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Epic fails navideños

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Que porqué llevo tanto tiempo sin publicar? Muy fácil: porque me he dado a la repostería navideña. Y es bien sabido que no tengo mano para esto. Hablo de recetas con levadura, claro, maldita levadura. Pensaba dejar pasar otra semana más sin publicar hasta que me saliera algo decente pero, oye, esto también es cocina!

Al fin y al cabo, ¿quién no ha preparado alguna vez guarradas improponibles que solo se come tu novio repitiendo lo rico que te ha salido pero que está muy lleno y no puede con más? Si alguien se lo come, es comida, aunque para que se lo coma haya que atarlo a una silla y colocarle una pinza en la nariz. Comido, check!

Estos han sido mis dos fails más sonados. Si tuviera que sacar algún aprendizaje de esto creo que sería que la repostería necesita calma y perfeccionismo, cualidades con las que no nací. Además, sospecho que para que quede bonita y “posteable” tienes que olvidarte de tu vida normal y preparar las recetas pensando sólo en la foto y a eso me niego. Yo cocino cosas que me vaya a comer y a una hora lógica!

¿Seguiré enfrentàndome a retos absurdos y por lo tanto no nos veremos hasta después de Navidad? Quién sabe… Por si acaso, felices fiestas!

Epic fail #1: Panettone gastronómico de Ernst Knam (Bake-off Italia)

(En mi defensa diré que el de la foto es comprado y rellenado, aquì el link)

Emapandillalbondiga krapfen

  • Explicaciòn: el panettone gastronómico es una cosa super kitch y viejuna que se ha vuelto a poner de moda en Milan porque aquí todo lo viejuno ahora es hipster. Es un bollo enorme con forma de panettone pero de sabor neutro que se corta en discos, se rellena a dos a dos y finalmente se corta en cuartos para hacer pisos de sandwichitos salados. Como me podía resistir???
  • Porquè (sospecho) que la he liado:
    • Por querer jugar a la concursante de Bake-off, yo sola en mi cocina, y seguir la receta misteriosa del buen Ernst sin profundizar en la materia (era la receta exacta que dan a los concursantes, o sea, con pasos sin explicar)
    • Por usar levadura viva en vez de seca (idem, por no profundizar)
    • Por irme al gimnasio en medio de una levitación y dejarla tanto tiempo que acabó por bajarse
  • Resultado: Dos míseros pisos en vez de cinco, un regustillo a levadura viva y ni rastro de la famosa “cúpula” del panettone que existió en algún momento pero desapareció mientras estaba en el gimnasio.
  • Què estuvo bien: El piso relleno de huevo, mayonesa y pepinillo. Un viaje a la infancia.
  • Lo repetiré: Me temo que sì, es demasiado guay para no probar otra vez. Con tiempo, sin ir al gimnasio entre medias y con rellenos más currados.

Epic fail #2: Krapfen de caja (ni siquiera con truco me salieron)

(Foto de los Krapfen buenos: pàgina en un idioma que desconozco)

Epic fail krapfen

  • Explicaciòn: los Krapfen son un dulce tìpico de la zona norte de Italia/Sur de Austria y Alemania muy parecidos a los donuts pero sin agujero. Se pueden tomar solos o rellenos de cremas (mis preferidos son los de crema pastelera). Una bomba calórica, por supuesto. En Navidad están por todas partes, razón por la que tuve la idea feliz de prepararlos en casa…
  • Porquè (sospecho) que la he liado:
    • Por cocinar contrarreloj y sin luz (hay días en Milan en los que simplemente no hay luz, da igual la hora que sea). Tenía comida con amigas a la una y empecé a cocinarlos a las 11… estaba claro que no iba a salir bien 🙂
    • Por no pensar con cabeza y dejarme llevar por la receta simplificada de la caja (tipo: “Apoye las bolitas sobre papel encerado”… En esa frase falta claramente el aceite que hay que poner entre papel y bolita para que no se pegue!!)
  • Resultado: una especie de albondigo-empanadilla grasienta con aroma a krapfen industrial
  • Qué estuvo bien: ehhh… el azúcar glass?
  • Lo repetirè: No, ni de coña. No vale las calorías. Me bajo al bar…

Panettone de cerca

Los mejores bagels neoyorkinos – Comimerienda de primavera


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Ahora sí, ya ha llegado la primavera!!! Y la recibí como se merece: sentada en la última mesa libre de una terraza al sol, con los ojos entrecerrados y dando pequeños sorbos de placer a la primera cerveza “outdoors” del año. Con una sonrisa estúpida en la cara, la nariz en alto creyendo captar en al aire un sutil (muy sutil) olor a flores y repitiéndome a mí misma que había sido una buena idea salir sin abrigo, sobre todo en cuanto se apartaran del sol esas nubes.

