10 cosas (distintas) que hacer en Milán y 5 recetas para recordar

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Hace tres años me fui de Madrid convencida de que pronto estaría de vuelta. Y aquí estoy otra vez. Un poco en shock, aturdida por el cambio. Dividida entre la alegría y la nostalgia de la vida que dejo en Milan (y de mi cocina que el ultimo día parecía tan triste, con lo que ella fue!). Sintiéndome muy afortunada y a la vez muy acojonada, porque los cambios dan miedo, aunque signifiquen volver a lo conocido. Quien diga lo contrario, miente.

De hecho, puede que volver a lo conocido, a tu pasado, sea más difícil si cabe. Falla el efecto sorpresa, tan útil para alimentar el entusiasmo cuando se trata de descubrir un nuevo país o conocer gente nueva. También juega en tu contra la facilidad con la que puedes recaer en viejos roles y la tentación de retroceder en el camino, perdiendo de vista la persona que quieres llegar a ser.

Lo bueno, es que en la vida volver atrás sencillamente no es posible. Aunque se quiera, y yo no quiero. Todo cambia, nosotros cambiamos, continuamente. No puedes pisar el freno y tampoco puedes apearte. Solo puedes seguir adelante y dejarte sorprender, por lo que te rodea, aquí y ahora, y por el futuro, que ninguna elucubración actual puede realmente predecir.

Así que mi objetivo para los próximos meses es dejarme sorprender. Quitarme las anteojeras, deshacerme de prejuicios y filtros y simplemente ver. Ver y vivir. Madrid. Gente conocida. Gente nueva. Hacer. Hacer cosas que no se me habían ocurrido antes. La Sierra? Nunca he estado en la Sierra. El estadio del Atleti? Porqué no. Ver y vivir. Y menos pensar, sobretodo si pensar significa juzgar.

Dicho esto (me había prometido a mí misma que este post iba a ser ligero y desenfadado), nostalgia obliga: me gustaría dejar por escrito 10 cosas distintas que hacer en Milán, la ciudad que me ha enseñado a vivir más y a juzgar menos. Algunos de estos apuntes son muy clásicos y se encuentran en cualquier guía de viajes. Otros son más íntimos y personales. Todos, creo, representan bien a esta ciudad algo incomprendida que los turistas suelen usar como puerta de entrada a Italia y poco más.

  1. Respirar profundo en Piazza Duomo. Cerrar los ojos y volver a abrirlos lentamente

Milán tiene fama de fría y oscura. Yo no la he vivido así, pero en cualquier caso, y haga el tiempo que haga, hay un lugar de la ciudad en el que la luz es siempre brillante y el aire más fresco. Es la plaza del Duomo. Algo tiene esa plaza. No sé si son las proporciones de lo construido por el hombre o alguna cualidad propia del enclave natural (campo electromagnético? feng-shui?). Probablemente sea una combinación de ambas cosas, el caso es que esta plaza tiene algo que te hace sentir bien, a un nivel profundo.

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  1. Visitar una exposición (cualquiera vale) en Palazzo Reale

Cuando vivía en Milán, era un plan trimestral obligado. Para un turista puede parecer no prioritario pero si tenéis tiempo, informaos de la exposición en curso en ese momento. Klimt, Segantini, Modigliani y los “artistas malditos”, Mucha, el Simbolismo… Todas las exposiciones a las que he ido en estos tres años han sido especiales, mágicas, fluidas. Los que allí trabajan saben lo que hacen porque cuando una exposición está bien concebida, para hacerte pensar y disfrutar, se nota, y en Palazzo Reale siempre aciertan.

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  1. Despreciar (y ser despreciado) en Via Montenapoleone

Via Montenapoleone es la calle de las compras por excelencia. Quintaesencia del esnobismo fashionista de la ciudad y lugar de concentración de grandes fortunas, a menudo heredadas o ganadas con el sudor de la frente ajena (léase marido o ex–marido). Lo mejor es ir un martes cualquiera, por la mañana, y preguntarte qué hace toda esa gente que no está en el trabajo. No tener claro si mirarles con superioridad o con inferioridad, entrar en alguna tienda fingiendo que te sientes cómodo y experimentar lo que es sentirse completamente fuera de lugar.

