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Nueva York – Bread pudding de Challah y frambuesas

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Una vez leí que en California las personas son más guapas por un curioso caso de selección artificial. Desde principios de siglo, confluían en California centenares de chicas y chicos, los más guapos de cada pueblo perdido de América, convencidos de poder alcanzar su propio sueño americano, el de convertirse en la próxima Marylin Monroe o el próximo Cary Grant. Pocos alcanzaban su sueño pero supongo que, por no volver al pueblo con las orejas gachas, muchos se quedaban, sirviendo mesas y teniendo hijos de genética generosa (los actuales surferos Californianos, para entendernos).

Nueva York vista hoy me da la misma sensación pero en versión intelectual. Ciudad de inmigrantes, es más que eso, es la ciudad del éxito profesional. Ciudad que rezuma inteligencia, pragmatismo y olfato para los negocios. Ciudad que te engatusa como un mercante, ensenándote lo que podría ser tuyo, ay, si solo fueras lo suficientemente bueno como para trabajar en banca de inversión… si tan solo uno de tus antepasados hubiera sido lo suficientemente ambicioso como para crear un emporio y dejártelo en herencia… si tus propias ganas de triunfar fueran tan grandes como para soportar el miedo al fracaso en la ciudad del éxito.

Por este motivo y por muchos otros, visitar Nueva York tiene algo de místico. Como mirar un espejo y mirar detrás de el. Nueva York te muestra lo que más deseas, tus anhelos más profundos, todas las vidas que secretamente querrías experimentar. Y Nueva York, de repente, te arroya con el cuerpo de un trabajador con prisas y te saca de tu ensoñación con un esquiusmimadam hastiado detrás de ti para advertirte de que estás bloqueando la salida del metro. En ese momento te invade una nostalgia tremenda, la nostalgia de mil inmigrantes, y te entran unas ganas enormes de ser tu mismo, en tu propia vida.

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Después de cuatro días en Nueva York tenía muchas ganas de escribir sobre su comida, su indigesta y fascinante gastronomía, tan fascinante como el patchwork de inmigrantes que la han ido configurando, superponiendo productos de la nostalgia con golpes de genio comercial. Pero me ha salido este post extraño, sin duda inspirado por la ciudad, pero también por el libro Nueva York, de Edward Rutherfurd (un libro increíble que recomiendo calurosamente) y uno de los últimos artículos de Elvira Lindo que leí poco antes de viajar y que me dio que pensar. A ella me gustaría decir: “Yo podría vivir en esta ciudad… o quizás no” 🙂

En cuanto a la receta: empieza con un pan de la tradición judía característico del periodo de Hanukkah llamado “challah” que compramos para llevar a casa de un chico judío que primero nos invitò a cenar y luego nos retiró la invitación como solo un auténtico neoyorkino sabe hacer. Decidimos traernos la challah a Milan y compartirla con amigos el domingo pero para cuando llegó el domingo estaba más muerta que viva. Buscando recetas de aprovechamiento de pan seco descubrí esta que ha adelantado por la derecha a todas las ultimas recetas que he hecho últimamente. Un postre reconfortante y delicado a pesar de su contundencia, cremoso y “rich” gracias a la (ingentecantidadde)nata y fresco gracias al toque àcido de la frambuesa y al dulzor sutil del pan.

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Ingredientes:

  • 4 tazas (cup) de challah o pan brioche común al huevo, muy rico con uvas pasas. También valen restos de panettone, pandoro o roscòn aunque en este caso es mejor no añadir aromas porque los industriales son fuertes de por sì
  • 1 taza de nata de cocina
  • 1 taza de leche entera
  • 1 taza de frambuesas frescas o congeladas (yo uso siempre congeladas, las compro en temporada y aguantan fenomenal)
  • 3 huevos
  • 4 cucharadas de azúcar blanco o moreno
  • Un toque de vainilla o de azahar (unas gotitas de esencia, unas semillas de vainilla o una cucharadita de pètalos de azahar secos)