También quise recibirla con un brunch al estilo neoyorkino aunque desde el principio se veía venir que el brunch iba ser más bien una “comimerienda” de las 4 de la tarde. Y es que uno no puede levantarse un domingo a las 11 para preparar bagels caseros y tampoco debería enredarse en la primera terraza al sol que se te cruza en el camino al salir a por salmón. Falta de orden mental que diría mi madre… y según ella “la cocina es ante todo orden mental”.

En cualquier caso, la comimerienda fue un éxito. Con esta receta de bagels se perdona casi cualquier cosa, es sencillamente perfecta. También es laboriosa pero no difícil y como ocurre con todas las masas y la levadura, sabes cuando empiezas pero no cuando vas a terminar. Aun así, el resultado final vale la pena: un maravilloso bagel neoyorkino que de tan bueno parece industrial 🙂 Con un sabor a pan muy auténtico y ese toque chicloso de un bagel “comme il faut”.

Ricos bagels variados

Ingredientes (para 8 bagels medianos)

  • 2 cucharadas de levadura activa (la húmeda, como la que venden en Carrefour en cubitos)
  • 1 cucharada y media de azúcar blanco
  • 1 y ¼ taza de agua tibia (depende de la humedad ambiental, en Madrid me hizo falta 1 y ½)
  • 500 gramos de harina para pan (harina de fuerza, tipo 0,0. No es fácil de encontrar pero es esencial, con harina normal no sale)
  • 1 cucharadita y media de sal
  • Toppings: semillas de sésamo, de amapola, cebolla frita de Ikea, sal maldon…

Pasos:

1. En ½ taza de agua tibia, juntar el azúcar y la levadura. No remover. Dejar reposar durante cinco minutos y luego mezclar hasta que el azúcar y la levadura se hayan disuelto en el agua.

2. Mezclar la harina y la sal en un bol grande. Crear un hueco en el centro y verter la mezcla de levadura y azúcar.

3. Añadir el resto de agua tibia, mezclar y añadir hasta ¼ de taza más si necesario. La masa tiene que ser húmeda pero firme

4. En una encimera, amasar durante 10 minutos hasta que la masa esté suave y elástica pero firme. Un buen método es lanzarla desde lo alto con fuerza sobre la encimera, plegarla sobre sí misma y repetir. Al final, formar una bola con la masa

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5. Pintar un bol grande con aceite, colocar la bola dentro, tapar con una paño húmedo y dejar reposar una hora en un lugar cálido. Tiene que subir hasta doblar su tamaño (yo la dejé tres horas porque me enredé en una terraza y tampoco pasó nada). Dar un par de puñetazos a la masa y dejar reposar otros 10 minutos (yo la dejé media hora, en mi casa todo tarda más en levantar).

6. Dividir la masa en ocho partes. Dar a cada trozo una forma de bola redonda (es importante que sea una bola lisa, si no el bagel tendrá pliegues. Un buen método es suavizar la pelota con la mano contra la encimera, como acariciándola con fuerza, suave por arriba y con fuerza por abajo.

7. Meter un dedo en el medio de la masa y estirar hasta formar un agujero de la mitad del diámetro de la bola.

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8. Colocar en una bandeja de horno ligeramente engrasada, cubrir con un paño de cocina húmedo y dejar reposar otros 10 minutos (media hora en mi opinión). Mientras, precalentar el horno a 200ºC, calor inferior y superior.

9. En una olla grande, poner agua a hervir, bajar la temperatura y hundir los bagels en el agua. Hay que hervirlos un minuto por cada lado o dos minutos para un efecto más chicloso (más neoyorkino). En este blog los hierven en agua con azúcar, yo no lo he probado pero seguro que está buenísimo también.