  1. Descubrir patios, el secreto mejor guardado de Milan

En qué se parecen Milán y Andalucía? Pues en poco, supongo aunque si tuviera que pensar en algo, sería en el amor por los patios internos. Si en Andalucía es un amor exhibicionista, en Milan, mucho más acorde con el espíritu del norte, es un amor más íntimo y huraño pero no por ello menos maravilloso. Y es que detrás de las duras fachadas Mussolinianas del centro y de las deliciosas fachadas Liberty residenciales se esconden auténticos tesoros de vegetación boyante, forjados de capricho y encajes de ladrillo y piedra. Para poder disfrutarlos basta estar atento, a un portón que se abre para dejar pasar un coche o a una verja que si caminas rápido te pasará inadvertida.

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  1. Torticolis “vintage” en el Planetario

Entre el centro de Milan y porta Venezia, se extiende el parque Indro Montanelli, un parque de finales del s. XVIII y uno de los primeros parques urbanos concebidos para fines puramente recreativos. Mi lugar preferido del parque es el planetario. Desde fuera, tiene ese aura atemporal que caracteriza a los edificios con cúpula, tipo panteón. Por dentro, ofrece una experiencia surrealista: un cielo proyectado con maquinaria del s. XIX, un narrador (vivo) y unas sillas giratorias de madera ancladas al suelo que harían las delicias de un anticuario pero que claramente no están concebidas para mirar hacia el techo durante 50 minutos.

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  1. Descifrar a Leonardo da Vinci en la dársena y los Navigli

Llegamos a mi zona! Los Navigli o canales, el Naviglio Grande y el Naviglio Pavese y su punto de encuentro en la dársena de XXIV Maggio. Milán se asienta sobre una zona pantanosa por lo que la gestión del agua siempre ha sido clave para la ciudad. En la actualidad, muchos cursos de agua han sido enterrados (de ahí que la red de metro sea tan mala y que haya tan pocos garajes subterráneos en la ciudad) pero dos permanecen en la superficie, gestionados por un sistema que diseñó el mismísimo Leonardo da Vinci. Esta zona es famosa por su vida nocturna aunque a mí cuando más me gusta es el sábado por la mañana en un día soleado, cuando los hipsters aún duermen la fiesta de la noche anterior y yo me tomo un bagel mientras miro el agua correr

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  1. Ir a Stazione Centrale, aunque no te haga falta

Uno de mis lugares favoritos de Milán en absoluto. Las estaciones de tren en general tienen algo que los aeropuertos nunca tendrán. Un romanticismo melancólico y atemporal. Una magia de cruce de caminos. En esta estación, todo el poderío totalitarista y la mejor arquitectura se ponen al servicio de este romanticismo. Para mì es algo grandioso, conmovedor. Si quieres aprovechar que estás ahí para ir a algún sitio, ve a Bérgamo, la ciudad alta. Una joya medieval a medio camino entre las montañas y la llanura padana que domina orgullosa toda la zona desde la colina.

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  1. Tumbarse en la hierba siempre verde y fresca de los parques (Sempione, Ravizza, Montanelli… cualquiera vale) 

Algo que impresiona de Milan a una madrileña como yo es lo verde que es. La ciudad tiene fama de “gris” y hasta un cierto punto es cierto, sobre todo en el centro, donde reinan los grandes bloques de granito fascista. Pero también es una ciudad húmeda y de clima templado, perfecta para cualquier tipo de planta. Por eso, los balcones suelen ser una explosión de color y los parques son verdes verdísimos, con hierba alta y blandita en la que tumbarse a leer, a comer algo o simplemente a echarse una siesta.

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  1. Encontrar la tumba más antigua del Cimitero Monumentale

No sé si lo mío con los cementerios es algo patológico o si le pasa a más gente. A mí me gusta visitarlos, con respeto, dedicando un momento a imaginar las vidas de gente que vivió antes que yo. Me ayuda a relativizar, a entender lo grandes y lo pequeños que somos en realidad. El cementerio más espectacular que he visto en este sentido es el Père Lachaise de Parìs pero il Cimitero Monumentale de Milan no se queda atrás, con sus esculturas del periodo Liberty, plañideras eternas de maridos que construyeron la cara industrial y burguesa de la ciudad desde mediados del siglo XIX.