Pasos

  • Si el pan es fresco o todavía no se ha secado del todo, recomiendo secarlo un poco en el horno. De este modo, al humedecerlo de nuevo, los trozos quedarán más enteros (si no se sigue este paso, el sabor del resultado final será el mismo, pero la textura será menos interesante, con trozos menos definidos y menos crujiente en superficie)
  • Para secar el pan, poner a calentar el horno a 100°C con calor superior e inferior o aire caliente
  • Cortar el pan o la brioche en cubos de unos 3 centìmetros
  • Poner el pan en una bandeja de horno cubierta por papel parafinado y poner los trozos de pan a secar en el horno durante unos 15 minutos bien separados entre sì
  • Mientras, mezclar en un bol los huevos, la nata, la leche, el azúcar y los aromas. Yo usé un par de gotas de esencia de vainilla e infusioné una cucharadita de pétalos secos de flor de azahar en una pequeña parte de la leche calentada. Con los pétalos de azahar hay que tener cuidado! Demasiada cantidad o demasiado tiempo da mucho amargor, se trata de dar un toque asì que hay que probar la leche antes de mezclar todo. Con las esencias en general es mejor empezar con poco e ir subiendo la intensidad porque en cambio es difìcil corregir un exceso. Ademàs, yo recomiendo probar las mezclas crudas (como pruebo la mezcla para la tortilla de patata). No hay nada en resposterìa que no se pueda comer crudo 🙂
  • Cuando el pan se haya secado (quizàs se haya dorado ligeramente), sacar del horno. Dejar el horno encendido subiendo la temperatura a 180°C
  • En una fuente de cristal de tamaño medio, verter la mezcla líquida. Por encima, distribuir los trozos de challah intercalados con frambuesas. Asegurarse de cubrir todos los huecos presionando un poco los trozos de pan hacia abajo pero sin toquetearlos demasiado (para no deshacerlos y que mantengan la forma). A mí me gusta que se intercalen trozos de “costra” con trozos de miga
  • Hornear durante unos 20 minutos a media altura. A mí me salió con el centro muy cremoso y me encantó, pero supongo que si lo cocinas más tiempo puede quedar más seco y puede gustar también
  • Servir en un bol aún templado, simple y delicioso

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Epic fails navideños

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Que porqué llevo tanto tiempo sin publicar? Muy fácil: porque me he dado a la repostería navideña. Y es bien sabido que no tengo mano para esto. Hablo de recetas con levadura, claro, maldita levadura. Pensaba dejar pasar otra semana más sin publicar hasta que me saliera algo decente pero, oye, esto también es cocina!

Al fin y al cabo, ¿quién no ha preparado alguna vez guarradas improponibles que solo se come tu novio repitiendo lo rico que te ha salido pero que está muy lleno y no puede con más? Si alguien se lo come, es comida, aunque para que se lo coma haya que atarlo a una silla y colocarle una pinza en la nariz. Comido, check!

Estos han sido mis dos fails más sonados. Si tuviera que sacar algún aprendizaje de esto creo que sería que la repostería necesita calma y perfeccionismo, cualidades con las que no nací. Además, sospecho que para que quede bonita y “posteable” tienes que olvidarte de tu vida normal y preparar las recetas pensando sólo en la foto y a eso me niego. Yo cocino cosas que me vaya a comer y a una hora lógica!

¿Seguiré enfrentàndome a retos absurdos y por lo tanto no nos veremos hasta después de Navidad? Quién sabe… Por si acaso, felices fiestas!

Epic fail #1: Panettone gastronómico de Ernst Knam (Bake-off Italia)

(En mi defensa diré que el de la foto es comprado y rellenado, aquì el link)

Emapandillalbondiga krapfen

  • Explicaciòn: el panettone gastronómico es una cosa super kitch y viejuna que se ha vuelto a poner de moda en Milan porque aquí todo lo viejuno ahora es hipster. Es un bollo enorme con forma de panettone pero de sabor neutro que se corta en discos, se rellena a dos a dos y finalmente se corta en cuartos para hacer pisos de sandwichitos salados. Como me podía resistir???
  • Porquè (sospecho) que la he liado:
    • Por querer jugar a la concursante de Bake-off, yo sola en mi cocina, y seguir la receta misteriosa del buen Ernst sin profundizar en la materia (era la receta exacta que dan a los concursantes, o sea, con pasos sin explicar)
    • Por usar levadura viva en vez de seca (idem, por no profundizar)
    • Por irme al gimnasio en medio de una levitación y dejarla tanto tiempo que acabó por bajarse
  • Resultado: Dos míseros pisos en vez de cinco, un regustillo a levadura viva y ni rastro de la famosa “cúpula” del panettone que existió en algún momento pero desapareció mientras estaba en el gimnasio.
  • Què estuvo bien: El piso relleno de huevo, mayonesa y pepinillo. Un viaje a la infancia.
  • Lo repetiré: Me temo que sì, es demasiado guay para no probar otra vez. Con tiempo, sin ir al gimnasio entre medias y con rellenos más currados.

