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10 cosas (distintas) que hacer en Milán y 5 recetas para recordar

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Hace tres años me fui de Madrid convencida de que pronto estaría de vuelta. Y aquí estoy otra vez. Un poco en shock, aturdida por el cambio. Dividida entre la alegría y la nostalgia de la vida que dejo en Milan (y de mi cocina que el ultimo día parecía tan triste, con lo que ella fue!). Sintiéndome muy afortunada y a la vez muy acojonada, porque los cambios dan miedo, aunque signifiquen volver a lo conocido. Quien diga lo contrario, miente.

De hecho, puede que volver a lo conocido, a tu pasado, sea más difícil si cabe. Falla el efecto sorpresa, tan útil para alimentar el entusiasmo cuando se trata de descubrir un nuevo país o conocer gente nueva. También juega en tu contra la facilidad con la que puedes recaer en viejos roles y la tentación de retroceder en el camino, perdiendo de vista la persona que quieres llegar a ser.

Lo bueno, es que en la vida volver atrás sencillamente no es posible. Aunque se quiera, y yo no quiero. Todo cambia, nosotros cambiamos, continuamente. No puedes pisar el freno y tampoco puedes apearte. Solo puedes seguir adelante y dejarte sorprender, por lo que te rodea, aquí y ahora, y por el futuro, que ninguna elucubración actual puede realmente predecir.

Así que mi objetivo para los próximos meses es dejarme sorprender. Quitarme las anteojeras, deshacerme de prejuicios y filtros y simplemente ver. Ver y vivir. Madrid. Gente conocida. Gente nueva. Hacer. Hacer cosas que no se me habían ocurrido antes. La Sierra? Nunca he estado en la Sierra. El estadio del Atleti? Porqué no. Ver y vivir. Y menos pensar, sobretodo si pensar significa juzgar.

Dicho esto (me había prometido a mí misma que este post iba a ser ligero y desenfadado), nostalgia obliga: me gustaría dejar por escrito 10 cosas distintas que hacer en Milán, la ciudad que me ha enseñado a vivir más y a juzgar menos. Algunos de estos apuntes son muy clásicos y se encuentran en cualquier guía de viajes. Otros son más íntimos y personales. Todos, creo, representan bien a esta ciudad algo incomprendida que los turistas suelen usar como puerta de entrada a Italia y poco más.

  1. Respirar profundo en Piazza Duomo. Cerrar los ojos y volver a abrirlos lentamente

Milán tiene fama de fría y oscura. Yo no la he vivido así, pero en cualquier caso, y haga el tiempo que haga, hay un lugar de la ciudad en el que la luz es siempre brillante y el aire más fresco. Es la plaza del Duomo. Algo tiene esa plaza. No sé si son las proporciones de lo construido por el hombre o alguna cualidad propia del enclave natural (campo electromagnético? feng-shui?). Probablemente sea una combinación de ambas cosas, el caso es que esta plaza tiene algo que te hace sentir bien, a un nivel profundo.

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  1. Visitar una exposición (cualquiera vale) en Palazzo Reale

Cuando vivía en Milán, era un plan trimestral obligado. Para un turista puede parecer no prioritario pero si tenéis tiempo, informaos de la exposición en curso en ese momento. Klimt, Segantini, Modigliani y los “artistas malditos”, Mucha, el Simbolismo… Todas las exposiciones a las que he ido en estos tres años han sido especiales, mágicas, fluidas. Los que allí trabajan saben lo que hacen porque cuando una exposición está bien concebida, para hacerte pensar y disfrutar, se nota, y en Palazzo Reale siempre aciertan.

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  1. Despreciar (y ser despreciado) en Via Montenapoleone

Via Montenapoleone es la calle de las compras por excelencia. Quintaesencia del esnobismo fashionista de la ciudad y lugar de concentración de grandes fortunas, a menudo heredadas o ganadas con el sudor de la frente ajena (léase marido o ex–marido). Lo mejor es ir un martes cualquiera, por la mañana, y preguntarte qué hace toda esa gente que no está en el trabajo. No tener claro si mirarles con superioridad o con inferioridad, entrar en alguna tienda fingiendo que te sientes cómodo y experimentar lo que es sentirse completamente fuera de lugar.