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  1. Odiar Via Torino excepto por el trampantojo de Andrea Mantegna (si, existían los trampantojos antes del tomate de Top Chef) 

Quien visita Milán debe saber que la ciudad no fue concebida para alojar a un millón y medio de habitantes y aún menos sus respectivos coches. Milán tiene un tráfico horrendo, una planta a forma de estrellas multicèntricas y un tejido de semáforos que definiría como sádico. Por eso, en Milan yo iba casi siempre a piè o en bici y cada vez que iba al centro pasaba por Via Torino, una especie de Gran Vìa de Madrid reducida a un tercio del tamaño. Un infierno vayas como vayas. Aunque como cualquier rincón de Italia, esconde tesoros para el caminante con tiempo, como la iglesia de Santa Maria presso San Satiro y su trampatojo con el que Mantegna supliò la falta de espacio con creatividad.

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(esta foto no es mìa, tenìa una demasiado oscura asì que lo ha cogido de aquì)

Y para acompañar “il tutto” y cerrar este post eterno: cinco recetas de entre tiempo que de un modo u otro han marcado mi paso por Milan: 

  1. Pasta con flores de calabacìn y anchoas. Una de las primeras recetas que me preparò mi novio en nuestra casita milanesa, preparada con flores del mercado
  2. Lasagna de calabacín y salchicha. Porque en Milan descubrí las salsas “in bianco” y porque echaré mucho de menos las salchichas frescas con hinojo de mi carnicero de barrio
  3. La sopa de pasta y albóndigas, que me recordarà siempre lo bonito que es hacer amigos nuevos en una nueva ciudad y que parezcan de toda la vida. Espero de verdad que sean para toda la vida.
  4. Las alitas de pollo y las hamburguesas. Representan otro tipo de amistad: los amigos de mi novio y su familia, que siempre me piden estas alitas. Me recuerdan lo bonito que es llegar a querer tanto a gente a la que empezaste queriendo por compromiso.
  5. Por ùltimo, el tiramisù, que para mi simboliza el momento en el que decidì hacer un master y pararme un momento a pensar. Sìmbolo de cambios, y de buenos cambios. 

Bon appétit!

Nueva York – Bread pudding de Challah y frambuesas

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Una vez leí que en California las personas son más guapas por un curioso caso de selección artificial. Desde principios de siglo, confluían en California centenares de chicas y chicos, los más guapos de cada pueblo perdido de América, convencidos de poder alcanzar su propio sueño americano, el de convertirse en la próxima Marylin Monroe o el próximo Cary Grant. Pocos alcanzaban su sueño pero supongo que, por no volver al pueblo con las orejas gachas, muchos se quedaban, sirviendo mesas y teniendo hijos de genética generosa (los actuales surferos Californianos, para entendernos).

Nueva York vista hoy me da la misma sensación pero en versión intelectual. Ciudad de inmigrantes, es más que eso, es la ciudad del éxito profesional. Ciudad que rezuma inteligencia, pragmatismo y olfato para los negocios. Ciudad que te engatusa como un mercante, ensenándote lo que podría ser tuyo, ay, si solo fueras lo suficientemente bueno como para trabajar en banca de inversión… si tan solo uno de tus antepasados hubiera sido lo suficientemente ambicioso como para crear un emporio y dejártelo en herencia… si tus propias ganas de triunfar fueran tan grandes como para soportar el miedo al fracaso en la ciudad del éxito.

Por este motivo y por muchos otros, visitar Nueva York tiene algo de místico. Como mirar un espejo y mirar detrás de el. Nueva York te muestra lo que más deseas, tus anhelos más profundos, todas las vidas que secretamente querrías experimentar. Y Nueva York, de repente, te arroya con el cuerpo de un trabajador con prisas y te saca de tu ensoñación con un esquiusmimadam hastiado detrás de ti para advertirte de que estás bloqueando la salida del metro. En ese momento te invade una nostalgia tremenda, la nostalgia de mil inmigrantes, y te entran unas ganas enormes de ser tu mismo, en tu propia vida.

