo Bárbara porque a mi madre no le encantaba su propio nombre. María Fernanda Beatriz Bárbara, así se llama mi madre. Y el único de todos sus nombres que le gustaba a la pobre era el último, el que nunca pudo usar.

Mi padre quería llamarme Lola pero entonces, para llamarte Lola, tenías que llamarte Dolores y mi madre se negó en rotundo. Le parecía de mal augurio, como si el proprio nombre tuviera un cierto poder sobre tu vida.

Este fin de semana estuve en un bautizo y justo la mamá había escrito un discurso precioso para su bebé en el que le explicaba porqué habían escogido para el su nombre, Arturo, un nombre con personalidad, de persona sabia y valiente.

Superstición aparte, nuestro nombre sin duda está cargado del amor y de las buenas intenciones de nuestros padres. Por como suena, por lo que recuerda, por lo que significa. Como en El buen nombre, de Jhumpa Lahiri. Un libro que no me canso de recomendar.

El mayor problema con mi nombre (aparte del hecho de que, después de haber aprendido a apreciar su originalidad en España, me he encontrado en Italia con que la mitad de la población de entre 40 y 50 años se llama como yo) ha sido la dificultad para acortarlo.

No pudiendo acortarlo, mis amigas, hermanas y sobrinas se han dedicado a alargarlo, girarlo y complicarlo. Ruibarbo y Barbacoa son mis motes preferidos, como no, nombres de comida. Y por fin, después de 28 años, ha caído un ruibarbo entre mis manos!

Que si está bueno? Pues la verdad, es una especie de apio con menos sabor a sopa y más dulce pero con el mismo toque un poco ácido y como a tierra. El mundo no se perdería mucho sin el ruibarbo, en mi opinión, si no fuera por su color que tiñe lo que toca y mola todo.

He aquí mi primera receta con el famoso ruibarbo. Quién sabe si habrá màs…

tartaleta making of

Ingredientes:

Pasos:

  • Antes de empezar, una observación útil: el ruibarbo es un tallo muy fibroso. Por ese motivo, la forma en la que monté yo las tartaletas, aunque muy bonita, es muy poco cómoda a la hora de morder porque la tartaleta se desmonta. Además, el ruibarbo, infiltrando la crema, suelta un agüilla que la corta un poco (está bueno, pero menos bonito). Para otra vez aconsejo montar la tartaleta como en este blog
  • Calentar el horno a 180°C calor superior e inferior o aire caliente
  • Abrir el paquete de masa brisa o prepararla a mano con la receta del link anterior. Untar con mantequilla y espolvorear con harina el molde y posar la masa delicadamente, pegándola bien a los bordes
  • Poner la masa en el horno hasta que coja color y se seque un poco (no más de 10 minutos). Hay que estar atento porque se quema facilmente! sacar del horno y reservar sin apagar el horno
  • Mientras, con un cuchillo afilado cortar tiras muy finitas del ruibarbo (para la forma de rosa que he preparado yo) o cortes diagonales más cortitos pero igual de finos para hacer la forma de “pétalos” (la que aconsejo)
  • Poner los pétalos o las tiras en un bol, espolvorear con dos cucharadas de azúcar, remover un poco y dejar macerar durante unos 15 minutos
  • (Opcional) Con los recortes de ruibarbo, poner un cacito al fuego con el agua y tres o cuatro cucharadas de azúcar. Dejar cocinar a fuego medio. Se irá formando un sirope suave de color rosa a medida que evapora el agua, acidito y muy rico. Estará listo cuando tenga una consistencia líquida pero viscosa (se mueva lento al mover el cazo)
  • Mientras, preparar la crema pastelera con esta receta
  • Cuando la crema esté templada, colocarla sobre la base horneada hasta una altura de un centímetro más o menos (si es más alto no se verán las tiras de ruibarbo que dan la forma de rosa. Para la forma en pétalos se puede poner más crema porque los pétalos van apoyados por encima.
  • Colocar las tiras de ruibarbo en vertical enrolladas sobre sì mismas empezando desde el exterior (para la forma de rosa) o apoyadas delicadamente sobre la masa (para la forma en pètalos). Para la rosa, las tiras se tienen que apoyar en la base de la tartaleta y quedar un par de milímetros por fuera de la crema pastelera para que se vean. Espolvorear con un poco de azúcar para que ayude a caramelizar en el horno
  • Meter en el horno a 180°C durante unos 15 minutos, hasta que la crema cuaje alrededor del ruibarbo, que irá soltando un poco de líquido y se dorarà ligeramente
  • Sacar del horno, dejar enfriar un poco, pintar con el sirope rosado y disfrutar!

tartaleta de ruibarbo