  1. Descubrir patios, el secreto mejor guardado de Milan

En qué se parecen Milán y Andalucía? Pues en poco, supongo aunque si tuviera que pensar en algo, sería en el amor por los patios internos. Si en Andalucía es un amor exhibicionista, en Milan, mucho más acorde con el espíritu del norte, es un amor más íntimo y huraño pero no por ello menos maravilloso. Y es que detrás de las duras fachadas Mussolinianas del centro y de las deliciosas fachadas Liberty residenciales se esconden auténticos tesoros de vegetación boyante, forjados de capricho y encajes de ladrillo y piedra. Para poder disfrutarlos basta estar atento, a un portón que se abre para dejar pasar un coche o a una verja que si caminas rápido te pasará inadvertida.

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  1. Torticolis “vintage” en el Planetario

Entre el centro de Milan y porta Venezia, se extiende el parque Indro Montanelli, un parque de finales del s. XVIII y uno de los primeros parques urbanos concebidos para fines puramente recreativos. Mi lugar preferido del parque es el planetario. Desde fuera, tiene ese aura atemporal que caracteriza a los edificios con cúpula, tipo panteón. Por dentro, ofrece una experiencia surrealista: un cielo proyectado con maquinaria del s. XIX, un narrador (vivo) y unas sillas giratorias de madera ancladas al suelo que harían las delicias de un anticuario pero que claramente no están concebidas para mirar hacia el techo durante 50 minutos.

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  1. Descifrar a Leonardo da Vinci en la dársena y los Navigli

Llegamos a mi zona! Los Navigli o canales, el Naviglio Grande y el Naviglio Pavese y su punto de encuentro en la dársena de XXIV Maggio. Milán se asienta sobre una zona pantanosa por lo que la gestión del agua siempre ha sido clave para la ciudad. En la actualidad, muchos cursos de agua han sido enterrados (de ahí que la red de metro sea tan mala y que haya tan pocos garajes subterráneos en la ciudad) pero dos permanecen en la superficie, gestionados por un sistema que diseñó el mismísimo Leonardo da Vinci. Esta zona es famosa por su vida nocturna aunque a mí cuando más me gusta es el sábado por la mañana en un día soleado, cuando los hipsters aún duermen la fiesta de la noche anterior y yo me tomo un bagel mientras miro el agua correr

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  1. Ir a Stazione Centrale, aunque no te haga falta

Uno de mis lugares favoritos de Milán en absoluto. Las estaciones de tren en general tienen algo que los aeropuertos nunca tendrán. Un romanticismo melancólico y atemporal. Una magia de cruce de caminos. En esta estación, todo el poderío totalitarista y la mejor arquitectura se ponen al servicio de este romanticismo. Para mì es algo grandioso, conmovedor. Si quieres aprovechar que estás ahí para ir a algún sitio, ve a Bérgamo, la ciudad alta. Una joya medieval a medio camino entre las montañas y la llanura padana que domina orgullosa toda la zona desde la colina.

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  1. Tumbarse en la hierba siempre verde y fresca de los parques (Sempione, Ravizza, Montanelli… cualquiera vale) 

Algo que impresiona de Milan a una madrileña como yo es lo verde que es. La ciudad tiene fama de “gris” y hasta un cierto punto es cierto, sobre todo en el centro, donde reinan los grandes bloques de granito fascista. Pero también es una ciudad húmeda y de clima templado, perfecta para cualquier tipo de planta. Por eso, los balcones suelen ser una explosión de color y los parques son verdes verdísimos, con hierba alta y blandita en la que tumbarse a leer, a comer algo o simplemente a echarse una siesta.

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  1. Encontrar la tumba más antigua del Cimitero Monumentale

No sé si lo mío con los cementerios es algo patológico o si le pasa a más gente. A mí me gusta visitarlos, con respeto, dedicando un momento a imaginar las vidas de gente que vivió antes que yo. Me ayuda a relativizar, a entender lo grandes y lo pequeños que somos en realidad. El cementerio más espectacular que he visto en este sentido es el Père Lachaise de Parìs pero il Cimitero Monumentale de Milan no se queda atrás, con sus esculturas del periodo Liberty, plañideras eternas de maridos que construyeron la cara industrial y burguesa de la ciudad desde mediados del siglo XIX.