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Después de cuatro días en Nueva York tenía muchas ganas de escribir sobre su comida, su indigesta y fascinante gastronomía, tan fascinante como el patchwork de inmigrantes que la han ido configurando, superponiendo productos de la nostalgia con golpes de genio comercial. Pero me ha salido este post extraño, sin duda inspirado por la ciudad, pero también por el libro Nueva York, de Edward Rutherfurd (un libro increíble que recomiendo calurosamente) y uno de los últimos artículos de Elvira Lindo que leí poco antes de viajar y que me dio que pensar. A ella me gustaría decir: “Yo podría vivir en esta ciudad… o quizás no”🙂

En cuanto a la receta: empieza con un pan de la tradición judía característico del periodo de Hanukkah llamado “challah” que compramos para llevar a casa de un chico judío que primero nos invitò a cenar y luego nos retiró la invitación como solo un auténtico neoyorkino sabe hacer. Decidimos traernos la challah a Milan y compartirla con amigos el domingo pero para cuando llegó el domingo estaba más muerta que viva. Buscando recetas de aprovechamiento de pan seco descubrí esta que ha adelantado por la derecha a todas las ultimas recetas que he hecho últimamente. Un postre reconfortante y delicado a pesar de su contundencia, cremoso y “rich” gracias a la (ingentecantidadde)nata y fresco gracias al toque àcido de la frambuesa y al dulzor sutil del pan.

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Ingredientes:

  • 4 tazas (cup) de challah o pan brioche común al huevo, muy rico con uvas pasas. También valen restos de panettone, pandoro o roscòn aunque en este caso es mejor no añadir aromas porque los industriales son fuertes de por sì
  • 1 taza de nata de cocina
  • 1 taza de leche entera
  • 1 taza de frambuesas frescas o congeladas (yo uso siempre congeladas, las compro en temporada y aguantan fenomenal)
  • 3 huevos
  • 4 cucharadas de azúcar blanco o moreno
  • Un toque de vainilla o de azahar (unas gotitas de esencia, unas semillas de vainilla o una cucharadita de pètalos de azahar secos)

Pasos

  • Si el pan es fresco o todavía no se ha secado del todo, recomiendo secarlo un poco en el horno. De este modo, al humedecerlo de nuevo, los trozos quedarán más enteros (si no se sigue este paso, el sabor del resultado final será el mismo, pero la textura será menos interesante, con trozos menos definidos y menos crujiente en superficie)
  • Para secar el pan, poner a calentar el horno a 100°C con calor superior e inferior o aire caliente
  • Cortar el pan o la brioche en cubos de unos 3 centìmetros
  • Poner el pan en una bandeja de horno cubierta por papel parafinado y poner los trozos de pan a secar en el horno durante unos 15 minutos bien separados entre sì
  • Mientras, mezclar en un bol los huevos, la nata, la leche, el azúcar y los aromas. Yo usé un par de gotas de esencia de vainilla e infusioné una cucharadita de pétalos secos de flor de azahar en una pequeña parte de la leche calentada. Con los pétalos de azahar hay que tener cuidado! Demasiada cantidad o demasiado tiempo da mucho amargor, se trata de dar un toque asì que hay que probar la leche antes de mezclar todo. Con las esencias en general es mejor empezar con poco e ir subiendo la intensidad porque en cambio es difìcil corregir un exceso. Ademàs, yo recomiendo probar las mezclas crudas (como pruebo la mezcla para la tortilla de patata). No hay nada en resposterìa que no se pueda comer crudo🙂
  • Cuando el pan se haya secado (quizàs se haya dorado ligeramente), sacar del horno. Dejar el horno encendido subiendo la temperatura a 180°C
  • En una fuente de cristal de tamaño medio, verter la mezcla líquida. Por encima, distribuir los trozos de challah intercalados con frambuesas. Asegurarse de cubrir todos los huecos presionando un poco los trozos de pan hacia abajo pero sin toquetearlos demasiado (para no deshacerlos y que mantengan la forma). A mí me gusta que se intercalen trozos de “costra” con trozos de miga
  • Hornear durante unos 20 minutos a media altura. A mí me salió con el centro muy cremoso y me encantó, pero supongo que si lo cocinas más tiempo puede quedar más seco y puede gustar también
  • Servir en un bol aún templado, simple y delicioso

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Tarta de manzana, sencilla y perfecta – Scarlett Johansson

Si esta tarta fuera una persona, seria Scarlett Johanson

Esta es una tarta increìblemente sencilla. Asì que este serà un post sencillo, ademàs de un nuevo episodio de la serie: “si este plato fuera una persona, que persona serìa?”. Pues bien, si esta tarta fuera una persona, sin duda alguna serìa Scarlett Johansson. Scarlett Johansson en una pelìcula de Woody Allen. Y no solo por los reflejos rubios…

En primer lugar porque esta tarta es un clàsico que nunca pasa de moda. Un poco como las actrices americanas estilo Marilyn Monroe como Scarlett: ligeramente exhuberantes, petites e increiblemente femeninas. El tipo de mujer que todas escogerìamos ser como segunda opciòn despuès de lo que està de moda. Puede que ahora esté de moda el estilo masculino de Alexa Chung o el rollo italiano de Olivia Palermo, los rollos de canela o los macarons. Pero esta claro que todas como segunda opciòn serìamos Scarlett. O una tarta fina de manzana.