Epic fail #2: Krapfen de caja (ni siquiera con truco me salieron)

(Foto de los Krapfen buenos: pàgina en un idioma que desconozco)

Epic fail krapfen

  • Explicaciòn: los Krapfen son un dulce tìpico de la zona norte de Italia/Sur de Austria y Alemania muy parecidos a los donuts pero sin agujero. Se pueden tomar solos o rellenos de cremas (mis preferidos son los de crema pastelera). Una bomba calórica, por supuesto. En Navidad están por todas partes, razón por la que tuve la idea feliz de prepararlos en casa…
  • Porquè (sospecho) que la he liado:
    • Por cocinar contrarreloj y sin luz (hay días en Milan en los que simplemente no hay luz, da igual la hora que sea). Tenía comida con amigas a la una y empecé a cocinarlos a las 11… estaba claro que no iba a salir bien 🙂
    • Por no pensar con cabeza y dejarme llevar por la receta simplificada de la caja (tipo: “Apoye las bolitas sobre papel encerado”… En esa frase falta claramente el aceite que hay que poner entre papel y bolita para que no se pegue!!)
  • Resultado: una especie de albondigo-empanadilla grasienta con aroma a krapfen industrial
  • Qué estuvo bien: ehhh… el azúcar glass?
  • Lo repetirè: No, ni de coña. No vale las calorías. Me bajo al bar…

Panettone de cerca

Tarta pavlova – Historias con comida… en video!

Pavlova de kiwi y fresas

Me he lanzado con un nuevo experimento. Hacía mucho que no dibujaba en serio y después del viaje a Islandia, donde hice un par de acuarelas, me volvió a picar el gusanillo. Ahí empecé a pensar que me gustaría contar historias a través de dibujos, historias con comida, claro está. Pero me faltaba entender cómo…

En un cajón de mi casa hay una Gopro abandonada. La compramos en un arranque de qué-jóvenes-somos-hagamos-cosas-locas, pero lo cierto es que no hemos hecho nada loco desde que la compramos: no nos hemos lanzado en paracaídas ni domado la cresta de una ola sobre una tabla de surf. Ni siquiera sabemos hacer surf, y si esquías a dos por hora tampoco vale la pena que lo grabes…

Yo entiendo que una Gopro no está hecha para grabar una mano que dibuja y que si fuera una persona acabaría en el psicólogo con un serio problema de identidad o de insatisfacción (del tipo “Yo pensaba que estaba destinado a hacer grandes cosas” o “No me siento realizado con mi trabajo”… Frases que a nuestros padres ni se les pasaban por la cabeza pero que a los de mi generación pueden sonar familiares).

Pero bueno, siempre es mejor que estar en un cajón, no? Así que he cogido la Gopro, la he atado a un palo que he atado a una cuerda que he atado a una barra que está enganchada al techo de la buhardilla. Y así, en un equilibrio precario sobre la hoja de papel, con la tecnología en mi contra (siempre está en mi contra) y con una mesa improvisada con una tabla de madera sobre dos carritos de Ikea (con ruedas, así es más loco) como soporte, empiezo.

Este es el primer experimento, la historia de la tarta Pavlova que preparé para celebrar mi cumpleaños este fin de semana. Las fotos de la tarta no son muy buenas porque en casa de mis padres la luz es rara y el público no era muy paciente pero estaba deliciosa, crujiente por fuera y húmeda por dentro, un poco como una nube pero menos chiclosa. La nata en general no me gusta pero no sé porqué en esta tarta es fundamental y un poco de fruta fresca cierra el círculo mágico.

Espero que os guste! Cual será el próximo video? Ni yo misma lo sè 🙂

(Para ver mejor este video, clica sobre la ruedita de youtube (en la parte baja del video a la derecha y selecciona 720p HD!)