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  1. Odiar Via Torino excepto por el trampantojo de Andrea Mantegna (si, existían los trampantojos antes del tomate de Top Chef) 

Quien visita Milán debe saber que la ciudad no fue concebida para alojar a un millón y medio de habitantes y aún menos sus respectivos coches. Milán tiene un tráfico horrendo, una planta a forma de estrellas multicèntricas y un tejido de semáforos que definiría como sádico. Por eso, en Milan yo iba casi siempre a piè o en bici y cada vez que iba al centro pasaba por Via Torino, una especie de Gran Vìa de Madrid reducida a un tercio del tamaño. Un infierno vayas como vayas. Aunque como cualquier rincón de Italia, esconde tesoros para el caminante con tiempo, como la iglesia de Santa Maria presso San Satiro y su trampatojo con el que Mantegna supliò la falta de espacio con creatividad.

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(esta foto no es mìa, tenìa una demasiado oscura asì que lo ha cogido de aquì)

Y para acompañar “il tutto” y cerrar este post eterno: cinco recetas de entre tiempo que de un modo u otro han marcado mi paso por Milan: 

  1. Pasta con flores de calabacìn y anchoas. Una de las primeras recetas que me preparò mi novio en nuestra casita milanesa, preparada con flores del mercado
  2. Lasagna de calabacín y salchicha. Porque en Milan descubrí las salsas “in bianco” y porque echaré mucho de menos las salchichas frescas con hinojo de mi carnicero de barrio
  3. La sopa de pasta y albóndigas, que me recordarà siempre lo bonito que es hacer amigos nuevos en una nueva ciudad y que parezcan de toda la vida. Espero de verdad que sean para toda la vida.
  4. Las alitas de pollo y las hamburguesas. Representan otro tipo de amistad: los amigos de mi novio y su familia, que siempre me piden estas alitas. Me recuerdan lo bonito que es llegar a querer tanto a gente a la que empezaste queriendo por compromiso.
  5. Por ùltimo, el tiramisù, que para mi simboliza el momento en el que decidì hacer un master y pararme un momento a pensar. Sìmbolo de cambios, y de buenos cambios. 

Bon appétit!

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Calabaza – O porqué un expat nunca podrá ser feliz del todo… o si?

Calabaza piacentina

Una de las fortunas de nuestra generación es todo lo que podemos viajar. Cuanto más viajamos, cuanto más viajan los demás, más ganas tenemos de movernos y de conocer. Casi con ansia, como todo lo que hacemos ultimamente. Necesitados de vivir y de vivir mucho… o al menos de vivir tanto como parece que viven los demás. Y esta claro que viajar es maravilloso. Te permite experimentar otras culturas, descubrir nuevos lugares y probar olores y sabores que los documentales te roban (o te ahorran), atrapados tras la pantalla.

Pero que pasa cuando te vas a vivir a otro lugar? Porque viajar es fácil. Te cuece, y te enriquece y luego vuelves a tu sofá y a tu rutina, mecido por el placentero e inocuo recuerdo del viaje. Irse a vivir a otro lugar, en cambio, ya sea por espíritu de aventura o por necesidad, es todo menos inocuo. Y placentero? Pues depende, pero pocas cosas dan tanto vértigo como un apartamento vacío, una vida en cajas y una tarjeta SIM de móvil que sabes que no te va a servir de nada allá donde diriges tus pasos.

En ese momento lo peligroso parece soltar amarras y tener que empezar desde cero. Aún no sabes que lo verdaderamente peligroso es que te amarrarás de nuevo. Porque estamos hechos para sobrevivir, supongo, y en cuanto soltamos una vida nos aferramos a una nueva, con uñas y dientes. Por eso, más pronto que tarde, descubres con cierta sorpresa que eres otra vez feliz. Te faltan cosas que creías imprescindibles, y aun así eres feliz. Lo peor? Que tienes cosas nuevas sin las cuales ya no sabes vivir.