En segundo lugar porque los ingredientes de esta receta son simples pero el equilibrio entre ellos es sublime. La manzana reineta es tan poco sexy que hasta empieza a ser dificil encontrarla en el supermercado. El hojaldre es pura grasa. El huevo batido tiene ese punto en el que visualizas a tu madre rebozando pescado. Y en cambio, como la nariz un poco grande, la cara un poco chata y los ojos un poco separados de Scarlett, juntos, estos ingredientes crean magia.

Por ultimo, y para no pecar de superficial, diré que esta tarta podrìa ser Scarlett Johansson por su personalidad. Desconozco cual es la veradera personalidad de la actriz, me refiero a las caracterìsticas que acomunan a todos los personajes que Woody Allen ha creado para ella. Ese toque un poco naif, aparentemente simplòn pero con un toque sorprendente, àcido. Una mujer sognadora, pero irremediablemente terrena. Aparentemente fràgil y sorprendentemente entera. Exactamente, como esta tarta.

Tarta de manzana lista

Ingredientes:

  • Una base de hojaldre ya estirada
  • 3 manzanas reineta medianas o 2 grandes (la manzana reineta es la manzana fea de aspecto viejuno que no brilla)
  • Un huevo
  • Una cucharada de azùcar

Pasos:

  • Precalentar el horno a 180 grados calor superior e inferior
  • Sobre una bandeja de horno, extender la masa de hojaldre. Esta tarta no gotea asì que no hace falta molde”
  • Picar el hojaldre con un tenedor un poco por todas partes para que el hojaldre no se hinche en el horno
  • Crear un pequegno borde al final de la tarta (aunque es opcional). Yo preparé dos tartas para dos personas distintas. Una con el borde “plegado” hacia dentro y otra simplemente haciendo unos piquitos hacia arriba. Resultò mejor la de los piquitos porque el borde era màs fino y ligero (cuando pliegas el hojaldre sobre sì mismo el resultado es un poco màs burdo)
  • Pelar las manzanas con ayuda de un cuchillo pequegno y afilado o de un pelapatatas. Las manzanas se oxidan muy rapidamente asì que no las peles y cortes hasta que no tengas la base lista!
  • Cortar las manzanas en cuatro trozos de la siguiente manera: primero dos grandes medias lunas en torno al tallo central. Después, cortar los dos trozos que quedan a los lados y que si apoyas sobre la parte plana forman de nuevo dos medias lunas
  • Cortar cada trozo de manzana en lonchas muy finas (como de 2 milìmetros de grosor). Esto es importante para que la tarta se cueza bien y quede crujiente por debajo. Si los trozos de manzana son demasiado gordos, el hojaldre se humedecerà y el trozo de tarta podrìa partirse por el peso
  • Disponer los trozos de manzana en forma de flor desde fuera hacia dentro como se ve en el video. Superponer los trozos ligeramente entre sì para que no se “vea” el hojaldre pero sin apelmazar

  • Batir un huevo y con ayuda de un pincel o un trozo de papel de cocina doblado, pintar generosamente con el huevo toda la manzana y la parte visible del hojaldre (el borde). El huevo en este caso sirve no solo para dar un toque dorado sino también para crear una especie de crema con el lìquido dulce que sueltan las manzanas… esta tarta es lo màs
  • Por ultimo, espolvorear un poco de azùcar por encima. No demasiado, lo justo para que cada trozo de manzana tenga unos granitos para caramelizar y compensar la acidez con un toque màs dulce
  • Hornear durante unos 15-20 minutos a media altura. La tarta esta lista cuando està bien dorada. Bien dorada quiere decir que si se saca la tarta del horno cuando apenas està cogiendo color el hojaldre, probablemente estè crudo por debajo. Hay que esperar a que el hojaldre empieze a dorarse y entonces ser valientes y esperar un poco màs. Eso si, sin alejarse demasiado del horno porque esta tarta se puede quemar ràpidamente. El hojaldre esta perfecto cuando se puede cortar un trozo de tarta y este se mantiene recto, sin plegarse como una pizza blanda.
  • Disfrutar templada o fria, con un vaso de leche o con una bola de helado de vainilla

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Otras recetas de esta serie:

Calabaza – O porqué un expat nunca podrá ser feliz del todo… o si?