Ingredientes (receta de bbc good food

  • 4 claras de huevo
  • 250 gramos de azúcar glasé (azúcar normal pasado por el molinillo del café)
  • Una cucharada de vinagre blanco
  • Una cucharada de maicena
  • Unas gotas de extracto de vainilla
  • 350 ml de nata de montar
  • Fruta fresca 300-500 gramos: kiwi, fresas, frambuesas, piña…

Para esta receta hacen falta varillas de montar o un robot tipo Kenwood con la aplicación de montar

Pasos:

  • Poner a calentar el horno a 130-150 grados en modalidad “ventilador”
  • Separar las yemas de las claras de cuatro huevos
  • Poner las claras en el recipiente para montar (grande) y empezar a batir a velocidad alta-media

Pavlova making of

  • Cuando las claras empiecen a subir y a hacer mucha espuma, añadir poco a poco el azúcar a cucharadas y seguir montando. Añadir la cucharada de maicena y el vinagre y seguir montando. En algún sitio he visto que se pueden mezclar el vinagre y la maicena por separado para formar una pasta antes de añadirlo a las claras pero la verdad es que yo no lo hice y salió bien
  • Seguir montando hasta que las claras tengan una consistencia muy blanca y brillante y se formen picos al levantar las varillas
  • Poner un papel encerado sobre una bandeja de horno y dibujar un círculo. Colocar delicadamente el merengue sobre el círculo y formar un pequeño surco en el centro
  • Meter en el horno a media altura. Si después de unos 10-20 minutos se empieza a colorear (de un ligero color rosado) y la superficie ya se ha solidificado, se puede cubrir con papel Albal apoyado delicadamente encima sin aplastar. De este modo el merengue no se dorará más
  • Cocer en el horno durante una hora y pasado ese tiempo, dejar enfriar dentro del horno durante al menos media hora más. Luego sacar del horno para que termine de enfriarse fuera otro ratito
  • Montar la nata con dos cucharadas de azúcar glacé (hay que montarla hasta que la nata esté espumosa y consistente pero no pasarse: si empiezan a marcarse las varillas hay que parar (el siguiente paso es que se formen lineas amarillas y luego… mantequilla!)
  • Colocar la nata delicadamente en el centro del merengue y decorar con unos trozos de fruta fresca por encima. Hay versiones americanas que añaden además mermelada, siropes, coulis por encima pero, la verdad, no creo que haga falta. Esta tarta está buena así: fresca y ligera, un juego maravilloso de consistencias crujientes y cremosas y un dulzor sutil, enjoy!

Merengue listo para hornear

4 versiones de la quiche lorraine – Julio en Madrid

Un trocito de quiche
Llevo tres días en Madrid y tengo la piel como un lagarto, tardo 10 minutos en despegar los ojos por la mañana y mi nariz ha sucumbido al efecto del aire acondicionado más la sequedad de las noches… ahì lo dejo sin dar más detalles :). Quién me lo iba a decir a mí, pero echo un poquito de menos la humedad de Milán!

Además, a lo tonto a lo tonto, entre planes y recados, llevo tres días dando vueltas por la ciudad. Parece una locura, andar paseando por Madrid a finales de Julio y en cambio ha sido un momento de maravilloso reencuentro. Emocionadita me tienes Madrid, porque no consigues ser inhóspita ni aunque lo intentes. Alguien te concibió bien (ilustres hombres del 800, me imagino) y te has sabido mantener con orgullo.

Y es que Madrid ofrece siempre un lado de la calle por el que caminar a la sombra, a la de los edificios balconados o los arboles tupidos, y los rayos de sol brillan verdosos colàndose entre las hojas o reflejàndose en los cerrajes. Se camina bien por las aceras anchas, sobre el suelo de piedra seco y caliente y por las aceras estrechas corre siempre una brisa benévola, con voluntad de refrescar aunque a veces más que refrescar temple.

Esta ultima receta la preparé en Milan antes de irme (quería asegurarme de que mi novio tenía algo con lo que alimentarse al menos durante los tres primeros días de soledad) pero he acabado usandola para hablar de Madrid. Y no es desacertado porque en Madrid la llevo preparando años, en miles de variantes para fiestas, cumpleaños, cenas o excursiones… Y siempre se acaba, siempre está buena, sin pretensiones pero sin fallo.

quiche de salchicha y alcachofas

Ingredientes:

La base:

  • Una base de masa brisé, redonda o cuadrada. A mí me gusta más que el hojaldre porque es menos pesada y grasienta
  • 4-5 huevos, depende del tamaño de los huevos y del molde que hay que rellenar. No cambia casi el resultado final
  • 1 brick pequeño de nata de cocina (200 ml)
  • 1 puñado de queso emmenthal rallado (nunca lo he pesado, soy un desastre, pero es lo que cabe en una mano un poco abierta)
  • Un chorrito de leche (aligera la mezcla)
  • Nuez moscada rallada en abundancia (soy una fan incondicional)
  • Pimienta negra rallada, también en abundancia
  • Un pellizco de sal
  • Un poco de parmesano rallado para espolvorear por encima