Condenado a estar por siempre dividido, lo más normal es que te pases todo tu tiempo de expatriado alabando a tu tierra madre, con una nostalgia que empieza siendo muy real y acaba convirtiéndose en una coletilla resobada que repites por inercia. Hasta que. Quizás. Podrías. Se presente. La verdadera. Posibilidad de volver! Y entonces el vértigo que te invade es aún mayor. Porque echar a volar y descubrirte feliz por el camino es una cosa, pero volver atrás? Eso es algo muy distinto.

Acaso puedes volver y llevarte contigo todo lo que ahora es para ti imprescindible? Se puede volver a ser feliz, por ejemplo, sin la apacible vida de provincia a dos pasos de Milán que has aprendido a amar? Sin la devota omnipresencia de la comida en mesas y conversaciones? Sin los productos de esta tierra, que entre mar y mar, húmeda y generosa, regala variedad a cambio del esfuerzo justo y un amor incondicional? Sin este país que muta cada 100 metros, henchido de un orgullo localista maravillosamente miope…

Supongo que no. Y supongo que si. Que no te podrás llevar nada más que tus recuerdos y una nostalgia que cargará tus conversaciones durante meses. Al principio será muy real, hasta convertirse poco a poco en una coletilla resobada. Y supongo que si, que serás feliz de nuevo. Aferrado a tu amarra. Nueva o vieja, qué mas da. Lo importante es agarrarse fuerte… Eso si, que una reunión de trabajo se transforme en un festín, o poder comprarte una calabaza durante un viaje de trabajo, meterla en el maletero de tu jefe y que a todos les parezca muy normal… eso en España no pasa… o si? 😉

Una reunión de trabajo en Italia

Calabaza (Piacentina) al horno

  • Una calabaza entera, o media o un cuarto (yo la compré una entera de 3 kilos… para dos es una barbaridad, acabé regalando un trozo)
  • Salvia (del jardín de mi jefe)
  • Aceite de oliva
  • Sal y pimienta

Pasos

  • Precalentar el horno a 180 grados, calor inferior y superior
  • Cortar la calabaza y pelarla, sin llevarse una mano por delante. Para conseguirlo, lo mejor es que te la corten en la fruterìa. O si no, utilizar un cuchillo de sierra o uno tipo machete bueno. Intentar cortar un primer trozo grande para que puedas apoyar el resto sobre una base firme. A partir de ahì, es cuestiòn de ir cortando rodajas con paciencia y con los dedos lejos del cuchillo. Pelarla en cambio es muy fácil, basta apoyar una rodaja sobre la tabla y pasar el cuchillo por el borde de arriba hacia abajo digamos “tangencialmente” al trozo de calabaza

  • Embadurnar una bandeja de horno con aceite de oliva.
  • Colocar los gajos de calabaza y espolvorearlos con sal y pimienta molida
  • Esparcir hojitas de salvia por los trozos de calabaza frotando un poquito
  • Hornear durante mas o menos media hora, hasta que este dorada, casi quemada por algunas partes y blanda pero sin desfondarse (a mitad cocción es conveniente sacar la bandeja del horno y girar los trozos, quizás añadiendo un poco màs de aceite)
  • Comer caliente (està brutal recièn horneada) o usarla para preparar una crema de calabaza o como relleno para raviolis (tal cual, triturando la pulpa con un poco de parmesano y un poco de pimienta) o como topping sobre un cracker con queso cremoso para llevarse al trabajo

Semillas de calabaza 

Con las semillas de la calabaza se pueden preparar semillas tostadas. Son un poco laboriosas pero están buenas. Si no las quemas claro.Yo las prepareé y las probé a los 10 minutos de horneado. Estaban buenas. Luego decidì dejarlas un rato màs en el horno, me puse a ver la tele y media hora después me dì cuenta de que las habìa carbonizado 🙂 De ahì que no haya fotos…

  • Hay que lavarlas bien con agua fría hasta que pierdan toda la pulpa
  • Después, se dejan entre 8 horas y 24 en un bol de agua saturada de sal (esto sirve no solo para salarlas sino también para quitarles amargor o algo así)
  • Antes de hornearlas, precalentar el horno a 180 grados, aire,
  • Distribuir las semillas sobre una bandeja de horno sin sobreponerlas
  • Hornear durante 10 minutos, màs o menos (a partir de los 10 minutos, sacar una y probar)