Calabaza piacentina

Una de las fortunas de nuestra generación es todo lo que podemos viajar. Cuanto más viajamos, cuanto más viajan los demás, más ganas tenemos de movernos y de conocer. Casi con ansia, como todo lo que hacemos ultimamente. Necesitados de vivir y de vivir mucho… o al menos de vivir tanto como parece que viven los demás. Y esta claro que viajar es maravilloso. Te permite experimentar otras culturas, descubrir nuevos lugares y probar olores y sabores que los documentales te roban (o te ahorran), atrapados tras la pantalla.

Pero que pasa cuando te vas a vivir a otro lugar? Porque viajar es fácil. Te cuece, y te enriquece y luego vuelves a tu sofá y a tu rutina, mecido por el placentero e inocuo recuerdo del viaje. Irse a vivir a otro lugar, en cambio, ya sea por espíritu de aventura o por necesidad, es todo menos inocuo. Y placentero? Pues depende, pero pocas cosas dan tanto vértigo como un apartamento vacío, una vida en cajas y una tarjeta SIM de móvil que sabes que no te va a servir de nada allá donde diriges tus pasos.

En ese momento lo peligroso parece soltar amarras y tener que empezar desde cero. Aún no sabes que lo verdaderamente peligroso es que te amarrarás de nuevo. Porque estamos hechos para sobrevivir, supongo, y en cuanto soltamos una vida nos aferramos a una nueva, con uñas y dientes. Por eso, más pronto que tarde, descubres con cierta sorpresa que eres otra vez feliz. Te faltan cosas que creías imprescindibles, y aun así eres feliz. Lo peor? Que tienes cosas nuevas sin las cuales ya no sabes vivir.

Condenado a estar por siempre dividido, lo más normal es que te pases todo tu tiempo de expatriado alabando a tu tierra madre, con una nostalgia que empieza siendo muy real y acaba convirtiéndose en una coletilla resobada que repites por inercia. Hasta que. Quizás. Podrías. Se presente. La verdadera. Posibilidad de volver! Y entonces el vértigo que te invade es aún mayor. Porque echar a volar y descubrirte feliz por el camino es una cosa, pero volver atrás? Eso es algo muy distinto.

Acaso puedes volver y llevarte contigo todo lo que ahora es para ti imprescindible? Se puede volver a ser feliz, por ejemplo, sin la apacible vida de provincia a dos pasos de Milán que has aprendido a amar? Sin la devota omnipresencia de la comida en mesas y conversaciones? Sin los productos de esta tierra, que entre mar y mar, húmeda y generosa, regala variedad a cambio del esfuerzo justo y un amor incondicional? Sin este país que muta cada 100 metros, henchido de un orgullo localista maravillosamente miope…

Supongo que no. Y supongo que si. Que no te podrás llevar nada más que tus recuerdos y una nostalgia que cargará tus conversaciones durante meses. Al principio será muy real, hasta convertirse poco a poco en una coletilla resobada. Y supongo que si, que serás feliz de nuevo. Aferrado a tu amarra. Nueva o vieja, qué mas da. Lo importante es agarrarse fuerte… Eso si, que una reunión de trabajo se transforme en un festín, o poder comprarte una calabaza durante un viaje de trabajo, meterla en el maletero de tu jefe y que a todos les parezca muy normal… eso en España no pasa… o si?😉

Una reunión de trabajo en Italia

Calabaza (Piacentina) al horno

  • Una calabaza entera, o media o un cuarto (yo la compré una entera de 3 kilos… para dos es una barbaridad, acabé regalando un trozo)
  • Salvia (del jardín de mi jefe)
  • Aceite de oliva
  • Sal y pimienta