Para el sabor, cuatro posibles versiones:

Quiche de bacon y espinacas

  • 150 gramos Bacon en lonchas o cubitos, también se puede hacer mitad mitad con pavo y bacon friéndolos en la misma sartén (el pavo cogerà el sabor del bacon) o solo con pavo (màs ligera)
  • 100 gramos de espinacas

Quiche de bacon, pavo y champignones

  • 50 gramos de bacon en cubitos
  • 100 gramos de pavo en cubitos o trocitos. Salteando juntos el bacon y el pavo, el pavo coge sabor a bacon y aunque la quiche està màs ligera, tiene mucho sabor
  • 100 gramos de champiñones (mejor de esos en conserva en aceite, condimentados con un poco de tomillo y orégano)
  • Media cebolla dorada pequeña (opcional)

Quiche de quesos y nueces (no he encontrado las fotos de la ultima vez)

  • 100 gramos de Gorgonzola u otro queso azul
  • 100 gramos de nueces

Quiche de salchicha de carne, sola o con alcachofa

  • 100 gramos de salchicha de carne (muy rica la que està aromatizada con hinojo)
  • 100 gramos de corazones de alcachofa en conserva de aceite
  • Media cebolla dorada pequeña (opcional)

Quiche de bacon y espinacas

Pasos:

  • Poner a calentar el horno a 180 grados, calor inferior y colocar la bandeja del horno en el piso más bajo.
  • En una olla o sartén, poner un chorrito de aceite y sofreír a fuego medio un cuarto de cebolla dorada picada en trocitos pequeños. Cuando esté doradita y transparente, apartar en un platito.
  • En la misma sartén caliente a fuego fuerte y sin añadir aceite, poner el bacon en trocitos (o el pavo para una versión más light o una mezcla de los dos para una versión intermedia) y cocinar hasta que esté ligeramente dorado y haya perdido el agua. Escurrir el exceso de grasa derretida (con un poco de papel de cocina inclinando la sartén o pasando el bacon por un colador).
  • Añadir la cebolla al bacon en la sartén escurrida y los condimentos que se quiera (las espinacas frescas o descongeladas, los champiñones…). Cocinándolos por separado y juntándolos al final se evita que los demás ingredientes absorban la grase del bacon volvièndose más pesados.
  • Dorar un minuto los tres ingredientes juntos (bacon o pavo o salchicha, cebolla, champiñones, espinacas, alcachofas…) y dejar enfriar en la sartèn.
  • En un cuenco grande, mezclar muy bien los 4-5 huevos con la nata, el chorrito de leche, el pugnado de emmenthal y los condimentos (sal, pimienta y nuez moscada). Hay que probar, aunque dé grima el huevo crudo, tiene que estar salado y sabroso pero sin pasarse porque aùn falta el bacon.
  • Añadir la mitad del condimento sofrito a la mezcla de huevo y remover bien
  • Abrir el paquete de masa brisa y extenderlo sobre una fuente redonda o cuadrada dejando por debajo el papel parafinado. También se puede quitar el papel, de este modo la masa se pega mejor a los bordes de la fuente (mejor para cocinarse) y no hay mucho problema para desmoldar si se espera un poco a que se enfríe. Yo lo suelo dejar por comodidad. Pinchar la masa con un tenedor

Quiche recién salida del horno

  • Ahora se pueden hacer dos cosas:
    • Poner directamente en crudo la mezcla de huevo sobre la base de masa, espolvorear con el resto de sofrito por encima (esto sirve para que no se vaya todo al fondo) y añadir por encima un poco de parmesano y pimienta negra. Meter en el horno y cocer unos 10 minutos en la parte más baja del horno con calor sòlo inferior, después 10 minutos con calor inferior y superior y otros 5-10 al grill.
    • O bien, poner primero la masa sola en el horno durante 10 minutos calor superior e inferior con judias rojas por encima para que se cocine (con este metodo te aseguras que la masa no quede cruda), sacar del horno, repetir los pasos para el relleno (primero la mezcla de huevo, luego espolvorear sofrito y luego espolvorear parmesano y pimienta) y cocer 20 minutos calor superior e inferior.
  • Sacar del horno, dejar enfriar. En mi opinión como mejor este es un par de horas más tarde, cuando se asientan los sabores pero también se puede comer inmediatamente.