Calabaza al horno y pepitas tostadas

Paleo brownie de calabaza

Esta receta es un buen modo para dar salida a un poco de calabaza cuando ya no sabes qué hacer con ella. Es un postre sano y light. Sin azúcar, sin mantequilla y sin harinas refinadas. He de decir que para lo sano que es está bueno y es un desayuno bastante satisfactorio con un buen vaso de leche fría. Pero que nadie se espere un brownie guarro y decadente, claro…

  • 3/4 cup purè de calabaza (lo ideal es pulpa hervida o al horno y triturada, yo la trituré cruda con el aceite pero sabe màs a verdura)
  • 1 cup de chocolate para postres
  • 1/3 cup de pepitas de chocolate
  • 1/2 cup aceite de coco (o de girasol)
  • 3 huevos
  • 3 cucharadas de miel o sirope de agave
  • 1/4 cup harina de coco y 1/4 cup de harina de almendra (o 1/2 cup de harina normal)
  • 1 cucharada de levadura
  • Un poco de vainilla (en semillas, o en concentrado)
  • Un pellizco de sal
  • Opcional: 1/2 cup de nueces en trocitos

Pasos: 

  • Precalentar el horno a 180 grados calor superior e inferior
  • Derretir el chocolate al bagno marìa junto con el aceite (al bagno marìa quiere decir colocando un cazo con un poco de agua sobre el fuego, colocar un bol sobre el cazo (sin que el agua pueda entrar en el bol!) y derretir poco a poco el chocolate dentro del bol con el calor del vapor que se forma debajo
  • En un cuenco grande, mezclar la calabaza, la miel, los huevos, la vainilla y el chocolate derretido
  • Con un colador, espolvorear las harinas sobre la mezcla junto con la levadura y el pellizco de sal (si pasan por el colador, si no mezclar directamente intentando que no se formen grumos)
  • Añadir los trocitos de nuez y las pepitas de chocolate
  • Verter la mezcla (que es bastante lìquida) en un molde cuadrado engrasado con un poco de aceite o en moldes
  • Hornear durantes unos 25-30 minutos para el molde grande y unos 20 para los moldes pequeñ   os (se puede comprobar la cocción pinchando en el centro con un palillo de madera. El palillo debe salir brillante pero no pegajoso)

Paleo brownie de calabaza

Costillas con anís estrellado – fiestas en el jardín

 Costillas de cerdo con anìs

El jardín a oscuras, tan a oscuras que no se distinguían elementos o distancias sino multitud de tonalidades de negro. El negro rojizo de las azaleas que crecían contra la pared norte. El negro claro de las piedras dibujando un caminito sobre la hierba negra. El negro azulado del agua en la piscina.

Llegaban hasta el jardín los ruidos educados de un barrio residencial en verano. Conversaciones animadas y el eco de suelas de sandalia paseando al fresco calle arriba y calle abajo, al otro lado de la pared de arbustos. Me imaginaba a los paseantes curioseando por los huequillos, al otro lado, preguntándose como sería mi jardín a oscuras.

Entonces, el ruido mecánico y sordo de circuitos eléctricos, un viaje de cables que partían de la caja de fusibles y viajaban bajo la hierba negra. Y el jardín entero resplandecía con el reflejo azulado e irreal de la piscina encendida, increíblemente brillante por la potencia un poco excesiva de los focos sumergidos bajo el agua. Empezaba así la fiesta. Una de tantas.

Recuerdo estas fiestas como borracheras. Ebria de estímulos: de azúcares y grasas, de la cafeína de las cocacolas y el olor ahumado de la barbacoa, de música noventera un poco distorsionada por el volumen demasiado alto. Recuerdo muchas caras que me sonreían, invitados que me dedicaban unos minutos de conversación, divertidos. Yo tenía unos 10 años, mis hermanas y sus amigos rondaban los veinte.