Pasos

  • Precalentar el horno a 180 grados, calor inferior y superior
  • Cortar la calabaza y pelarla, sin llevarse una mano por delante. Para conseguirlo, lo mejor es que te la corten en la fruterìa. O si no, utilizar un cuchillo de sierra o uno tipo machete bueno. Intentar cortar un primer trozo grande para que puedas apoyar el resto sobre una base firme. A partir de ahì, es cuestiòn de ir cortando rodajas con paciencia y con los dedos lejos del cuchillo. Pelarla en cambio es muy fácil, basta apoyar una rodaja sobre la tabla y pasar el cuchillo por el borde de arriba hacia abajo digamos “tangencialmente” al trozo de calabaza

  • Embadurnar una bandeja de horno con aceite de oliva.
  • Colocar los gajos de calabaza y espolvorearlos con sal y pimienta molida
  • Esparcir hojitas de salvia por los trozos de calabaza frotando un poquito
  • Hornear durante mas o menos media hora, hasta que este dorada, casi quemada por algunas partes y blanda pero sin desfondarse (a mitad cocción es conveniente sacar la bandeja del horno y girar los trozos, quizás añadiendo un poco màs de aceite)
  • Comer caliente (està brutal recièn horneada) o usarla para preparar una crema de calabaza o como relleno para raviolis (tal cual, triturando la pulpa con un poco de parmesano y un poco de pimienta) o como topping sobre un cracker con queso cremoso para llevarse al trabajo

Semillas de calabaza 

Con las semillas de la calabaza se pueden preparar semillas tostadas. Son un poco laboriosas pero están buenas. Si no las quemas claro.Yo las prepareé y las probé a los 10 minutos de horneado. Estaban buenas. Luego decidì dejarlas un rato màs en el horno, me puse a ver la tele y media hora después me dì cuenta de que las habìa carbonizado🙂 De ahì que no haya fotos…

  • Hay que lavarlas bien con agua fría hasta que pierdan toda la pulpa
  • Después, se dejan entre 8 horas y 24 en un bol de agua saturada de sal (esto sirve no solo para salarlas sino también para quitarles amargor o algo así)
  • Antes de hornearlas, precalentar el horno a 180 grados, aire,
  • Distribuir las semillas sobre una bandeja de horno sin sobreponerlas
  • Hornear durante 10 minutos, màs o menos (a partir de los 10 minutos, sacar una y probar)

Calabaza al horno y pepitas tostadas

Paleo brownie de calabaza

Esta receta es un buen modo para dar salida a un poco de calabaza cuando ya no sabes qué hacer con ella. Es un postre sano y light. Sin azúcar, sin mantequilla y sin harinas refinadas. He de decir que para lo sano que es está bueno y es un desayuno bastante satisfactorio con un buen vaso de leche fría. Pero que nadie se espere un brownie guarro y decadente, claro…

  • 3/4 cup purè de calabaza (lo ideal es pulpa hervida o al horno y triturada, yo la trituré cruda con el aceite pero sabe màs a verdura)
  • 1 cup de chocolate para postres
  • 1/3 cup de pepitas de chocolate
  • 1/2 cup aceite de coco (o de girasol)
  • 3 huevos
  • 3 cucharadas de miel o sirope de agave
  • 1/4 cup harina de coco y 1/4 cup de harina de almendra (o 1/2 cup de harina normal)
  • 1 cucharada de levadura
  • Un poco de vainilla (en semillas, o en concentrado)
  • Un pellizco de sal
  • Opcional: 1/2 cup de nueces en trocitos

Pasos: 

  • Precalentar el horno a 180 grados calor superior e inferior
  • Derretir el chocolate al bagno marìa junto con el aceite (al bagno marìa quiere decir colocando un cazo con un poco de agua sobre el fuego, colocar un bol sobre el cazo (sin que el agua pueda entrar en el bol!) y derretir poco a poco el chocolate dentro del bol con el calor del vapor que se forma debajo
  • En un cuenco grande, mezclar la calabaza, la miel, los huevos, la vainilla y el chocolate derretido
  • Con un colador, espolvorear las harinas sobre la mezcla junto con la levadura y el pellizco de sal (si pasan por el colador, si no mezclar directamente intentando que no se formen grumos)
  • Añadir los trocitos de nuez y las pepitas de chocolate
  • Verter la mezcla (que es bastante lìquida) en un molde cuadrado engrasado con un poco de aceite o en moldes
  • Hornear durantes unos 25-30 minutos para el molde grande y unos 20 para los moldes pequeñ   os (se puede comprobar la cocción pinchando en el centro con un palillo de madera. El palillo debe salir brillante pero no pegajoso)