Buenìsima con:

Trocitos de alcachofa y salchicha que asoman

Dorada a la sal – cena romántica

Dorada a la sal jugosa, perfecta

En una ciudad cara como Milán, conseguir preparar una cena de lujo en casa por 10 euros te hace sentir increíblemente inteligente y poderoso. Llegará el viernes y te gastarás 25 euros en una hamburguesa, 20 en cócteles y otros 20 si vuelves a casa en Taxi pero esta noche, ah, esta noche has engañado al Dios del marketing y el consumismo!

También es un placer estar en casa pero no estar “casero”. Ducharse y vestirse como para salir pero no salir. Dejar la televisión apagada y encender velas. Dejar el móvil sobre alguna encimera y olvidarlo. Usar objetos especiales a los que has dado un valor apto solo para invitados (el mantel estampado a mano) y destapar la botella de Prosecco que lleva en la nevera desde la última fiesta.

Lo mejor de noches así es la sensación de ritual. La satisfacción de haber encontrado un oasis de tiempo y haberlo dedicado sin justificación aparente al puro amor propio (o amor de pareja) en vez de al Candy Crush. Así porque sí, sin fechas especiales de por medio ni buenas razones. Único objetivo: el placer, de la cena pero sobretodo de la preparación.

La dorada es perfecta para una noche así: se cocina sola, no hay que ensuciar casi nada y su sabor y textura húmeda y tersa son pura satisfacción. Es un pescado que sabe a pescado en su mejor faceta de pescado. No sé si me explico. Todo lo que necesita a su lado es un vino blanco bien frío, las patatitas calientes y el pan crujiente (unos segundos al final en el horno). Para cerrar la noche temática: un cuadrado de Lindt al toque de sal.

Cenita romàntica

Ingredientes

  • 2 doradas pequeñas
  • 1 kilo y medio de sal gorda
  • Agua en un spray (como el de las plantas)
  • 8 patatas pequeñas
  • 1 paquete de judías verdes redondas
  • Un poco de mantequilla para las patatas y las judías

Pasos

  • Comprar dos doradas pequeñas y pedir al pescadero que las limpie por dentro sin abrirlas demasiado o que las deje tal cual
  • En casa, poner a calentar el horno a 180°C (aire o calor superior e inferior)
  • Coger una bandeja grande de horno y cubrirla con una capa de sal gorda como de un centímetro y medio de grosor
  • Aplicar bastante agua con un spray sobre la sal (ayuda a que se forme una costra rígida en el horno y no una arenilla).
  • Apoyar delicadamente las doradas sobre la capa de sal. Colocar un trocito de papel albal cubriendo la tripa de cada dorada (para que no entre la sal y para mantener dentro la humedad)
  • Aplicar agua con spray sobre las doradas para que se pegue la sal.
  • Cubrir con sal gorda hasta que todo el pescado quede cubierto con una capa de un centímetro de grosor. Es importante no dejar nada al descubierto. Se pueden usar las manos y el spray de agua para ayudar a cubrir y dar forma a la sal

Dorada a la sal, making of

  • Aplicar agua con spray sobre la capa superficial de sal
  • Meter en el horno durante 35 minutos para dos doradas pequeñas.
  • Mientras, poner un cazo con agua a fuego fuerte. Cuando empiece a hervir, añadir una cucharada de sal y hervir las judías durante unos 6 minutos y las patatas unos 10 minutos (pero mejor pincharlas y sacarlas en cuanto el cuchillo o tenedor entre fácilmente pero sin deshacerse, con un poco de resistencia)
  • Sacar del horno y dejar reposar 5 minutos bajo la sal
  • Desmontar la capa de sal intentando resquebrajarla en bloques en vez de desmenuzarla. Descubrir las doradas completamente
  • Con ayuda de una pala o algo que se le parezca, abrir la dorada por la mitad desde la parte abierta (como destaparla). Identificar las zonas de espinas e intentar separarlas de una vez separándolas con la pala o cuchillo (espina central y en los laterales). Sacar los filetes limpios (evitando que toquen demasiada sal)
  • Servir tal cual, sin aliñar. Es perfecto así. Cualquier aceite o salsa invadiría el sabor que es delicado y como de pescado en el mejor sentido posible.
  • Para las judías y patatas se puede añadir en caliente un poco de mantequilla y mover para que se impregnen un poco.

Dorada a la sal