En esas fiestas de mis hermanas se comían muchas cosas (en mi casa siempre se ha comido mucho) pero por algún motivo recuerdo sólo y por encima de todo el olor exótico y dulzón del anís estrellado. Impregnando el día desde por la mañana: anís en el cajón de las especias, anís en las manos de mi hermana que masajeaba las costillas, anís en el aire azul brillante del jardín por la noche. Anís que me sabe aùn hoy a infancia emocionante.

Costillas con anìs making of

Ingredientes para 4 personas

  • Un kilo y medio de costillas de cerdo de calidad (se puede pedir al carnicero que las corte). También se pueden desgrasar un poco si hay partes con mucha grasa
  • Medio vaso de aceite
  • 5 cucharadas de salsa de soja
  • Medio vaso de estrellas de anís estrellado o badiana
  • 2 cucharadas de postre de jengibre en polvo
  • Una cucharada de miel

Para esta receta hacen falta por lo menos 6 horas (al menos 4 de macerado y un par de cocina)

Estas costillas están buenísimas con arroz basmati (Poniendo en un cazo el arroz a tostar un par de minutos sin nada, añandiendo el doble de agua que de arroz, salando y dejando hervir a fuego lento con la tapa casi cerrada y sin remover. En 10 minutos, el agua se evapora, hay que probar y si el arroz está casi pero queda un pelìn de humedad, dejar tapado con fuego apagado otros 5 minutos. Si está un poco pasado: sacar del cazo y dejar enfriar en un cuenco. Si le falta, añadir un chorrito de agua y dejar cocinar otro par de minutos más el reposo con fuego apagado de otros cinco. Riquìsimo con un par de semillas de cardamomo en el agua)

Pasos:

  • Poner las costillas limpiadas y cortadas en una bandeja de horno profunda
  • En un mortero o en un molinillo de café moler las estrellas de anís hasta que se forme un polvo con algunos trocitos un poco más enteros
  • En un cuenco, mezclar el aceite, la soja, el jengibre, el anís y la miel hasta que todo se disuelva junto
  • Con las manos, embadurnar las costillas con la mezcla de especias por todos los lados. Colocar en la fuente de horno y cubrir bien con papel film (importante para que todo el olor se quede atrapado y además no invada la nevera)
  • Dejar reposar en la nevera al menos 4 horas pero mejor si es todo el dìa o toda una noche
  • Calentar el horno a 180 grados calor superior e inferior o aire caliente
  • Colocar las costillas bien separadas entre sì (en la misma bandeja o en otra si no caben). Hornear durante unos 20 minutos con papel albal por encima y otros 20 minutos destapadas. En esta fase se pueden dar la vuelta a mitad cocción (después de 10 minutos destapadas) para que se doren por el otro lado
  • Si se preparan en la barbacoa el proceso es parecido, unos 40 minutos dando la vuelta a las costillas una vez para que se caramelicen por los dos lados y poniéndolas en la parte externa de la parrilla para que no se quemen demasiado
  • Comer calientes o frías, están buenísimas de cualquier forma

Anìs estrellado o badiana

Minientrada – Mis patatas fritas preferidas

Riquísimas patatas fritas
He aquí las patatas fritas estrella de mi hermana Marina, conocida también por sus costillas con anís estrellado (paciencia, paciencia) y el mejor arroz basmati. Hace tiempo hice un post sobre filetes con patatas y me gané sus críticas porque no estaban a la altura. Las había hecho rápido y sin pensar así que reconozco mi error y aquí están las buenas.

Las preparé para mis sobrinas a la vuelta de las clases de surf (clases de surf… en fin, yo a su edad paseaba muñecas, pero este es otro tema) y quedaron crujientitas y sabrosas. El truco (por darle un poco de bombo y misterio a la cosa) es el corte fino y el salado en crudo acompañado de un masajito. Pero vamos, por decir algo…

Buen verano!