Paleo brownie de calabaza

Hummus – el hipnótico mundo de las fotos “antes y después” en Instagram

Humus listo para probar

Ahora que mi sobrina de 12 años empieza a aburrirse de Instagram, yo empiezo a descubrirlo. Intento ser digital, de verdad que lo intento… Antes de aburrirse de Instagram, ella tenía 150 seguidores y 200 seguidos. A mí me siguen tantos como hermanas, tías y primas tengo. Y yo sigo… pues a cuantas primas, tías y hermanas me siguen. Hasta hoy!!!

Porque en el rascar y en el seguir a gente que no conoces de nada pero que te cuenta como es su vida 20 veces al día, todo es empezar. Y todo empezó con Kayla, una gurú del fitness y su plan de dietas y ejercicios llamado “Bikini Body Guide” que me pasó una amiga de estraperlo. El punto fuerte de Kayla en Instagram: las fotos “antes y después” que le mandan sus fieles discípulas.

Las fotos de “antes y después”. Un mundo aparte y totalmente adictivo. Porque con cada foto dices: “Nah, ni de coña, no es la misma persona”. Entonces clicas, y descubres que sí que es! Que la chica lleva un año colgando fotos de sus progresos, de lo que come, de lo que hace. Del espejo de su baño, con reflejo de desconchón de pared incluido, de su perro, de su zapatillas, en fin, de todo. Y tu tienes el resultado de centenares de meses de duro trabajo, decenas de vidas, a un solo clic de distancia.

Mientras, otras muchas chicas comentan y dan ánimos, y se crea un efecto “grupo de apoyo” en cadena, lleno de amor, desinteresado y constructivo. No se habla de dieta, se habla de “healthy lifestyle”, no se habla de estar buena, se habla de “gustarte a ti misma”. No deja de ser una moda más, pero tiene ese punto, generoso y naif, que caracteriza a esta nuestra generación digital y que la hace entrañable, hasta entusiasmante.

Desde luego entran ganas de subirse al carro y ponerse a dar ánimos a diestro y siniestro. Yo todavía no he llegado a tanto (empezaré a comentar en Instagram cuando ya no quede nadie ahí para verlo :)), pero sì puedo publicar recetas de las que Kayla estaría orgullosa, como este hummus Bio con verduras crudas. Legumbres, aceite bueno de los olivos de mi suegro, verduras del mercado, un poco de ajo y comino para dar sabor y pimentón para decorar… No es tan fácil como un clic, pero por algún sitio hay que empezar.

Kayla y su perro

Una de las seguidoras de Kayla

Ingredientes para 2 personas (o dos comidas)

  • Una lata de garbanzos con su líquido y todo (Bio, of course)
  • Una cucharada de pasta de sésamo “tahine” (la venden en todas las tiendas naturistas y en los supermercados con parte internacional)
  • Un chorrito de aceite
  • Un pellizco de sal
  • Una cucharadita de semillas de comino
  • Un chorrito de zumo de limón
  • Medio diente de ajo
  • Un poco de pimentón dulce y semillas de sésamo para decorar

Para esta receta hace falta una minipimer. Un mortero puede funcionar para valientes y pacientes.

Pasos

  • Abrir la lata de garbanzos, separar medio vaso del líquido y el resto verterlo todo en un vaso alto de batidora
  • Añadir al vaso de batidora todos los demás ingredientes y batir con fuerza hasta conseguir una crema homogénea
  • Modular la densidad del hummus añadiendo más o menos del líquido de los garbanzos separado al inicio. Personalmente, lo uso todo porque me gusta el humus muy sedoso, casi como una salsa ligera, pero para una crema más tipo puré hay que dejar parte del líquido sin añadir
  • Verter la mezcla en un cuenco y dejar enfriar en la nevera durante al menos una hora
  • Cuando se vaya a comer, decorar con un chorrito de aceite, pimentón espolvoreado y semillas de comino o de sésamo para decorar
  • Comer con verduras crudas cortadas en tiras: zanahoria, pimiento rojo o amarillo, calabacín, pepino o judías verdes (sí, crudas!)

Ingredientes para humus (falta el tahine en la foto)Un toque de pimentòn y un chorrito de aceiteHumus con verduritas

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