10. Colocar otra vez sobre la bandeja de horno, pintar con huevo y añadir los toppings que se quiera.

11. Meter en el horno durante 20 minutos hasta que estén dorados

12. Dejar enfriar sobre una rejilla, cortar, rellenar con lo que se quiera y disfrutar

La primera receta del año: pandoro

Pandoro listo para comer

El 2013 me ha pillado, literalmente, con las manos en la masa. Y ha sido una experiencia preciosa que intentaré recordar durante el resto del año. Empecé a preparar esta receta a las 5 de la tarde del 31 de diciembre y estuvo lista al día siguiente, 1 de enero, a las 3. Fueron necesarias casi veinticuatro horas, un día entero a caballo entre un año y otro, para convertir con mucho esfuerzo y paciencia unos pocos ingredientes en un bollo riquísimo para compartir con mi familia.

Estoy muy contenta porque esta es la primera masa “leudada” que me sale. Desde luego no es la primera que preparo. Mil veces he probado a hacer brioches y panes y mil veces he fracasado en el intento. Hasta que acepté que los polvitos blancos que Royal llama levadura no valen y que para que una masa cuadriplique su tamaño hace falta levadura de verdad, levadura viva, la de panadería.

Y es cierto que esta receta tiene algo de ser vivo, como un bebé. Primero mezclas un poco de harina, un poco de levadura, un poco de leche, un poco de azúcar. Y de verdad huele a vida. Luego esperas y crece. Amasas, miras, hueles, cubres. Vuelves a mirar, te preocupas, te intentas distraer, coges un libro. Piensas que no debería tardar tanto en subir, que te has debido equivocar en algo. Finalmente empieza a levantar y te ilusionas. Añades ingredientes. Lo vuelves a amasar, lo vuelves a tapar. Tocas el radiador para ver si está caliente. Al llegar la noche lo metes en la nevera y ya está fuera de tu control. Solo puedes esperar lo mejor… y seguir los pasos al día siguiente sin tener nunca muy claro del todo si va a salir bien.

Masa de pandoro

Si tuviera que escoger una receta para representar el comienzo de un nuevo año, sin duda escogería esta (y no porque sea Navideña y venga muy a cuento :)). En serio, creo que simboliza muy bien las ganas y la ilusión que todos deberíamos tener al empezar un nuevo año. Los miedos y las dudas que hay que superar por el camino, el esfuerzo y el amor que hay que aportar a cada paso, muchas veces a ciegas, simplemente confiando en que el resultado será el esperado y que si no lo es siempre se puede volver a empezar.

En este caso el resultado no fue exactamente lo esperado, pero fue mejor, fue distinto. Con el primer mordisco pensé ¿Por qué no sabe igual que el pandoro de Bauli o de Balocco? ¿Por qué no es tan dulce? ¿En qué he fallado? Luego miré a mi alrededor y vi que todos lo estaban disfrutando, que cortar la masa con el cuchillo, que morderla era una gozada, que todos volvían a por un trocito más y que era esponjoso, con la densidad justa y que no era muy dulce pero no hacía falta. Es como la diferencia entre un cruasán casero y uno industrial. No sabe igual porque no tiene que saber igual. Este pandoro en cualquier caso sabía a Navidad. Es verdad que para la próxima vez tengo que mejorar algunas cosas, sobretodo usar vainilla en semillas como dice la receta en vez de concentrado (no es fácil encontrar vainas de vainilla un 31 de diciembre por la tarde) pero en general estoy orgullosa del resultado.

Por cierto, para los que no lo sepan, el pandoro es una especie de brioche enorme con forma de estrella que toman los italianos en Navidad, sobre todo en el Norte. Es el primo no indigesto del Panettone y ahora venden versiones industriales de los dos por todas partes aunque en sus orígenes eran dulces escasos, muy difíciles de preparar y para ricos.

Trozo de pandoro

Para preparar el pandoro usé esta receta de Giallo Zafferano. Está en italiano pero con Google translator y un poco de buena voluntad creo que se puede seguir fácilmente y además tiene fotos paso a paso.  También tienen una receta con buena pinta en este blog en español. En mi opinión creo que a la receta de Giallo Zafferano se le podría añadir un poco más de azúcar, quizás 50 gramos más, pero no estoy segura de que la masa salga igual de bien. Además, los tiempos resultaron ser mucho más largos de lo indicado (el último leudado tardó casi tres horas) pero si te pones a preparar pandoro hay que dejar la impaciencia a un lado. En cuanto al molde, yo lo compré en Italia pero creo que cualquier molde metálico para flanes puede valer (no es fácil encontrarlo online aunque parece que aquí lo tienen).

Feliz año lleno de ilusiones!