Ingredientes:

  • Una patata grande por persona
  • Aceite de oliva de calidad media, suficiente para cubrir un dedo y medio o dos de la sartén
  • Sal

Pasos:

  • Pelar las patatas
  • Cortarlas en sentido transversal en rodajas finas, como de 2-3 milímetros con un cuchillo bueno. Mi preferido es el cuchillo ancho con mellas redondas que corta genial apoyando la punta en la tabla y dejándola bajar sobre la patata
  • Cortar las rodajas de patata en tiras finas con el mismo cuchillo, dejándolo caer rápidamente sobre las rodajas y moviendo cada vez un poquito hacia la izquierda
  • Salar las patatas cortadas con un buen pellizco de sal e impregnarlas con un masaje de manos
  • Calentar el aceite a una temperatura de 9/10, echar una patata para comprobar que el aceite está suficientemente caliente. Estará listo cuando se hagan de inmediato muchísimas burbujas en torno a la patata
  • Echar las patatas al aceite para que cubran toda la sartén pero sin superponerse demasiado entre ellas (cuanto más se superponen, menos crujientes y más blandas y aceitosas quedan… a veces están ricas así!)
  • Dejar unos 30 segundos a temperatura fuerte
  • Bajar el fuego a 7/10, dejar unos dos minutos redistribuyendo un poco las patatas si hace falta
  • Cuando las patatas pierdan blancura y estén blandas al tocar con la espumadera o empiecen a dorarse (depende de la temperatura del aceite), subir el fuego a 9/10 otra vez para un ultimo dorado de un minuto
  • Sacar del aceite con una espumadera y escurrir un poco en una fuente con papel

Filete con patatas, otra vez

4 versiones de la quiche lorraine – Julio en Madrid

Un trocito de quiche
Llevo tres días en Madrid y tengo la piel como un lagarto, tardo 10 minutos en despegar los ojos por la mañana y mi nariz ha sucumbido al efecto del aire acondicionado más la sequedad de las noches… ahì lo dejo sin dar más detalles :). Quién me lo iba a decir a mí, pero echo un poquito de menos la humedad de Milán!

Además, a lo tonto a lo tonto, entre planes y recados, llevo tres días dando vueltas por la ciudad. Parece una locura, andar paseando por Madrid a finales de Julio y en cambio ha sido un momento de maravilloso reencuentro. Emocionadita me tienes Madrid, porque no consigues ser inhóspita ni aunque lo intentes. Alguien te concibió bien (ilustres hombres del 800, me imagino) y te has sabido mantener con orgullo.

Y es que Madrid ofrece siempre un lado de la calle por el que caminar a la sombra, a la de los edificios balconados o los arboles tupidos, y los rayos de sol brillan verdosos colàndose entre las hojas o reflejàndose en los cerrajes. Se camina bien por las aceras anchas, sobre el suelo de piedra seco y caliente y por las aceras estrechas corre siempre una brisa benévola, con voluntad de refrescar aunque a veces más que refrescar temple.

Esta ultima receta la preparé en Milan antes de irme (quería asegurarme de que mi novio tenía algo con lo que alimentarse al menos durante los tres primeros días de soledad) pero he acabado usandola para hablar de Madrid. Y no es desacertado porque en Madrid la llevo preparando años, en miles de variantes para fiestas, cumpleaños, cenas o excursiones… Y siempre se acaba, siempre está buena, sin pretensiones pero sin fallo.

quiche de salchicha y alcachofas

Ingredientes:

La base:

  • Una base de masa brisé, redonda o cuadrada. A mí me gusta más que el hojaldre porque es menos pesada y grasienta
  • 4-5 huevos, depende del tamaño de los huevos y del molde que hay que rellenar. No cambia casi el resultado final
  • 1 brick pequeño de nata de cocina (200 ml)
  • 1 puñado de queso emmenthal rallado (nunca lo he pesado, soy un desastre, pero es lo que cabe en una mano un poco abierta)
  • Un chorrito de leche (aligera la mezcla)
  • Nuez moscada rallada en abundancia (soy una fan incondicional)
  • Pimienta negra rallada, también en abundancia
  • Un pellizco de sal
  • Un poco de parmesano rallado para espolvorear por encima

Para el sabor, cuatro posibles versiones:

Quiche de bacon y espinacas

  • 150 gramos Bacon en lonchas o cubitos, también se puede hacer mitad mitad con pavo y bacon friéndolos en la misma sartén (el pavo cogerà el sabor del bacon) o solo con pavo (màs ligera)
  • 100 gramos de espinacas

Quiche de bacon, pavo y champignones

  • 50 gramos de bacon en cubitos
  • 100 gramos de pavo en cubitos o trocitos. Salteando juntos el bacon y el pavo, el pavo coge sabor a bacon y aunque la quiche està màs ligera, tiene mucho sabor
  • 100 gramos de champiñones (mejor de esos en conserva en aceite, condimentados con un poco de tomillo y orégano)
  • Media cebolla dorada pequeña (opcional)

Quiche de quesos y nueces (no he encontrado las fotos de la ultima vez)

  • 100 gramos de Gorgonzola u otro queso azul
  • 100 gramos de nueces

Quiche de salchicha de carne, sola o con alcachofa

  • 100 gramos de salchicha de carne (muy rica la que està aromatizada con hinojo)
  • 100 gramos de corazones de alcachofa en conserva de aceite
  • Media cebolla dorada pequeña (opcional)

Quiche de bacon y espinacas

Pasos:

  • Poner a calentar el horno a 180 grados, calor inferior y colocar la bandeja del horno en el piso más bajo.
  • En una olla o sartén, poner un chorrito de aceite y sofreír a fuego medio un cuarto de cebolla dorada picada en trocitos pequeños. Cuando esté doradita y transparente, apartar en un platito.
  • En la misma sartén caliente a fuego fuerte y sin añadir aceite, poner el bacon en trocitos (o el pavo para una versión más light o una mezcla de los dos para una versión intermedia) y cocinar hasta que esté ligeramente dorado y haya perdido el agua. Escurrir el exceso de grasa derretida (con un poco de papel de cocina inclinando la sartén o pasando el bacon por un colador).
  • Añadir la cebolla al bacon en la sartén escurrida y los condimentos que se quiera (las espinacas frescas o descongeladas, los champiñones…). Cocinándolos por separado y juntándolos al final se evita que los demás ingredientes absorban la grase del bacon volvièndose más pesados.
  • Dorar un minuto los tres ingredientes juntos (bacon o pavo o salchicha, cebolla, champiñones, espinacas, alcachofas…) y dejar enfriar en la sartèn.
  • En un cuenco grande, mezclar muy bien los 4-5 huevos con la nata, el chorrito de leche, el pugnado de emmenthal y los condimentos (sal, pimienta y nuez moscada). Hay que probar, aunque dé grima el huevo crudo, tiene que estar salado y sabroso pero sin pasarse porque aùn falta el bacon.
  • Añadir la mitad del condimento sofrito a la mezcla de huevo y remover bien
  • Abrir el paquete de masa brisa y extenderlo sobre una fuente redonda o cuadrada dejando por debajo el papel parafinado. También se puede quitar el papel, de este modo la masa se pega mejor a los bordes de la fuente (mejor para cocinarse) y no hay mucho problema para desmoldar si se espera un poco a que se enfríe. Yo lo suelo dejar por comodidad. Pinchar la masa con un tenedor

Quiche recién salida del horno

  • Ahora se pueden hacer dos cosas:
    • Poner directamente en crudo la mezcla de huevo sobre la base de masa, espolvorear con el resto de sofrito por encima (esto sirve para que no se vaya todo al fondo) y añadir por encima un poco de parmesano y pimienta negra. Meter en el horno y cocer unos 10 minutos en la parte más baja del horno con calor sòlo inferior, después 10 minutos con calor inferior y superior y otros 5-10 al grill.
    • O bien, poner primero la masa sola en el horno durante 10 minutos calor superior e inferior con judias rojas por encima para que se cocine (con este metodo te aseguras que la masa no quede cruda), sacar del horno, repetir los pasos para el relleno (primero la mezcla de huevo, luego espolvorear sofrito y luego espolvorear parmesano y pimienta) y cocer 20 minutos calor superior e inferior.
  • Sacar del horno, dejar enfriar. En mi opinión como mejor este es un par de horas más tarde, cuando se asientan los sabores pero también se puede comer inmediatamente.

Buenìsima con:

Trocitos de alcachofa y salchicha que asoman